miércoles, 25 de marzo de 2026

LA LIBERTAD DE LA POESÍA. La escritura líquida de Santiago Montobbio



Creo que podríamos definir elementalmente la obra de quienes actualmente se dedican a escribir poesía como una oferta de mundos. Cualquier obra poética lo es de modo común. Y ante una oferta, el lector es libre de elegir qué motivos, ritmos e intensidades le interesan más.  Hace unos años, en España existían escuelas  poéticas, estilos de escritura que competían veladamente entre sí: la poesía de la experiencia pretendía elevarse por encima de la del silencio; las poéticas autónomas se aislaban en su personalismo, en el conjunto de sus motivos inspiratorios considerados legítimos (Guillermo Carnero); otras poéticas se ligaban a un concepto terapéutico, lenitivo de la escritura en situaciones personales límite (un Panero, por ejemplo), otras se refugiaban en las cámaras exquisitas del culturalismo… Actualmente no existe debate poético ni escuelas percibidas como tales que se encuentren en supuesta práctica beligerante. La escritura poética ha explosionado en vertientes individuales y la perspectiva de campo nos muestra como producto de semejante tesitura, una oferta tan diversa como dispersamente relevante. Tras las eclosiones teóricas, antaño tan combativas como lúcidamente asumidas, hoy nos toca, quizá, recuperar los orígenes de la experiencia poética, volver a partir de cero tras haber despejado obstáculos del camino. Es por eso que cada obra poética se nos antoje hoy como epítome de trayectorias, especulación de lo que especulaciones precedentes dejaron.  Hago esta introducción para ubicar convenientemente la obra poética de Santiago Montobbio que como oferta entre otras igual de singulares, pretendemos reseñar en las páginas virtuales de este blog.

Hasta ahora, Montobbio nos tenía acostumbrados a una articulación de los poemas desde un aquí sin término, desde un concepto del presente como fuente secretamente ubérrima y continua de la musa, de la escritura. En realidad, esto no ha cambiado en cuanto a justificar su poética: digamos que se ha asentado, al buscar un cómplice regulador del tiempo del verso, de la expresión escrita: la combinación en un mismo texto de poesía y prosa. No es un mero experimento. La libertad de la poesía, es la consecuencia franca de un concepto de escritura y de experiencia literaria que ante el afluir de la realidad poética, ante su inmediatez, el autor permite que se encarne en una escritura continua; que la poesía, como fenómeno, emerja y se componga conforme se produzca ante una sensibilidad que es la que coloca las palabras precisas a ese flujo. Montobbio vence, quizás, pudores formales, y se atreve a formular la génesis simple de su poética,  de su emprendimiento literario. En el libro que nos atañe, Montobbio, casi a modo de manifiesto personal, nos dice: El escribir en libertad  y desde una manera natural en su más absoluta radicalidad, y que es el que casi se escriba en uno, que uno sea escrito.  Que la palabra se cumpla y haga fuera de todo programa o ideación o previas concepciones, y dejar que así se haga - hágase en mí tu palabra. Escribir como quien respira.

