jueves, 30 de octubre de 2014

EL PATIO DE LA POESÍA.


No es fácil describir las sensaciones que se experimentan cuando un disciplinado grupo de cinco personas, lee tus versos ante el público. Literal y milagrosamente, dejan de ser meramente tuyos tales versos, y la voz que pudiera corresponderte, se metamorfosea en algo mayor, en algo que ni el propio creador podría imaginar: reconoces tu escritura pero trascendida en un sonido majestuoso, insólito.
Esto es lo que ocurrió ayer, en el recital que el grupo de teatro Expresión, dirigido por Manuela García y Atanasio Die, realizó en la Casa Museo Miguel Hernández de mi poemario Profano Demiurgo.

Al escucharme a través de otros, de veras emocionado, pensaba que con las palabras no se juega, que si escribes, y sobre todo, poesía, la elección de las palabras es decisiva y fundamental; que si añades un poema al mundo, aunque utilices todos los recursos retóricos existentes, ese poema debe acotar un estremecimiento; que el universo al que aluda, justifique su propio emprendimiento verbal.     

Desde aquí, de nuevo mi agradecimiento al equipo de Atanasio y Manuela y a la iniciativa de la Cátedra Loaces por estos encuentros en lugar tan especial para la poesía.  

 





 

 

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