martes, 24 de marzo de 2026

LECTURA FRASEOLÓGICA DE PROCESO Y REALIDAD Alfred Norton Whitehead




Desde luego no es mi intención diseñar una reseña común, integral, sobre el libro del filósofo inglés. Concibo el texto de esta obra, como una invitación a las lecturas, a las interpretaciones giratorias y divagatorias. Este texto es una aventura intelectual, un juego de audacias sintácticas, un manojo denso de observaciones jugando a articular el cuerpo formal de una teoría totalizante y cósmica. También es algo igualmente disparatado y delirante: el ensayo de una cosmografía, mejor dicho, no el ensayo sino su formulación misma.

Un texto como este que pretende describir el conjunto de los movimientos y desenlaces que realiza el cosmos intelectual para conformarse y articularse en su ser y en el tiempo, puede presentársenos bajo la audaz forma de una copiosa anacronía, de un intento utópico de comunicar la integridad de las relaciones universales.  

Un texto como este puede seleccionarse como tratado de asignaciones y especificidades del infinito. La lectura convierte en devenir lo que no es sino el denso aparataje de un significado mayor.

¿Hay espacio en un texto como este para que fragmentos de significado pasen desapercibidos al propio texto, o se escondan en el abanico general de sus propuestas? No he pretendido entender íntegramente el libro. Me he contentado con detenerme en pasajes concretos, en conjuntos de exposiciones que como urdimbre luminosa se agitaban dentro de su formulación maestra y valían como secuencias aforísticas, como engranajes singulares de significados cruciales.

He intentado con el texto de Proceso y realidad, no enterarme de la totalidad de lo que sus párrafos contienen sino de dejarme sorprender con pasajes concretos que han sustituido a la totalidad del texto. Fulguraciones de sentido han saltado a la atención intelectiva actuando como mensajeros de un sentido sutil y profundo, como vehiculadores de fragmentos de realidad discernida.

Que los fragmentos sean o representen  la totalidad del texto filosófico no es sólo una salida retórica, posibilitando las miradas poéticas al progreso de la exposición teórica. Lo que un texto dice no se resuelve en la revelación que impacte contra la comunidad de lectores por sus novedades conceptuales. Lo que el texto dice se queda en las entrañas del texto, como las pistas infinitas en espiral de un circuito pleno de significado. De un texto notable trascienden las definiciones más sorpresivas u originales con respecto a lo que se conoce o sospecha. Las disquisiciones más analíticas, los pormenores más específicos, son esa parte que al ser leídas informan y luego son olvidadas o supuestas, convirtiéndose en  las morrallas ilustradas del texto, el polvillo del entorno que acompaña al final de la obra o que se acumula, más o menos indiferentemente, en los márgenes.

Leer un texto de este modo, ¿quiere decir que me burlo del mismo, de sus pretensiones de autoridad? No, para nada. Precisamente porque invisto el texto de Whitehead de una seriedad total y de una  lucidez vertiginosa, me atrevo a contentarme sólo con partículas de concepto, con sintagmas precisos pero no finales ni ultimadores de los párrafos para así emprender el viaje conceptual y percibir una imagen global de complejidad efectiva a partir de brechas de discurso.

Las sucursales de sentido que a través de párrafos y capítulos componen la temática emprendida son en su conjunto percibido el mensaje esencial del libro, justifican la percepción apasionada del libro como un instrumento de viajar y concebir intelectualmente. El libro como un mecano de significaciones es una definición ya conocida del hecho del libro que no obedece sino a un concepto lúdico-semiótico del conocimiento.

Leer de este modo un libro tan ambicioso como este no es evitarlo o ningunear sus pretensiones, todo lo contrario, tiende a convertir su mensaje en un ensayo infinito, convirtiendo la obra en una fuente intermitente de revelaciones oraculares y de ensortijamientos regulares de significado y propuestas, en máquina productora de proposiciones y discurso.….

 

 


LÍNEAS DE DISCERNIMIENTO.

 

Advierte Whitehead que todo cambio o acontecimiento en la naturaleza es procesual. La idea de proceso implica la de un movimiento gradual y relativo, un movimiento que con su desenlace va articulando de un modo secretamente ordenado energías y disposiciones, reajustes y dilataciones. La idea de proceso parece llevar implícita la de una racionalización de los elementos conjugables con la intención de llegar a un resultado. Aquí también podría aplicarse el término de evolución, aunque sólo fuera para designar lúdicamente a los movimientos que se desarrollasen en el seno del proceso. 

