Nunca he visto nunca a un
apache conversando con un mejicano.
Los políticos y las
mujeres árabes parecen ser inmunes tanto al frío como al calor. Visten igual en
ambas estaciones del año. Los políticos, a lo sumo, se quitan las corbatas. Y
las árabes, quizá, debajo del manto que les cubre de arriba abajo, se aligeren
algo la ropa, pero en apariencia, van igual.
Los españoles tienen que
pedir perdón y dar explicaciones, todavía, a día de hoy de lo que hizo y no
hizo Hernán Cortés. Y los norteamericanos que no han tirado una bomba atómica
sino DOS, parece que no tengan grandes problemas en conciliar el sueño.
Los marineros rusos de
1900 ya usaban patas de elefante en sus pantalones.
¿Por qué los
norteamericanos, con todas las barbaridades que han hecho, agrediendo a otros
países desde que son una nación, no sufren de ningún complejo de culpabilidad
como nos ocurre a nosotros? Fácil. Son protestantes. Eliminaron hace mucho el
sacramento de la confesión. En el caso de hacer algún mal, les sobra con decírselo
a la pared para escabullirse de cualquier remordimiento. Los católicos son
mucho más rigurosos en esto al contar con el sacramento de confesión como
referente de autoridad. La famosa libertad protestante ha hundido a los
norteamericanos en particular en una barahúnda de perversiones y en una
fascinación perversa por la muerte. Esto sorprendía negativamente a Michel
Foucault. Véase si no su cine y las preferencias temáticas de sus películas. Por todo ello, yo creo que los norteamericanos, a pesar del rollo evangélico y los mormones, son gente, en el fondo, sin moral.
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