miércoles, 22 de abril de 2026

VOLVER DE SÍ



Tras el arrasamiento de las fiestas, recuperando un instante de lucidez, de nuevo (¿de nuevo?) estoy aquí, frente a la página en blanco, con ganas de marcar un territorio mínimo a través de la escritura. ¿Vendrá un día que ya no regrese a la normalidad? La desvinculación de la vida me provoca una tortura horrorosa, pero sobre este asunto, nada puedo decir, ni acudir a terapias ni hacer uso de confidentes. Me he acostumbrado a vivir mal, a vivir erróneamente. Y el único pecado verdadero que he cometido ha sido la pérdida inmensa de tiempo. Menos mal que allí fuera, en el exterior, donde la gente pasea, festeja, se saluda, se inicia de nuevo, el eterno retorno: de rostros, de días luminosos, de entusiasmos renovados. 



Lecturas a borbotones en estos días de caricias primaverales: Bergson, Jordi Doce, Deleuze, Lezama Lima, Gómez de Liaño, Jenaro Talens, Lord Byron.... Parapetos fulgurantes contra las inercias del tiempo y la desolación. 



La vida se hace indefendible sin un mínimo dominio sobre ella. Frase, creo, de Antonin Artaud. 


No sigo ningún camino. Es la escritura la que articula itinerarios. 


Vuelvo a leer la poesía de Jhon Asbhery y me vuelve a encantar, sin lograr desmadejar lo que dice. Qué es la poesía de este hombre: una eclosión verbal, un anecdotario más o menos sintetizado o sofisticado, un sobrevuelo de acontecimientos superficiales que después, se vuelven relevantes, una sucesión de climas o de microclimas en los que se refugian hechos delicuescentes, un tornasolamiento de palabras que regresa a la imaginación  de la que proceden sin más? 

 


Estoy leyendo, entre un montón de otros libros, Las confesiones de San Agustín. Lo que me sorprende de este texto es la fuerza, la pasión, la contundencia con que el Doctor de la Iglesia, manifiesta lo que son para nosotros, los grandes motivos, diría, los estereotipos del cristianismo. Cómo es que en una época tan temprana del cristianismo, San Agustín expone ya, con claridad meridiana, los grandes contenidos de la fe. Para diferenciarse con la mayor especificidad de la espiritualidad profana del pasado, como consecuencia de una asunción apasionada de los principios cristianos. Me doy cuenta, leyendo estas palabras de la originalidad que supuso el cristianismo, de su carácter de acontecimiento, de su justificación como inicio de la historia y de la nueva espiritualidad que trajo consigo. De hecho, la historia de nuestra cultura está ligada de modo ineludible,  al cristianismo. Este es el movimiento de vanguardia que ha impulsado nuestra aventura en el planeta.


Los poetas debieran dar un discurso o tener una intervención en el Congreso de los Diputados,tras cada ciertos períodos. Si Las Cortes son el habitáculo nacional de la palabra, los poetas debieran poder exponer sus razones de cuidadores del lenguaje y de la memoria, alternando la densidad de sus intervenciones, con exposiciones de carácter más práctico, social o económico. De este modo, los asuntos político de toda índole no serían los exclusivos articulantes del lenguaje. El contraste con las expresiones más imaginativas funcionaría como oxígeno englobante de un pensamiento más completo.

 



No practico el culto fetichista de coleccionar libros o adquirirlos por motivos extraliterarios.  No tengo nada que ver con las cuitas de un bibliotecario. Pero tras una depresión, enfermedad, litigios secretos, o estancias fuera del mundo, cuando regreso a la vida, la presencia ordenada de los libros sobre la mesa, el escritorio o las baldas de las estanterías, me produce  una intensa felicidad. Los libros, cada uno de ellos, se me presenta como cursor de mundos, como ofertas de lenguaje estallando en la noche sideral sin textos de la que acabo de librarme. Y no se trata de una felicidad falible, ya que los libros ofrecen realidades que atraviesan mis intereses y mi memoria.



Recuperar la energías creativas como para que la página en blanco sea toda una provocación. 




El relato de un acontecimiento se convierte en un atropellado repertorio de peculiaridades azarosamente descritas.  En la realidad se fracturó una brizna de hierba que yo convierto en balance de astillas.



Acromático, livianamente fluyente, conformado en  series, ambulante dosificador de sombras, ilusión vagabunda, mediador de sí, corazón solitario de piélagos insondables, testigo de.... He perdido al sujeto de tanta adherencia significativa.

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