 

 



JUEGOS NO DE AGUA SINO DE VERBOS

 

La peculiaridad de un texto se evidencia en el manejo curioso, chocante de sustantivos y verbos, de adjetivos que singularizan una observación, introduciendo la observación en una casilla que marcará los episodios de un estilo, los procesos intelectivos de un autor. Whitehead me sorprendió la primera vez que lo leí. Enseguida percibí la sofisticación de sus análisis, la complejidad de su filosofía.  Esto me ayudó a esperar de los textos del autor inglés nuevas  y fascinadoras entregas de análisis ultrainteligentes. En este orden, la capacidad del lenguaje se eleva como un arma única, como un surtidor de sustancia ultraterrena.

La cuestión es que en filosofía la fascinación del lenguaje procede de la precisión, de la verdad de las observaciones. No puede haber un lenguaje que se adecue a las especificidades de lo real tan auténtico como el filosófico. Es esto, la autenticidad lo que le presta su poder de fascinación-.

En Whitehead muchas veces la belleza conceptual no radica sino en la definición profunda de lo estable, de lo superficial, de lo elemental.

A propósito del poder positivador que posee el lenguaje, Whitehead  escribe: cierto es que en el lenguaje es donde mejor queda expresado el general consenso de la humanidad acerca de los hechos experimentados.

Es decir, el lenguaje es herramienta y lugar de verificación.

La filosofía es el gran útil de la filosofía. Y si llegamos a la locura de la clasificación de síntomas, conductas o biologías, es sólo porque a través del lenguaje se nos hace más accesible una comprensión de la complejidad de la naturaleza.

 




LO QUE SIGNIFICA DECIR ESTO Y AQUELLO

 

No hay hechos autosuficientes flotando en la no entidad.

Sin contextualizar minuciosamente, esta frase parece librarnos de cierto peso, de la presencia más a menos sospechada, más o menos fantasmagórica, de un ente sin formular. Parece querer decirnos que nada se articula fuera de una conciencia mínima de nosotros y de los que nos rodea. Nada que pueda ser significante se construye en el vacío y amenaza con obligar a nuestras mentes a calcular una dimensión movediza que incluso pueda influenciar nuestras actitudes u operaciones prácticas. Lo que soberanamente se conforma lo hace a través de un proceso de cuyos episodios debemos tener noticia. No hay pues conformaciones de vida independientemente de las conceptuadas y existentes en las leyes de la naturaleza.

 

 

TANTEO LIBRE

 

Whitehead afirma que no hay nada comparable al lenguaje a la hora de formalizar y dilucidar acuerdos con respecto a la naturaleza de algo que les afecte. Pero el otro lado  la practicidad del mismo obliga a que su eficacia dependa de los contextos en los que se articula, ya que como herramienta extraordinaria, sus aplicaciones comunicativas se realizan en circunstancias concretas de exposiciones y especificidades ambientales.

 

La naturaleza para Whitehead es un dinamismo complejo pero unitario. No hay zonas de desconexión o de ajenidad esencial. El denso y largo proceso que activa y es la naturaleza excluye de su realización profunda y real la existencia de compartimentos estancos en la creación. Podría parecer una observación muy en acorde con las ideas expresadas en los grandes mitos sobre el universo, pero se trata de una determinación extraída de la observación experimental. La completud de la palabra no dice la extensión del universo: es la realidad fractal infinitamente conjuntada la que refleja la unidad de un sustantivo cuya dinamicidad consiste en una relación de nexos.  Whitehead menciona el carácter finalmente fallido del racionalismo como sistema verificador de hechos. El racionalismo, en este ámbito tan técnico y específico puede aportar toda la densidad lógica de su aparataje, pero no por ello se convierte en la máquina confirmadora que la ciencia va buscando. De acuerdo. El racionalismo puede interesarme ocasionalmente. Pero fuera del espacio de competencia que Whitehead reclama para la investigación, yo sí creo que la razón pueda ilustrar los tramos más abruptos de la vida y sus evoluciones en torno a los intereses más humanos. Racionalismo, bueno. Razón, totalmente. Pues como los mismos griegos ya afirmaban, la razón no es un aparato estático sino que va creciendo con el tiempo y las experiencias humanas. El concepto de razón que debiéramos manejar, preferentemente, se aproximaría a las plasticidades perceptivas e imaginativas de la poesía, tal y como una María Zambrano expuso en sus obras. Y además, podemos adjuntarle a sus soberanos modos, el aporte preciso y luminoso de la intuición.





