martes, 8 de febrero de 2022

MANIFIESTO SOLIPSISTA



 
 

Soy un mensaje a la deriva.

 

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Floto en la nada voluptuosa.

 

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Fragmento urdido en el vacío.

 

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Nadificante nada nadadora.

 

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Soy mi único estímulo.

 

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Esta frase concierne al universo entero.


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Me besa el deseo de ser.

 

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Entre vacío y vacío debiera hallarse algo.

 

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Desolación perpetua: soy mi mensaje.

 

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Aspiro a constituirme en frase, en trémulo sintagma.

 

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Soy mi centro y mi afuera.

 

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Cuando estoy ausente sólo estoy conmigo mismo.

 

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Quién escribe sino ese otro que soy yo.

 

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El deseo quisiera sacarme de mí hacia ti.

 

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Soy mi confín.

 

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El universo es esférico, como una hermosa y pulida nalga.

 

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Tanta evidencia de mi en mí, me hace fantasmagórico.

 

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Un complemento me desbordaría.

 

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Yo: vuelo rasante de la hora vacía.

 

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La nada acaba ocupando demasiado espacio en mi mente.

 

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Estoy fascinado con cuánto soy dentro de mí.

 

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Soy un instante perpetuo.

 

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El vacío cósmico, cobra conciencia de sí gracias a mi presencia.

 

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Soy mi punto de referencia.

 

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Fatalmente habito en mí.

 

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Al segundo siguiente, quizás deje de ser.

 

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Mi pensamiento articula músicas internas, arrullos eléctricos.

 

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Soy exterioridad e interioridad absolutas.

 

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Soy el centro desplazable del vacío sideral.

 

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Soy siempre centro.

 

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Soy emisor y destinatario al mismo tiempo.

 

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El que seré dentro de un par de horas es mi descendencia futura inmediata.

 

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Soy el texto probable de una canción. Pero nadie me canta.

 

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Mi pureza es presidio de horas corredizas y solas.

 

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No puedo besarte. Eres la aurora y yo el crepúsculo de la tarde.

 

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Ayer fui de otra época.

 

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Soy un fragmento completo.

 

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Mi pensamiento es un fulgor remoto para el mundo.

 

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El cerebro es un medio. Yo soy el fin de mi trayecto.

 

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Tu mirada sería un acontecimiento perturbador.

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Al mirarme, entras en mí.

 

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He conseguido la desolación perfecta: ser mi único confidente.

 

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La nada me viola anodinamente.

 

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En el mejor de los casos, emito filamentos etéreos: sintagmas de pensamiento.

 

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Pensé en ti y me abrumó la gente que éramos.

 

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Mi memoria es más que yo.

 

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Soy una discreta cantidad cualitativa.

 

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El mundo es una galaxia de bellezas y monstruosidades. Me desborda sólo pensarlo.

 

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Una coma añadida cuestiona mi harmonía.

 

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Sueño con los ojos abiertos.

 

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Para mí eres un exceso de detalles y circunstancias.

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Conozco bien algo fuera de mí: el trayecto de los reflejos de la luz en la noche astral.

 

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A partir de mí, el vacío gira en urdimbres soleadas de nada.

 

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Soy una cuña blanda en la porosidad del espacio.

 

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Mi harmonía es furtiva. Mi felicidad, fenoménica.

 

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En la humilde eternidad que habito, soy lo mejor que me ha ocurrido.

 

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Mi testimonio es apenas un sueño.

 

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Soy un cautivo celeste. Nadie puede alcanzarme.

 

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La prerrogativa para la comunicación: silencio.

 

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A veces no coincido con mis opiniones.

 

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En estelas celestes se inscriben los nombres de los poetas eternos.

 

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Soy un punto definitivamente aparte.

 

 

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Plotino bendijo lo Uno. Soy una de sus esquirlas.

 

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Me autocontengo en percepciones. Como evento, la conciencia confirma la enormidad existente,

 

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Eres inalcanzable como un sueño, por lo tanto sólo haré una cosa: soñarte.

 

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Soy reflexión bulímica.

 

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Una regularidad de accidentes conforma mi creatura sideral.

 

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Mi imaginación es asistemática. Concibo universos de pura chiripa u orden infuso.

 

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Apenas te interese uno de mis cabellos me involucro en ti.

 

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Diré el vacío que me rodea con mi silencio.

 

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La pereza me prohíbe emprender épicas. Líricamente, soy un punto de gravitación convulsa.

 

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La información no contiene a lo informado. Eso sólo lo puede hacer un poema, un cuadro.

