jueves, 30 de mayo de 2019




EMILIO LLEDÓ.
Días y Libros

La materia de la que habla la obra de Lledó es para mí muy suculenta: Logos, ética, palabra, Poesía, Memoria. Pero el atractivo final de una obra, aunque sea la de un filósofo, depende bastante de la audacia literaria, del poder persuasivo escritural. En este volumen que recoge el grueso de reseñas y artículos que Emilio Lledó ha ido escribiendo a lo largo de toda su vida, el carácter urgente y sintético que tales formatos exigen,  facilita que la escritura adquiera precisión, rapidez discusiva y ello “fuerza” a Lledó a ser brillantemente explícito. La selección parte de los años cincuenta y llega hasta la década de los noventa. El rigor conceptual, la variedad y altura temática de esta nutrida antología hacen siempre interesante la lectura de sus casi 500 páginas, por las que desfilan Heidegger, Gadamer, la filosofía de Platón y Aristóteles, cuestiones educativas, hermenéuticas y consideraciones sobre traducciones de obras filosóficas, entre otras variadas cosas afines.




JOSÉ ÁNGEL VALENTE
Fragmentos de un libro futuro

Pocos son los poetas o escritores que se hayan atrevido a escribir, ni más ni menos, que de la resurrección. Lezama Lima lo hizo en algún sorpresivo y fugaz pasaje de su obra poética; Valente, en esta suerte de proyecto de libro se ubica no en la circunstancia inédita de la muerte, sino en ese momento de brumoso retorno a una realidad nueva y desconocida tras la desaparición terrenal. Como un balbuceo, como un palpar con los ojos semicerrados el entorno que paulatinamente se va vislumbrando, describe el poeta el resurgir desde la tiniebla absoluta, cómo el sujeto aturdido emerge del limbo sin atreverse a reincorporarse a un mundo del que desconoce su naturaleza y horizontes. El sujeto plural de estos poemas se mueve entre tiempos distintos, instantes de revelación en los que el futuro ya se vivió y el presente se abre como un abanico de emprendimientos insólitos.  “Arde lo que ha ardido”, dice Valente en uno de los poemas, trascendiendo el curso temporal de la existencia, estableciendo un salvífico puente entre lo que ha sido y lo que iba a ser, creando un nuevo tiempo de experiencia a partir de lo ya vivido, teniendo en cuenta la presión de la promesa o la destinación.
Libro breve y asombroso con el que Valente se despidió de nosotros, y que abre todos los signos interrogativos a los lectores del devenir: ¿límite de lo decible, propuesta inventiva, reto a intérpretes de la palabra, libro sin fin propiciando alternativas imposibles?


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