miércoles, 13 de marzo de 2024

NOTIFICACIONES NOTIFICANTES



 

 

La primera biblioteca del  mundo, según Plinio El Viejo, edificada en Roma, fue el producto de un botín de guerra. Intento no juzgar el hecho desde la ética, sino buscar otras significaciones que expliquen el bien cultural que es una biblioteca. Y me viene a la cabeza la cita de Heráclito, la guerra es el padre de todas las cosas, es decir, todo lo que signifique movimiento, conflicto, agitación tiene como consecuencia insólitas transformaciones del mundo que de otro modo, permanecería estático. Pero, claro, semejante idea es aplicable a la antigüedad. Hoy no nos hace falta asaltar países para ir haciendo una cundida biblioteca.

 

 

Siempre he visto a Borges y a Lezama Lima como las dos caras opuestas pero complementarias del dios Jano. Una cara, Borges, encarnando la voz de los clásicos; la otra, Lezama,  representando la turbamulta del verbo barroco y de los mundos posibles de lo poético.



Leyendo Las moradas de Santa Teresa. Qué efecto casi mágico, entrañable, legendario provoca este epígrafe. Hoy que ya no se dice ni habitar, ni morar, sino sólo el mero y literal vivir. La calidad en el vivir nos llevaría a consideraciones exquisitas. Morar se nos antoja demasiado lejano y etéreo, aunque yo percibo una suerte de numinosidad en ese frecuentar un lugar, en casi encarnarlo por la total integración con el espacio. ¿se puede morar en un pueblo, en una ciudad o sólo puede hacerlo ese espíritu que evolucione por sutiles confines? Habitar suena contundente, vinculado a una residencia, a una casa o mansión o pueblo concretos. Se supone el placer y el asueto en el habitar, pero parece sólo referirse a la ubicación de alguien en un espacio perfectamente delimitado, con todas las determinaciones psíquicas que ello conlleva. Vivir suena a sobrevivir. Alude al mero resistir en el mundo biológico, al conjunto de circunstancias económicas y sociales que tenemos que afrontar y soportar para ir tirando. Por lo tanto: moran las almas. Habitan los cuerpos más o menos soberanos. Viven los que sobreviven.

 

 

Cuando Santa Teresa habla de los deleites del alma experimento una suerte de liberación sorpresiva frente a la opacidad normativa del discurso ascético. Es como si al intentar someternos a cierta disciplina nos esperase como compensación mal imaginada el placer íntimo de la libertad y del bienestar moral que dan las cosas bien realizadas en harmonía con el mundo y con las personas. Esos deleites tienen que ser tal cual, es decir, deleites, no recompensas más o menos remotas y previsibles.

 


Pensando en las razones literarias, sociales, de mentalidad que pudieron producirse en la época de nuestro Siglo de Oro y que propiciaron la aparición de nuestros místicos, me pregunto. ¿Y hoy, dónde está la mística y quiénes son los místicos? ¿Es hoy la mística una mera referencia histórica en la historia de los estilos literarios? ¿Son los poetas los últimos místicos camuflados bajo una apariencia profana? ¿Es la mística sólo una práctica de escritura o puedo localizarla en las actitudes de caridad y ayuda al prójimo? ¿Cuál es la función secreta de las órdenes religiosas de clausura, está la iglesia más presente en las formas artísticas que en escenificaciones  oficiales? ¿Se pueden rastrear intenciones místicas en las redes sociales?

 

 

La escritora, filosofa, ensayista  y psicoanalista Julia Kristeva afirmó que llevaba más de veinte años entrando y saliendo de la obra mística de Santa Teresa sin acabar de descifrar su misterio. Es decir, que no cesaba de encontrar razones interesantes que estudiar y considerar en la lectura de las obras de la santa. Cuando leí la notica experimenté alegría y fascinación: alegría porque una autora literaria de mi país recibiera una valoración tan alta y compleja proveniente de una intelectual seglar de primera fila; fascinación porque a ojos de una extranjera, una escritora española se revista de lecturas nuevas que faltan en los ensayistas y estudiosos de su  propio país. Como siempre, la imaginación hermenéutica puebla de nuevos horizontes nuestro mundo cultural cuyo estado algunos listillos juzgan en decadencia…    

 


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