miércoles, 22 de noviembre de 2017

UN "CHUTE" DE ESPERANZA








Para Elena Medina

 
Beethoven se queda sordo. Y compone la novena sinfonía. Como diciendo: ¿con que ésas tenemos? Pues ahora vas a ver quién soy yo. De modo semejante a lo que decía Espinosa: nadie sabe lo que puede el cuerpo, Beethoven reta al destino y le espeta a la cara: ahora vas a saber lo que puede el espíritu.  La voluntad de Beethoven se revela aquí como algo  extraordinario. No  acepta el mal de su sordera, no se resigna a ello, sino que reacciona enérgica e insólitamente creando una de las composiciones musicales más estremecedoras de la historia. En este sentido, Beethoven es un romántico radical. Afirma el poder inmaterial del espíritu, trascendiendo toda circunstancia adversa de la vida.  
Beethoven no asume su mal sino que revienta, no agacha la cabeza o el ánimo sino que se vuelve belicoso. Reacciona y es él quien ataca al mal. Para ello elabora una sutil y audaz estrategia: urdir una sinfonía titánica.  El espectacular final de la novena es la ratificación rabiosa de esta idea, compone esa imagen en la que el mal es aplastado una y otra vez demostrándose la victoria exultante del bien.
Creíais que me ibais a aniquilar, pues sordo, ciego y manco voy a ganar esta batalla.
Decía Walter Benjamin que “son los desesperanzados los que dan esperanza”. El caso de Beethoven es uno de los ejemplos más estremecedores de ello.         

1 comentario:

Estuardo dijo...

José María, gracias por este artículo. Dado lo escrito, no dudo que Elena Medina es alguien apreciada por Usted.
Lo que Usted ha escrito aquí se lo agradezco, seguro no seré el único.
Saludos.

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