TODO FLUYE Y TODO PERMANECE

 

Según Whitehead, esta es la clave de la filosofía occidental, la dilucidación de la aparente paradoja: todo fluye y todo permanece, la sístole y la diástole de todo movimiento vital, el eje fundamental sobre el que se articula el enigma doble de  lo que existe. A veces el conjunto de datos constatados sobre  lo que permanece bajo el aluvión de los distintos fenómenos, constituye un documento suficiente que localiza pasajes de realidad que emergen regularmente, confirmando una suerte de eterno retorno de cosas conformando un mundo. El otro gran fragmento del universo que fluye y constantemente se trasviste de apariencias sucesivas y contrarias, que conforme aparecen,  desaparecen, no contraría la entidad intelectual de lo supuestamente estable. Del mismo modo que podríamos afirmar que el tiempo no existe, pues la sola experiencia del presente, del éxtasis amoroso o del vuelo estético parecen modificar las servidumbres de la finitud; o bien,   considerar que, efectivamente, que el tiempo sí existe al consultar con la memoria, la historia, y nuestra propia experiencia que nos remitiría a percepciones de  la infancia, la afirmación que hace converger la definición de lo que permanece en este mundo y la que lo hace sobre lo que se metamorfosea o desaparece, no tiene por qué provocar el desasosiego de la contradicción, pues cada concepto es de proyección autónoma y ofrecen además, un furtivo índice de complementariedades. Lo que comporta el fenómeno universal del tiempo sobre todo ente o criatura, no supone la cancelación de alguno de sus pasajes. Los que desaparecen según el curso del tiempo y de la historia se registran como componentes negativos que facilitaron el progreso de otros hechos universales del gran proceso cósmico.   

 



 DINÁMICAS DE LA DESCRIPCIÓN CONCEPTUAL

 

Lo que me resulta curioso de Whitehead es que siendo un filósofo de la ciencia, arriesgue notablemente en la expresión escrita cuando lo que pretende explicar es complejo. Y Whitehead habita con regularidad el ámbito de lo complejo. Es cierto que el mismo Whitehead afirma que uno de los mayores poderes del hombre es el de la palabra. Con la palabra nos expresamos, nos comunicamos, realizamos obras literarias, filosóficas, analizamos el mundo, le ponemos nombre a las cosas que a partir de tal bautismo van a formar parte del mundo sistematizado y emocional.

Lo que también me parece sorpresivo es que observo similitudes expositivas o lingüísticas entre la escritura teórica de Whitehead y las elocuentes expresiones filosófico-verbales de Deleuze. En realidad tampoco es tan extraño, teniendo en cuenta lo que ambos autores intentan desentrañar: combinaciones espacio-temporales complejas actuando y configurando la realidad. Cuando en la Lógica del sentido Deleuze pone en marcha los motores para demostrarnos la red de relaciones que componen las articulaciones del significado, o Whitehead, en esta obra que comento, Proceso y realidad, nos habla de las ubicaciones representacionales que definen a la Divinidad en una asunción de la totalidad, ambos filósofos logran emprender una carrera de obstáculos sólo franqueada por el virtuosismo estilístico incluso retórico que poseen.

Whitehead, al idear expresiones que describan la realidad de un sujeto moviéndose por el espacio y el tiempo se apoya en la geometría y es ahí que ofrece curiosas semejanzas con la construcción de sentido que Deleuze aborda. 

Cuando estos dos autores describen el desenlace del tiempo en sus escenarios más generales y complejos, la perspectiva, el lenguaje utilizado, la tónica estilística es muy parecidos, o coincidentes, incluso en algunos pasajes, resultan sorpresivamente idénticos.

Whitehead, aunque no excluye los elementos o esconces más comunes imbricados en la complejidad, planea con tranquila meticulosidad entre la espesa información que no solo maneja sino que ha sabido extraer y ubicar en un plano formal.

