Cómo me gustan estas sorpresas, este tipo de revelaciones. El nombre de Jesús Hilario Tundidor, siempre me había resultado familiar, y el valor de su obra, poseía buena fama, pero hasta ahora no había leído ninguna obra suya. El poeta falleció hace unos pocos años y recientemente, Hiperión, ha publicado una antología de su obra poética completa. Llevo leído medio libro y celebro haberme internado en otro clásico contemporáneo que el silencio había reservado a pocos. Los poemas de Tundidor no son fáciles de leer ni de digerir, no fluyen con esa pericia barroca de los autores más conocidos o famosos. La significación simbólica está recogida en una banda de imágenes muy contraída que precisa de una contextualización minuciosa antes que pasar demasiado rápido sobre la musicalidad de las palabras. Lo que más valoro y que me llena de entusiasmo es que a través de estos poemas, aparentemente concisos o áridos, descubro otra imagen, que se añade a las que ya conocemos, del sentir y de la historia de España, desde la década de los sesenta hasta la entrada en el nuevo milenio. Y valorando estos aspectos de la poesía de Tundidor, reconocemos el papel central, secreto y ostensible, sustancial y definitorio, universal de la poesía en general.
Esta mañana he visto, más bien, entrevisto, la primera película que rodó Almodovar, Pepi, Lucy, Boom y otras chicas del montón. He sentido trallazos de melancolía, por un lado - ese año 1980 de la filmación se me antojaba remoto como los personajes junto al comprobar cómo han ido envejeciendo los actores -; y por otro, la película no ha dejado de suponer una actualización de la temática almodovariana: representación del mundo homosexual, la droga, la libertad en las relaciones, las perversiones eróticas, el humor, etc- . Independientemente de la percepción emotiva, me ha hecho reflexionar sobre la complejidad y el valor extraordinario del arte fílmico: cómo el director se responsabiliza del resultado final de un conjunto de tomas cuya relevancia representacional, es decir, estética, también es el director quien se encarga de articular para que todo fluya como un todo narrativo. El otro día, también entreví, Missouri, de Artur Penn, un singular western con Jack Nicolson y Marlon Brando en emocionante enfrentamiento. De nuevo, como en el caso de Almodóvar, casi al tiempo, de ir disfrutando de la película, no dejo de darme cuenta del trabajo enorme y plural que supone la creación de un film. Cómo pasamos de un plano a otro, de una escena a otra, de qué objetos o elementos singularizan las tomas, el impacto de la fotografía, la fenomenología de los sonidos y músicas, etc... Gracias a a la película de Almodóvar me entero de que las gotas de lluvia natural no se pueden filmar bien, por lo que se emplean otros sistemas de creación de lluvia artificial que visibilizan mejor el agua.
La forma más elocuente de comprobar lo que dice esa algo antipática frase de que tras la muerte todo continúa, es echarle un vistazo a este Mundial 2026 de fútbol: mientras en tu aquí es de noche y puede ocurrir cualquier cosa de carácter luctuoso, incluso, en otra parte del planeta, en ese mismísimo instante, luce un espléndido sol donde unas selecciones de futbol juegan ajenas a toda tragedia o suma de circunstancias extrañas a su momento inmediato.




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