sábado, 25 de abril de 2026

MENSAJE SOÑADO MÁS FALSO QUE EL SUEÑO QUE LO COMUNICA







Me suele ocurrir cuando tras estar un rato leyendo, me entra sueño y comienzo a dar algún que otro cabezazo. Entonces, de pronto, me entra en la memoria, en la conciencia, como irrumpiendo precipitadamente, una imagen alusiva a lo que estoy leyendo, pero cuya característica alarmante es que proviene del pasado. Lo que me asusta es que se trate de algo más o menos relevante, y que se haya quedado olvidado en algún rincón del espacio sin haber sido percibida o descubierta. La imagen en sí, en lo que respecta a su apariencia puede presentarse, más o menos, como cualquier cosa. Pero de lo que no hay duda es de su vínculo con lo que estaba leyendo hasta hace unos segundos. Se me pasa la observación de que tal imagen o alusión más o menos formal,  - puede ser un conjunto humano, una música, un objeto - no es un recuerdo que de pronto, emerja súbitamente y yo lo reconozca de inmediato: se trata de un contenido soñado. Es decir, lo relativo al texto que leía, es un sueño. Lo desconcertante es que apenas me detengo a examinar este presunto nexo del pasado con lo que estaba leyendo, para averiguar qué tiene que ver con los contenidos del texto, la cosa, fijada en mi atención ahora, experimenta una suerte de vibración descompositiva y se me revela la verdad del asunto: tal referencia del pasado con mi texto no es tal, ni existe ni es antigua. No es que haya soñado con una fantasmada, sino que tal alusión soñada a mi texto, desaparece, inexiste, es borrada del espacio y del tiempo, y es un espectro lo que de tal cosa queda en mi memoria. Lo que experimento, entonces, es una suerte de fascinación, porque lo soñado se presentaba como revelación de un aspecto secreto relativo a lo que estaba leyendo, descubierto por mi inconsciente o por mi razón, y ahora, súbitamente, asisto a, más que a su falsedad, a su irrealidad.  La sensación de fascinación es doble, pues ya un sueño, es algo no exactamente real, y encima, lo comunicado por tal sueño, es falso. ¿Qué es más irreal: el sueño como evento, o lo que este relata? Es una cuestión pantanosa, como vulgarmente se diría. En mi recuerdo, no olvido la relevancia de aquella referencia con el texto, es decir, la recepción de dicha referencia desde el punto de vista informativo prevalece sobre el medio - un sueño - a través del que tal referencia llega a mi conocimiento. Nos movemos por los campos pegajosos de la tautología: un sueño, que es algo irreal me miente sobre lo que presuntamente me dice. Pero el DETALLE no es que lo que refiera  brumosamente el sueño sea falso sino que su antigüedad no sea tal. La antigüedad pareciera aquí la naturaleza más importante del caso. No es antigua la referencia al texto, desaparece ipso facto. Independientemente de las dilucidaciones varias de esta ensoñación, lo que más me impacta, y que hace recordar las impresiones de la muerte, es la constatación alucinada de que lo que existía, con el añadido peculiar de que había permanecido ignorado en el pasado, es decir, con esta carga intrigante sobre su identidad, de pronto, no exista. No que sea falso o equívoco, sino que en un movimiento simple, en un abrir y cerrar los ojos, haya ingresado en la más perfecta nada.

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