 

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Me trascendería en ti si no fueras otro universo y por ello, conflictivo.

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A veces soy ficción pura. El mayor dandismo imaginable.

 

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No conozco al guionista de mi vida.

 

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Mi alma es un cuerpo venturoso.

 

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Mi cuerpo es un espíritu que viaja en la intelección.

 

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El infinito amontona términos sin fin. La eternidad es ageométrica, festeja.

 

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Soy amanuense de una perplejidad: yo y el universo.

 

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La imaginación me hace ser solidario de la multiplicidad.

 

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Devendrá lo que soñamos.

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Somos símbolos en transición.

 

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Seré alguien mejor que yo. Me espero (a mí).

 

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miércoles, 2 de febrero de 2022

OBSERVACIONES OBSERVADAS



Borges aconsejaba ser sencillo en la expresión literaria, pero ahí está Lezama Lima mostrándonos todo lo contrario. Existen sensibilidades barrocas. Véase la literatura del Siglo de Oro. Nuestros clásicos son barrocos. Un paso de Semana Santa es algo abigarradamente barroco. El consejo de Borges es adecuado, pero cada uno intentará expresarse según lo que crea percibir o cómo lo perciba. Borges y Lezama como las dos caras del Jano bifronte de la escritura literaria.    

 


Algo que perjudica bastante a las películas de Buñuel, sobre todo las de mediados y fines de los setenta, es el desesperante y pésimo doblaje. La noche del sábado “intenté” ver El fantasma de la libertad. Ni entendía ni escuchaba apenas lo que decían los personajes teniendo el volumen a 100, es decir, al máximo.


Los problemas que para algunos ciudadanos supone lo que se llama la brecha digital no deja de corresponderse con otro tipo de molestias que parecen estar pululando últimamente en diversos procesos administrativos y que la pandemia ha disparado. Este fastidio se ha desplazado incluso a las bases de los premios literarios. Antes enviabas tu trabajo con la imprescindible plica. Ahora tienes que preinscribirte, rellenar un certificado y hacer no sé cuántas declaraciones juradas de que lo que envías es inédito, es de tu autoría, no ha recibido ningún otro premio y no sé qué otra cosa más. Lo temible de todo esto es que tales procesos tienden a enfurruñarse más con el tiempo, del mismo modo que ocurre con las medidas de seguridad de estaciones y lugares semejantes que no hacen otra cosa que multiplicarse en su obsesión por controlar el más mínimo movimiento de los viajeros.

 

¿Hasta qué punto un realismo patético o que se demore con cierta voluptuosidad en los detalles, como por ejemplo, el de Ramón Casas, no acaba convirtiéndose en una suerte de simbolismo? La diferencia entre ambas perspectivas está clara, pero la paulatina conversión es posible. Destacar un objeto entre otros, tratamientos específicos de color, pueden adensar la representación realista y deslindarla un tanto de su tendencia. ¿Es realista Sorolla, por ejemplo? La temática podría serlo pero no su tratamiento.

 


Veo en la tele a un robot, supuestamente de género femenino, que se mueve y gesticula como una persona, reaccionando ante la presencia de personas. La pobre robot está calva y tiene una cara un tanto estúpida. Me pregunto yo qué tipo de utilidad tiene un engendro como este, teniendo en cuenta el trabajo que ha costado hacerlo, dicen. Pasan de esta noticia a otra. La sensación que se me queda es la de haber contemplado a un cacharro patético cuando no, siniestro, como todo lo que artificialmente intenta reproducir o sustituir al humano. Recordemos el pavor de Borges a los espejos.



Visiono videos de Paco de Lucía de los años sesenta y setenta. El efecto es sorpresivo. Tantos años viendo a Paco de Lucía tocar la guitarra y es ahora, que ya no está con nosotros, cuando me quedo estupefacto ante su genialidad interpretativa, cuando me doy realmente cuenta de quién era, de su valor artístico. Antes, quizás, me podría guastar verlo, pero el hecho de la muerte añade un fulgor revelador a su imagen. El Paco de Lucía que veo ahora es el que ha conquistado la eternidad, un Paco de Lucía inmortal.

 

En el lumpen y la bohemia de la Alemania de fines del XIX, al sexo de la mujer se le denominaba: el sótano de las lechugas. Encuentro la información en el cochingango diario de Franz Wedekind, el autor de Lulú.      

UN CONFÍN DE CIELO PARA TUS PÁRPADOS

  Esta foto de Lee Friedlander se parece al tipo de fotografía que yo he ido haciendo en mis escapadas urbanitas los sábados por la tarde.....