martes, 6 de agosto de 2019

EL CONCEPTO DE NATURALEZA II. Alfred North Whitehead






Parece un escolio de índole esotérico. Sorprende el orden formidable de los elementos que componen la realidad.
La tierra, el aire, el agua, el fuego y la materia, y finalmente el éter, se relacionan en sucesión directa en lo que afecta a sus caracteres postulados de sustratos últimos de la naturaleza.... La tierra, el fuego y el agua de la filosofía jónica y los elementos dotados de forma del Timeo pueden compararse con la materia y el éter de la doctrina científica moderna. 



 Whitehead  precisa de modo luminoso.
No es la sustancia la que está en el espacio, sino los atributos. Lo que encontramos en el espacio es el rojo de la rosa, el olor del jazmín y el ruido del cañón. Todos hemos dicho a nuestros dentistas dónde nos duelen los dientes. Así, el espacio no es una relación entre sustancias, sino entre atributos. 



Concepto dinámico e integrador de la materia. Una materia que ya no es un fragmento inerte, aunque quizás sí un fragmento de inercias. La materia como todo vertiginoso.
Si la materia ocupa una duración de tiempo, la materia total ocupa cada una de las partes de esta duración. En un instante, distintos volúmenes de espacio están ocupados por distintos trozos de materia. Según esto, no hay aquí dificultad intrínseca en concebir el espacio como el resultado meramente de las relaciones entre trozos de materia. Pero en el tiempo uni-dimensional, el mismo trozo de materia ocupa distintas posiciones de tiempo. 



Aclaración más que puntual.
Hay cosas que  percibimos como los colores, que no son atributos de la materia sino que son percibidos por nosotros como si fueran tales atributos. La exposición moderna de la naturaleza no es, como debería ser, una mera exposición de lo que la mente conoce de la naturaleza, sino que se confunde con una exposición de lo que la naturaleza es para la mente. 


A Whitehead le molesta que la naturaleza sea objeto de bifurcaciones que den lugar a realidades distintas de lo mismo, pero admite que una cosa son los electrones, objeto de la física especulativa, y otra, los juegos de la mente como la conjetura y los sueños. Entonces, precisa:
No puede darse explicación del porqué del conocimiento; únicamente podemos describir el contenido del conocimiento. La naturaleza causal es una quimera metafísica; aunque se da la necesidad de una metafísica cuya finalidad trasciende los límites de la naturaleza.



Aparece aquí un concepto novedoso y muy suculento, que intelectuales posteriores han aprovechado bien, dedicándose a una suerte de dinámica exégesis de su alcance y significado. Guilles Deleuze no hace otra cosa en su obra “La lógica del sentido” que utilizar el concepto de “acontecimiento” en sus más variadas posiciones y reflejos para exponer su idea del funcionamiento de la realidad y del tiempo.  
Mi propia opinión del tiempo y del espacio. Me esforzaré por mostrar que son abstracciones de elementos naturales más concretos, a saber, de acontecimientos 


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