Para mí, tanto Deleuze como Whitehead son productores de alta literatura. Mucho antes de conocer el revelador dicho de Borges sobre la obra de San Agustín, aquello tan sorpresivo de que los grandes teólogos o filósofos debieran ser considerados como autores de literatura fantástica, siempre he consumido filosofía como si fuera el género literario más suntuoso y singular, en las mismas plásticas coordenadas que la poesía. No se trata de una mistificación o de una interpretación frívola. Siempre he disfrutado con los libros de filosofía, degustando las frondas conceptuales cuya exposición minuciosa me ha parecido el don supremo de los que ostentamos el logos en nuestras obras. El placer de la lectura filosófica reside en aquello que decía Sijé, lo de la pasión crítica. Es con ella como accedemos con placer a las cámaras conceptuales para, a continuación, fascinarnos con el rosario verbal que los filósofos hayan escogido para delinear sus resultados cognoscitivos. Es un todo que se efectúa del mismo modo: gozar leyendo, gozar disfrutando.

La poesía también accede a los misterios del ser, pero en la proa filosófica lo emocionante es que el vuelo verbal es sustituido por las dinamicidades de la elocuencia y que desde ese espacio llano, el razonamiento hace surgir estratos y fallas convulsivas, racimos adjetivales, frondas analíticas, unidades vertiginosas al lado de copiosos exámenes en busca de las resoluciones que giran en sus vainas formales y camuflajes.

Sin terminar de leer el libro entero, y sabiendo lo que esperaba al final, me precipité a descubrir qué misterio cenital y elusivo nos comunicaría, qué convergencias revelaban el puesto de las cosas en el universo. Sin alaracas, el final de Proceso y realidad nos habla de que Divinidad y universo se adecúan entre ellos, que ambos forman parte de un mismo movimiento que asume y encarna períodos de complejidades y respectivos grados de irrigación conformadora. Hay cierta funcionalidad en esta descripción final, pero la coherencia filosófica de tales figuras en el paisaje anfractuoso descrito por Whitehead es innegable.

 

 



LÍNEAS DE DISCERNIMIENTO TECTÓNICO-BIOLÓGICAS

 

Perdóneseme el atrevimiento: del mismo modo que para mí el tiempo no existe y sí existe, simultáneamente, Whitehead afirma que el nudo gordiano de la metafísica consiste en identificar el misterio que supone el que todo fluya y se transforme conjuntamente, que existen cosas que perduran, que bajo la cáscara perceptible de la metamorfosis, continúan allí como motivo, como tema filosófico, como implicación ética, como eje de la vida.

Pero antes que nada, Whitehead afirma que todo en la naturaleza es de carácter procesual. El proceso indica que todo elemento vital se coordinará y se relacionará con otros para permitir el avance y creación de la vida, que no existe nada que haya aparecido en el mundo para no modificarse o al menos, no relacionarse con sus consiguientes contextos. Si hay periodos en la naturaleza hostiles a lo vivo, aunque ello alcance un grado extremo, terminará por dar paso a una transformación o a un renacimiento de lo estancado o destruido.

Podemos acusar sofisticaciones en lo puramente teórico, pero el nivel de complejidad actuante en los diversos estratos de la naturaleza es formalmente comprobable tanto por los presupuestos científicos convertidos en protocolo de investigación, como por el razonamiento capaz de considerar los puntos elusivos de los que parte el magma de las conexiones y relaciones.

 



EL ORIGEN DE LAS HORAS

Todo ser viviente transiciona. Es más, la transición es el fenómeno que constata la diversidad en formación, la configuración de lo viviente. La transición global certifica el movimiento de lo vivo hacia sus destinos varios. Las transiciones internas se refieren a la conformación individual de cada ser viviente en relación a su propio cuerpo. Una definición sutil del motor del cambio universal, es la alusión al tiempo: la transición es el originarse del presente conforme a la potencia del pasado. Es decir, en tanto que el concepto de transición informa sobre la historia del sujeto, este atesora como realización en su persona y memoria, la acción propia de lo efectivamente realizado ligado indiscutiblemente al progreso vital: el volumen de acción del pasado inmediato. El presente se hace gracias a lo que acaba de hacerse y le permite dar el siguiente paso, es decir, el pasado es lo que acaba de efectuarse en mis competencias vitales y que al empujarme hacia adelante se convierte en pasado inmediato. Mi percepción clara del entorno, ahora se ha hecho posible por las acciones implicadas en mi ser que al ser ejecutadas e ir a incorporarse en mí como información y estímulo, se hace pasado ya con respecto al estado actual real. El presente es contrario a toda conformación estática o definitiva. El presente está atravesado de fibras de pasado metamorfoseándose continuamente en presente al ser aceptadas por la conciencia.  

