jueves, 21 de julio de 2022

EL SILENCIO QUE CONVIVE CON LA ESTACIÓN



Recuerdo hace un par de años a un chico que frente al Corte Inglés, en Murcia, en plena gran Vía, portaba un cartel que decía, más o menos, pues no recuerdo con exactitud: ¿Qué os parecería si la Gran Vía fuese cortada en dos? El chico protestaba contra la barrera abierta entre la estación de trenes y el barrio de enfrente, que quedaba con las obras de soterramiento, totalmente aislado de la ciudad, siendo Murcia, también.

Aquel chico me estremeció un poco porque estaba completamente solo en su protesta y tenía toda la razón en esgrimir aquel cartel contra la conciencia de los murcianos del centro que permitían que un barrio entero de la ciudad quedara marginado, poco menos que expulsado de la propia urbe.

No sé cómo andarán en estos momentos las cosas, pero ahora que la estación ha encajonado sus nuevos  andenes paralelamente a las casas del barrio exmurciano, mientras se espera el tren, tenemos justo enfrente, a la vista,  el conjunto de viviendas sobre las que ha caído la injusta maldición de convertirse en periferia.

Debo confesar que me quedo fascinado examinando, mientras llega el cercanías, estos grupos de edificios en los que a pesar de verse alguna ventana abierta y macetas en relativo buen estado, no se detecta el más mínimo movimiento humano. Salvo en una ocasión, este mes de mayo pasado, que vi a una joven pareja con su hija en la azotea de uno de los edificios, no he sido capaz de percibir movimiento, cabeza asomándose o transeúnte fugitivo por estos desolados lares desde que la estación se acabara de ubicar donde se encuentra hoy.

Instalaciones de mantenimiento de la estación y la irónica colocación de un punto limpio se encuentran fuera de las vías, a pocos metros de las viviendas, como sus más cercanos y antipáticos vecinos.

Examino con detenimiento las ventanas, los balcones, las persianas echadas, las puertas desconchadas y los bajos en los que hubo comercio y experimento algo así como si se tratara del decorado de una película de ciencia-ficción: una lluvia radioactiva o algún tipo de pandemia han provocado la huida o la muerte de sus habitantes.

Residentes hay, claro, pero ignoro si esta sensación de desolación se corresponde a las horas en que me encuentro yo en el andén o si en efecto, un número importante de personas se han desplazado o ido de allí. Es impresionante el silencio que parece flotar como una espesura invisible sobre las casas y las pocas calles que son visibles.   

 







1 comentario:

Alberto dijo...

Buena descripción de esta triste realidad.

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