viernes, 20 de septiembre de 2019


CUADERNILLO TRASCENDENTE




Si no te despides del escribir, si no se atenúa esa pasión es que tu implicarte es ya duradero, es que entiendes que a través de la escritura puedes dar un testimonio específico sobre determinadas cosas, que en la palabras se aloja una memoria que reclama ser relatada.


Que lo cuasi furtivo sea un orden del sentir: militar en la pasión filosófica de la palabra….


El que San Juan de La Cruz escribiera su famoso poema La noche oscura en prisión, es decir, en un lugar opuesto radicalmente a toda comodidad, a la esperanza y al bienestar físico, parece escenificar el conocido enfrentamiento de los grandes principios opuestos. Concibo, imagino o alcanzo un estado de bendición, un estado místico en condiciones literalmente opuestas, desde la desolación de una cárcel. Esta situación anímico-espacial me hace recordar algo anecdótico pero creo, significativo: cuando alguien que ha tenido un accidente o ha sufrido el ataque de algún criminal y se encuentra herido de gravedad y abandonado, y, súbitamente, experimenta un insólito bienestar y una intensa luz le rodea como queriendo rescatarle de la muerte. San juan de la cruz, en las tinieblas de la prisión espera un veredicto definitivo y emprende la tarea de sumirse en un estado anímico de signo absolutamente opuesto al que se encuentra realmente.  




Inteligente frase de Santa Teresita del Niño Jesús y mirada audaz de la santa en esta imagen,  afirmándose orgullosamente. La frase indica la inexistencia de contradicciones en su vida, la limpidez de su decisión de llevar una vida contemplativa y distanciarse de lo mundano. Felizmente y para fastidio de mortales envidiosos, ella cuenta con la secreta complicidad del mismísimo Dios.




Estoy releyendo a René Char, las Rubayat de Omar Kayham y corrigiendo la obra poética de un amigo ya fallecido, Miguel Ruiz, que vamos a publicar unos amigos, y deleitándome en las palabras de cada uno, en la poesía de cada autor, compruebo con gozo que cada obra instaura un mundo que ni niega ni colisiona con el mundo de los otros. Todos son soberanos. Cada libro me comunica un mundo lingüísticamente autosuficiente,  me promete un mundo de belleza, de plenitud y ese mundo ocupa la tierra sin que esta se sature ni se produzcan enfrentamientos territoriales ni semánticos. No son mundos autistas pues han integrado la diferencia a través de la experiencia del amor, del dolor y del pensamiento. Pero sus universos propios se me revelan legítimos representantes del mundo.




Hasta que no aparecen Jung o Freud, nadie habló con tanta propiedad, de modo tan específico del inconsciente y sus problemas, aunque el concepto no escapara del conocimiento de médicos, poetas y filósofos anteriores en el tiempo. Del mismo modo, hay horizontes, piélagos que están por descubrir o por decirse, que esperan su representante discusivo, su especialista, su vidente. ¿Cómo será la cultura en el año 3500? Si hoy el mundo virtual ha integrado la desmaterialización del mundo sustituyéndolo por una representación pura que no cuenta con la realidad sino que construye una propia,  qué tipo de dinámica ostentarán los modos y las formas culturales, qué despliegue será el de lo real, de qué naturaleza será, si existe como tal, la representación?

Paseo por las calles de Orihuela tras el desastre de la riada de este año. Barro, polvo, montones de enseres y basura a las puertas de las casas, y unas pérdidas que económicamente se cifran en miles de millones de euros. ¿Es este un arrasamiento gratuito de la naturaleza; se puede sacar del acontecimiento algún tipo de moraleja, de enseñanza oculta; se adivina tras este caos la presencia elusiva de la divinidad, o todo no ha sido sino efecto del puro azar? Los vecinos coinciden en que lo más reseñable ha sido el comportamiento de los ciudadanos y su solidaridad. Salvo este relato, no es posible otro. Sin el factor humano, la tormenta, que puede ser bestial o leve, es sólo tormenta. Y si hablamos de una tierra destinada por la meteorología ya estamos construyendo un relato e instituyendo causas productoras. Hay que aceptar esta desolación: estamos solos ante lo que nos pueda ocurrir, es decir, que sólo nosotros, o sólo a través nuestro se crea el sentido de las cosas. Los momentos difíciles que han vivido las personas afectadas, las anécdotas a la hora de efectuar los ejercicios de salvación por parte de policías, bomberos, ejército, son lo que arroja sentido, es decir, emotividad a lo que, de otro modo,  no sería sino un transcurso de cuerpos y agua en la memoria turbia de la tierra. ¿Nos están viendo los ángeles, los espíritus del más allá, los extraterrestres? Estamos solos ante el súbito abismo y al mismo tiempo, formamos la máxima presencia. Somos nuestra esperanza.          


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