Esta localización de la poesía tan semejante al flujo de conciencia de las novelas, justifica el paralelismo de la escritura poética con la escritura de prosa en un mismo espacio contextual en el que quedan registradas ambas: el diario. Advirtiendo la proximidad conformativa de ambos géneros bajo una misma inspiración, Montobbio pensaría que una realización literaria tan feliz como integral de la eclosión poética y la linealidad prosística  hallaría una expresión unitaria en el formato indefinidamente plástico del diario. En este, tanto la poesía como la prosa, se encontrarían totalmente diferenciadas a la vez que constituirían una sola experiencia. El diario, en tanto que es otro género literario, en definitiva, se mostraría capaz de convertirse en receptáculo de varias escrituras, de asumir en lo ilimitado de sus componentes, ambas experiencias de vida, ambas tentativas confesionales y expresivas. Un diario no determina contenidos: al revés, es el tipo de escritura lo que crea al diario. Un diario lo puede ser de registros meteorológicos o de facturas, de sueños o de partidas de ajedrez ganadas, inventario de cualquier tipo de cosa o eventos, de frustraciones amorosas o deseos abortados. En esto consiste la dinámica virtualidad del diario, en su multifacética capacidad informativa.  Aquí, en este punto, creo que existe un matiz. Acabamos de decir que La libertad de la poesía se presenta bajo los ropajes movedizos del diario, pero me parece que utiliza a este como excusa para crear otra cosa. No creo que La libertad de la poesía sea un mero diario. Montobbio ha escogido este formato para articular la complejidad específica de una experiencia literaria en la que el tiempo y su trascendencia encuentran un cauce estratégico de expresión. En La libertad de la poesía, Montobbio ha actualizado poesía y prosa en un mismo discurrir, manteniendo la autonomía competencial de cada modo de escritura. Mientras la prosa nos informa sobre aspectos de la vida diaria del autor, comenta lecturas o anécdotas y esboza reflexiones literarias, la poesía, actúa como contrapunto a las linealidades de la prosa, emprendiendo el vuelo, activando las palabras de otro modo. Se puede tener la tentación de aproximarse a la intimidad cotidiana del autor, o bien, de eludirlo escogiendo sólo las unidades sugestivas de los versos. Uno puede hacer lo que deseé, claro, pero recomiendo que intenten leer pasajes que integren ambas perspectivas y se podrá comprobar cómo la experiencia de la lectura se dimensiona notablemente de esta manera, cómo los vínculos sutiles entre el logos narrativo y la gracia poética se dejan notar, o danzan en multiplicativa confluencia. Ya dije que la obra poética es una oferta de acceso a una experiencia lingüística y emocional.

Tanto la poesía como acaso, la prosa, son virtualmente inacabables en la perspectiva de Montobbio. Y ello por el mecanismo temporal que activa su escritura: un presente que, como tal, se produce indeterminadamente y no acaba porque entonces supondría el fin de todo. Un concepto así del evento poético, una suerte de inmanentismo poético, si me permite la invención, al  extenderse en el tiempo, puede suponer períodos de mimetismo e indiferencia. Es en este punto donde quizá el lector pueda hallar una objeción a la poética de Montobbio. Si escribimos como se respira, si la poesía es un flujo diario y sin fin, si renunciamos a una escritura más formal y contenida, corremos el riesgo de producir indiferentemente y acumular texto. El problema de lo cuantitativo aparece aquí, - La libertad de la poesía sobrepasa las seiscientas páginas - confirmando el riesgo de rozar  la monotonía. Borges destacaba el carácter de artificio de la poesía. Si la poesía se escribe casi como cualquier cosa, entonces deja de ser algo excepcional. Resulta curioso comprobar cómo cada régimen de escritura articula productos bien diferentes, casi antitéticos. Una concepción desmesurada de la libertad creativa malogra o enfurruña posibilidades literarias. Recordemos uno de los objetivos del primer surrealismo: la poesía será escrita por todos. Se equivocaron de prioridad. Lo que en realidad querían decir es que la poesía sería disfrutada por cualquier persona, no escrita por cualquiera. Si fuera así, la poesía dejaría de tener sentido, se convertiría en un hosco flujo sintagmático sin fin y sin belleza.

Este viene a ser el inconveniente de propuestas como la que se deriva de esta obra de Montobbio. La liquidez, la suma plasticidad de la experiencia poética concebida como emergencia continua del instante, del ir y venir del ahora. Confieso que cuando tuve delante el volumen de Montobbio, me pareció desmesurado y pensé que de igual modo la experiencia literaria que reflejasen sus páginas sería igual de riesgosa. Pero, no, en realidad se trató de una experiencia sutil y calma, tan evocadora como tranquilamente reivindicadora de un orden y una harmonía. Recordemos que la poesía es el lenguaje de lo posible. Lo dijo, nada menos que Heidegger. Y es esta concepción de la poesía la que legitima y ampara la aventura cordial de Montobbio.

No hay comentarios:

LA LIBERTAD DE LA POESÍA. La escritura líquida de Santiago Montobbio

Creo que podríamos definir elementalmente la obra de quienes actualmente se dedican a escribir poesía como una oferta de mundos. Cualquier...