miércoles, 26 de junio de 2019



KAMASUTRA PARA DORMIR A UN ESPECTRO
Clara Janés

Sin alaracas, sin prisas pero sin pausas, la inventiva poética de Clara Janés no ha cesado de internarse por los parajes más experimentales y sorpresivos. Un sano desasosiego ha ido alimentando de esta manera su interés literario durante décadas. En este sentido yo definiría a la poeta como alma sensitiva siempre tranquilamente alerta.
Este último libro suyo, Kamasutra para dormir a un espectro, exquisitamente editado por Siruela, viene a representar un tramo último de la evolución espiritual de la autora. Lo digo con la conciencia de no separar en absoluto la temática que irriga al poemario de su eclosión reflejada en la escritura. Si ambas cosas son una  y creo que en este caso lo son,  el libro vehicula, de este modo,  una experiencia tan dichosa como inenarrable.
Nos encontramos en el denso y etéreo ámbito de lo místico; y en tal caso, si te gusta la literatura mística, te interesará este libro, de lo contrario, sabiamente, te distanciarás y buscarás otros registros.
La complejidad, la ingravidez, la subjetividad  total de una experiencia como la que canta la poeta en estas páginas, editadas en un relajante azul, no pueden sin más convertirse en objeto positivo y lúdico de análisis literario si estimamos la autenticidad de la experiencia que se nos expone. Por otro lado, se ha dicho ciertamente, que los arrobos místicos en el último siglo, frecuentan más los pliegos de algunas tendencias contemporáneas de poesía que los claustros conventuales.  Una experiencia del misterio, henchida de plenitud secreta, sólo apenas confesada a la palabra poética, se queda ahí, en esos confines del verbo tan íntimamente solícito y poco resta decir sino acerca del gusto o el tino por la elección de las palabras destinadas a comunicar tan especial evento personal.
De la experiencia mística de Clara Janés no puedo decir nada, salvo remitirme a las palabras que ha escogido como herméticas mensajeras de la misma. Y si analizo la belleza de sus palabras, no podré, finalmente, justificarlas sino como expresión de tan indescriptible motivo, independientemente de que elogie su musicalidad, o la espléndida  ascendencia literaria clásica que revelan.
De todos modos, del libro, sí podría decir, escuetamente, que su carácter fragmentario y su alternancia textual – poemas en verso y prosa junto a explicitaciones circunstanciales de lo que ha motivado la escritura de tales poemas - describen con precisión confesional el itinerario experimentado por la poeta. Los sonetos son inmejorables, parecen emergidos de las cuitas de un San Juan de La Cruz y redactados por el mismo santo, lo cual dice lo máximo acerca del grado alcanzado por Clara Janés en el devenir escritural de  este estilo.   
Lo místico es la totalidad y la nada, a un tiempo; su aventura arriba a lo vertiginoso, a lo dichoso y más allá del cerco de la palabra imantada, no podemos percibir otra cosa que no sea la conversión de los versos en música. Lo máximo y lo mínimo se anulan uno a lo otro en el seno de un texto que nos llenará a nosotros de plenitud si logra seducirnos para que nos sumerjamos en él. Y esto depende de la reacción de cada uno en particular.
El libro de Clara Janés es una intensidad amable que puede visitarse como una geografía concreta si lo que deseamos es olvidar la mediocridad de terrenas medianías.
      

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