miércoles, 8 de mayo de 2024

DULCES LECTURAS MOVEDIZAS




 

Habría que festejar de verdad el hecho de que todo tipo de textos, anónimos,  raros, extraños,  íntimos, con intención literaria o sin apenas la misma, hayan llegado hasta nosotros a través de los eones de la introhistoria. En esta ocasión, leo con gusto ese diario a la limón que Nataniel Hawthorne y su mujer llevaron cuando se instalaron como matrimonio reciente en el campo. Qué detalles van sumando del día a día, cómo se van indistinguiéndose las voces de cada uno en el texto. Lo que me llama la atención es la fuerza antediluviana con que lo mágico y lo tenebroso echa raíces tan pronto en los intereses y obsesiones de los norteamericanos. Esa obsesión por lo tenebroso, por la muerte, como diría Foucault. Resulta curioso cómo en el diario se detallan los aspectos fantasmagóricos que, de la mano, en este caso de Nataniel, van percibiendo: vientos que ululan fuera y se cuelan por las rendijas, crujidos extraños de las maderas de la vivienda, sombras huidizas y repentinas. Vamos, el surtido elemental de toda narración de terror y de casa encantada que las películas han representado en sus filmes y que alrededor de 1842  nuestro autor y su esposa consignaron por escrito.   

 



 Adquiero El mensaje reencontrado de Louis Catiaux. El volumen es, valga la redundancia, voluminoso pero el inteligente diseño lo hace manejable. Cómo afrontar este texto sino como una suerte de ejercicio literario.  Las cientos de páginas están articuladas en forma de aforismos-versículos, y divididos, solemnemente, en esotéricas  materias como La luz, El tiempo, la noche, etc… Este orden del texto le da al libro un aura bíblica, y casi te invita a abrir el libro por cualquier parte y leer el fragmento así captado en vez de llevar a cabo una lectura lineal y ordenada.  Hay versículos que me parecen luminosos. Otros, en los que la recurrencia a Dios me asfixia, me lleva a la confusión por la cantidad de cosas anuladas ente sí que pueden amparase bajo tal nombre. Echo de menos que en Europa ya no existan iluminados de este tipo, como Catiaux y otros, poetas que se atrevan a buscar el sentido gnóstico de este mundo asolado por el cáncer de la información, del espectáculo y del ahormamiento cultural. Y no aludo a empresas fundamentales sino a ensayar la esperanza a través de la imaginación-. En Europa ya no hay místicos como tampoco filósofos, poetas, bohemia. Y si los hay que se manifiesten de una puñetera vez.

 



Leo con entusiasmo Decir los márgenes, un libro en el que encontramos los sustanciosos diálogos entre Chantal Maillard y Muriel Chazalon. Por qué no son más frecuentes libros como este, por qué no soltamos lastre a la imaginación soberana para no sólo inventar mundos sino describir distintos modos de concebir la realidad, provocar la lucubración, la indagación ilustrada. Cuando el  pensamiento vuela, hacemos magia con la masa inerte de los datos y de las observaciones. Aquí no hay ningún dios que censure nuestros atrevimientos intelectuales. Nosotros somos la medida del mundo. Es a  través de nosotros como se dilucida el universo.

 

 

Leo el Diario veneciano de Ángel Crespo con cierta cautela. Aquellos primeros años ochenta, desde los que el poeta escribe,  se preñan de melancolía y antigua fascinación en mi memoria.  Es cuando uno creía comerse el mundo y podía hacerlo a través del arte, de la poesía, reviviendo el mensaje surrealista… Y de un modo simultáneo, en mi caso, fueron los años en los que podría haber ocurrido algo  y no ocurrió, lo cual determinó mi vida, incluso hasta hoy. Esas notas de Crespo disfrutando del encanto de Venecia, de sus callejuelas, de sus tiendas y gentes, de las delicias de los atardeceres, de arte sacro, de kilos de arte, conviviendo con traductores, escritores y otros viajeros, mientras uno deambulaba solo con veinte años cumplidos por las entonces ya tristonas calles de Orihuela….

 

 

Leo con placer el ensayo de bello nombre La dimensión tácita de Polanyi. El placer que siento al leer es proporcional a la cantidad de texto que voy entendiendo. Me parece muy interesante lo que dice Polanyi. Este autor se me antoja como el neozelandés ….. , ensayistas que han dejado en trabajos breves, ideas geniales a cerca del conocimiento, del funcionamiento del pensamiento o bien sobre el tema del tiempo. Polanyi sostiene, groso modo, que el conocimiento progresa y mejora porque ya existe una cantidad de mismo que funciona al permanecer tácitamente en nosotros. Con el tiempo, vamos asumiendo contenidos que, sin ser plenamente conscientes de los mismos, se incorporan a nuestras interpretaciones del mundo y a nuestras investigaciones. Las observaciones de Polanyi rozan la genialidad. No hay mayores ni más sustanciosos  descubrimientos intelectuales que los detectados en la superficie de los fenómenos del día a día.

 




Leo con un pelín de aburrimiento el Diario Secreto de Wittgenstein. Lo que me conmueve son sus apelaciones a la divinidad para que en el penoso trance de la guerra, el espíritu persevere y nuestro filósofo, el diarista, no se venga moralmente abajo. Wittgenstein se encuentra fuera de lugar en este escenario de guerra. Él está hecho para el pensamiento, para la delicada tarea de analizar y teorizar, no para cambiar grotescamente el mundo a base de petardos.

 

 

Releo ensayos de Borges. Como si lo leyera por primera vez. Tono del discurso: soberbio; adjetivación: de precisión automática; articulación prosística: de sobresaliente. El texto se va esculpiendo conforme la lectura avanza. El placer de leerlo se renueva como si nada, sin perder un ápice de novedad. El “nervio” del estilo borgiano  construye un texto admirable. De lo que habla Borges, se ennoblece, adquiere un sólido estatus al ser tratado con semejante estilo.   

 

Leo La inspiración y el estilo de Benet. Cómo me molestan esos estereotipos sobre la escritura de Benet. Como si a cualquier gran maestro de la literatura no pudiéramos reprocharle semejantes cuestiones. A mí me gusta lo barroco y lo complejo, las distintas maneras de narrar y de explicar. La escritura de Benet la interpreto como un reto, cuyo emprendimiento produce gratas compensaciones finales. Por otro lado, este libro no es, precisamente, de los complicados de Benet. Prima el análisis histórico sin que tienda a deslizarse por superpuestos meandros de consideraciones condicionales. Benet siempre me sorprende. Me ocurre como con Barthes o Borges, en un nivel de expresión distinto. Un ensayo o un artículo de su autoría es garantía de  calidad. Lo que también siempre me ha intrigado de Benet es la naturaleza de su inteligencia: las capacidades de la mente de un ingeniero al servicio del pensamiento y de la escritura.



1 comentario:

Alberto dijo...

Como apuntaba un cartel que animaba a la lectura: "... Hay que leer a Borges...". Curioso e interesante estos diarios de escritores. Por cierto, esa escalera de la foto me resulta familiar ;)

EMBALSE DE LA PEDRERA

De mi última visita al embalse de La Pedrera me ha sorprendido el aspecto azul turquesa de las aguas. No las recordaba con semejante color. ...