5.5.21

DIARIOS A DIARIO



Diario de duelo. Mary Shelley 

El diario de Mary Shelley, la creadora de Frankestein, transcurre con notas más bien escuetas y cotidianas sobre su vida en común con el poeta Percy Shelley: paseos, viajes, huidas de la familia y de los acreedores. Hasta ahí, las notas poseen un relativo interés. Es a partir de la muerte del escritor, cuando Mary se queda viuda y sola ante el mundo, cuando el texto adquiere una altura dramática y confesional impactante. Estas vibrantes páginas son apenas las últimas treinta de este fragmentario diario, pero son unas páginas estremecedoras de gran lirismo y lucidez moral. La muerte de Percy Shelley supone para la novelista la soledad sentimental y cuasi la aniquilación espiritual. Mary Shelley reconoce lo que ha vivido con tanta intensidad junto a su marido, y lo que le queda ahora es una densa memoria de hechos en un espacio vital desértico ya de  novedades personales e íntimas. Apenas le resta la creatividad intelectual. Con la muerte de Shelley, se acabaron también las aventuras que hicieron de la vida de ambos una rareza en sus entornos familiares y les procuraron tanta felicidad.  Sobre el trepidante signo dual de la empresa de vivir y su convivencia vertiginosa con Shelley, Mary nos dice: Ser intrépido es una cualidad del diablo, la felicidad es un atributo de los ángeles: compartimos ambas naturalezas.    


 

 

André Gide. Diarios 1887-1910 

Por fin se publican íntegros los diarios de André Gide, secuenciados en tres volúmenes. Este es el primero de ellos, que recoge la juventud y primer período adulto. Mucho se ha escrito y polemizado sobre la figura de Gide, sobre su atractivo intelectual y literario así como sobre los aspectos más secretos y morbosos de su personalidad: bisexualidad, homosexualidad, querencia manifiesta por jóvenes y casi niños que buscaba, como hacían todos sus paisanos franceses de la época que adolecían de la misma pasión prohibida, por determinados lugares de Marruecos…  Personalmente me interesan los dos primeros volúmenes por los mundos literarios que atraviesan, períodos modernistas, simbolistas, decadentes, contactando significativamente con las primeras figuras de las letras del orbe europeo. Gide es en su juventud un poeta vitalista que ostenta lecturas de primer orden. Se siente atravesado de todas las imposibilidades místico-amorosas de su edad. A esa hipersensibilidad se suma la gravedad espiritual de una educación protestante que le obliga a sufrir todos los desasosiegos de la sensualidad en búsqueda de una definición del alma en acorde con los modelos aprendidos. Tales modelos fluctúan en la agitada experiencia interior de alguien que se siente poeta pero que adaptará su inventiva a la prosa como reflejo de las nuevas realidades vividas. La edición de estos diarios es impecable, incluso algo saturante: las notas aclaratorias son infinitas. Ningún dato, nombre, persona o anécdota ha escapado al repaso de los editores.    

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