jueves, 14 de marzo de 2013

SECUENCIAS TEODOMIRIANAS: EXPOSICIÓN DE MANOLO SORIANO EN LA CAM DE ORIHUELA




No quisiera convertir la reseña de la primera gran exposición pictórica en Orihuela de mi amigo Manolo, "Teodomiro", en un convencional listado de influencias, nombres de artistas famosos y datos académicos. Prefiero abordarlo de un modo más libre, más sensible y salvaje a la vez. El propio Manolo y su obra me llaman a ello.
El artista, como todo creador, en general, parte, inicialmente de un caos. En el caso particular del artista plástico este caos adquiere un carácter más netamente matérico y específicamente tangible. El pintor trabaja con volúmenes no con palabras. Pero es posible que lo que nos parezcan brochazos, entresijos de pincelazos, mixturas de color y explosiones de luces rotas, no sean los rastros de una agitada exploración sino las formas que el artista  ha vislumbrado finalmente, el resultado de lo que el artista ha hallado.



cuadro a la deriva




Creo que Teodomiro intenta definir ese caos que habita sin poder deshacerse del todo de él. La metralla de brochazos bajo la que se adivinan figuras heridas o alucinadas, esas nubes leprosas en las que apenas se esboza un rostro anhelante, son la pulsión de una impotencia, de un desarreglo interior que se ha resuelto en expresión.
 



Halos irisados o verdosos, llamas de azules metálicos sobre incandescencias rojas, lianas glaucas insinuando sobre fondos verdiazulados una suerte de mandalas a punto de desplomarse, constituyen la convulsa grafía de un hacer balbuciente, potencialmente prometedor, que delimita un territorio: el de su propia agitación creadora.



 



Uno de los cuadros que más me ha impresionado es el que representa esa cruz en llamas, cuya significación el artista me corrige: no es que la cruz arda sino que atraviesa las llamas, luchando por vencerlas, intentando que su mensaje de redención atreviese toda destrucción.



el artista rodeado de la energía demiúrgica

Si el artista nos brinda este tipo de imágenes no es sólo porque se produzcan en su mente, sino porque nos dicen algo de la realidad que nos rodea: la violencia, la exasperación, el apocalipsis que, intermitentemente, vivimos y en el que otros, se hunden definitivamente.
Por muy errático o bizarro que nos parezca lo que los artistas nos ofrecen, no dejan de informarnos profundamente acerca de lo que está ocurriendo a nuestro alrededor.


la pareja adánica

Mi amigo Teodomiro podrá evolucionar su lenguaje pictórico de esta o de aquella manera, pero lo que nos muestra en esta exposición es lo que le ha sucedido a su sensibilidad. Cada cuadro es el eslabón flamígero de una investigación: el de la propia receptividad y su posterior respuesta creativa resuelta a nuestros ojos en un lienzo.


la amante del artista suplicando a los dioses
que las musas no les abandonen y que los cuadros se vendan
por docenas


 
 
Teodomiro y dos "hijos (acrílicos) suyos"
 
 
 
artista y entorno
 

1 comentario:

Anónimo dijo...
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