 


TRIZAMIENTOS VERBALES

A lo largo del texto, Whitehead va desarrollando algunos conceptos que pretenden especificar y clarificar en lo posible, contenidos muy concretos relativos a la naturaleza transformativa de los sujetos y las cosas. Conceptos como concrescencia, hacen alusión a estos aspectos, y aunque parezcan invención de Whitehead, ya pueden rastrearse sus rudimentos en autores filosóficos de varios siglos atrás. A mí son precisamente estos conceptos los que veo más prescindibles si no se asumen dinámicamente al inicio de las exposiciones Ante la lucidez e inteligibilidad de algunos pasajes que afirman cosas generales pero importantes, estos conceptos explicativos de los procesos concretos resultan inoportunos, demasiado teóricos incluso para un inglés. Es explicable: si no integras un término nuevo al grueso teórico que vas manejando, tal término solo orbitará ocasionalmente en la lectura, cuando no, tenderá a desaparecer ante otras invocaciones más inteligibles.

Una obra filosófica implica un texto en el que las diferentes ideas o sistemas se encuentren convenientemente descritos. Pero de tales obras, lo más concluyente termina siendo lo más característico, lo que logra resumirse en una definición, concepto o idea. Y no me refiero sólo a la memoria común o a las pretensiones del vulgo, sino también para una cierta memoria de élite. Las consecuencias de conocer o ignorar lo que significa la concrescencia, por ejemplo, son poca cosa ante lo que el filósofo se atreve a afirmar al inicio de uno de los capítulos:

No hay nada en el mundo real que sea meramente un hecho inerte. Toda realidad está para sentir: promueve la sensación y es sentida. Tampoco hay nada que pertenezca únicamente a la privacidad del sentir de una actualidad individual. Toda génesis es privada. Pero lo así generado se extiende públicamente por todo el mundo.

La libertad y soberanía de toda existencia se prologa aquí, aclarando la relacionabilidad de todo hecho con otros o con el contorno, al tiempo que se afirma la imposibilidad de que cualquier acontecer o cosa fluctúe en los límites estrictos de una sensibilidad individual, que tal acontecer o cosa pertenezca exclusivamente al reducido ámbito de una individualidad existente. La soberanía de lo que les ocurre a los vivientes radica en el hecho de que si bien las percepciones del mundo se elaboran y dilucidan en la sensibilidad del sujeto, el resultado de tal proceso interno acaba siendo manifestado a los entornos vivenciales, hallando una difusión y direccionándose hacia la representación general, lo que acabará por normalizar e integrar la suma de las percepciones del sujeto como memoria común.    

   


INDICACIONES PUNTUALES

 

Típica expresión de Deleuze enunciada por Whitehead: una molécula es un itinerario histórico de ocasiones actuales, y dicho itinerario es un “acontecimiento”. La imaginación del francés asomó en el pasado a través de la ocurrente mentalidad de un barbilampiño inglés. Sin comentarios.

 

Indiscutible y enunciador de la no condición del universo en sus evoluciones performativas: El mundo es autocreativo.

 

Aproximándonos a la patafísica por lo chocante y complejo de lo obvio: la extensión, aparte de su espacialización y temporalización, es aquel sistema general que proporciona la capacidad para que muchos objetos puedan soldarse dentro de la unidad real de una misma experiencia.

 

O bien: Dios es el órgano de la innovación, que tiende a la intensificación.  

 


 

NO EXISTE LO QUE NO SE BUSCA…

Soñé esta frase hace unos años y casi no tuve necesidad de apuntarla: su contundencia tanto conceptual como enunciativamente onírica, impactaron con incisiva sorpresa en la memoria. La evoco en medio de esta multi-irrigación filosófica y terminológica, a propósito de la capacidad germinativo-conceptual del hombre, a propósito de lo que es posible dirimir, analizar, describir del universo que nos rodea y somos. Alguna vez he dudado de la inocuidad de la invención conceptual, de la inutilidad o espectralidad que hay o conforma un libro. Pero constatar la exquisitez racional, la belleza intelectual que integra un texto, no hace sino maravillarme de las realidades que somos capaces de detectar y de las que tenemos que dar alcance. Y es increíble que ante vidas humanas extraordinariamente limitadas por la pobreza o la enfermedad, la riqueza conceptual que brota de una obra filosófica o literaria, confirme la enormidad de la misión de justicia y harmonía que debemos realizar.     

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