jueves, 27 de junio de 2019




PLIEGO DE INCISOS

La divinidad puede ser terrible o dulcísima, misteriosa e inaccesible y nacer de uno mismo, puede ser cualquier cosa, menos mezquina.


Al escribir, uno lanza a discreción adjetivos y nombres a la recepción de allá afuera.


La cristalina fibrosidad de Jorge Guillén.
La florida compacidad adjetival de Lorca.
El mensaje emocionado y universal de Miguel Hernández.
El desasosiego metafórico de J. Ramón Jiménez.
La minuciosidad melancólica de Azorín.
El pensamiento dosificado por la poesía de Juarroz.
El sabor añejo e insobornable, la rareza de Miguel Espinosa.




La única explicación para la premonición: el futuro ya ha sido. Nosotros, el presente, sólo somos una forma del tiempo absoluto, junto con el pasado y ese futuro que se acerca constantemente. Para la mente de la divinidad, nuestro universo ya fue, ya dio todo lo que tenía que dar. Somos nosotros, habitantes del ahora, los que no podemos franquear nuestras coordenadas espacio temporales y nos hacemos la ilusión de esta articulación sucesiva de las horas.  


 No es el turno de los poetas, fastidiosamente. Ahora solo aportan palabras o las modifican o las liquidan los periodistas deportivos y los analistas sociales. Recuerdo cómo enfurecía a Schopenhauer que los periodistas de su tiempo manipularan las palabras por el solo y único motivo de hacerlas más leves y más rápidamente comunicables, sin importarles mucho las ambigüedades de sentido a que tal cosa pudiera llevar. Digo lo mismo. Hoy, en los mass media  no hay exquisitez intelectual sino búsqueda ansiosa de la efectividad comunicativa, prolijidad de medios para comunicar todos lo mismo desde todos los malditos puntos del planeta. En tal mundo estratégico se ignora la sofisticación secreta de la palabra, y que existen hablantes, personas, sujetos que practican la vocación por esas dimensiones de la palabra porque la percepción de realidades alternativas a lo uniformadamente impuesto es posible.




Te proyecto con retraso consciente y pesaroso. Te conviertes en mi remordimiento.


De qué modo tan mágicamente efectista, convincente, se acomodan entre sí los distintos préstamos artísticos en continentes distintos. La famosa corriente pictorialista en fotografía de fines del XIX y principios del XX, imita tan genialmente las formas pictóricas que sus mejores productos superan notablemente lo que habían sido sus referencias plásticas. El género brotado de la copia del lenguaje primero y soberano resulta, de pronto,  más atractivo que lo que el lenguaje copiado ofrece.


Leyendo a Baudrillard. Sus análisis siempre brillantes ofrecen una imagen vertiginosa y fatal del  mundo actual. Tal mundo es abismático, laberíntico, apocalíptico. La elocuencia notable de Baudrillard siempre subraya los aspectos perversos y negativos de toda transformación. Baudrillard me gusta, pero le faltó un poco ser poeta, no especializarse tanto en lo espectacular negativo. Admitiendo que parte importante de sus balances son de actualidad hoy, también advierto que existe gente que hace cosas buenas en internet y las difunde, que las actitudes fraternales se extienden y consiguen movilizar y concienciar. El mundo no es tan uniformemente desastroso. Siempre hay resistencia en los márgenes. Hay que darle la vuelta a las imágenes fatales.




Si como decía Agustín García Calvo, el lenguaje no es de nadie en particular, tampoco el mundo y sus posibilidades de gozarlo. Ante insidiosas tentativas de imposición a través de modas o de los medios de comunicación, la apuesta descarada por la experiencia privada del universo, o, directamente, lanzarse a disfrutar de la plaza del pueblo.   


Los poetas como los emblemas vivos de la esperanza, de la fraternidad universal. Invocamos en secreto los nombres de los poetas, de los grandes poetas de nuestra historia porque nadie como ellos preservan y son la memoria. Pienso, por ejemplo, en Miguel Hernández, un hombre sin fisuras, sin contradicciones, que canta el amor y el compañerismo estelar. Esa ejemplaridad moral, esa cohesión fulgurante era lo que otro poeta como René Char admiraba en él. Resulta curiosa la mención de estos dos nombres. Dos poetas con registros diferentes pero tan semejantes en cuanto les llegó el momento de reaccionar, Miguel ante el golpe de estado de Franco, Char ante la invasión nazi.        



Lo vacante: suculento concepto que desea llenarse de acontecimiento, de narratividad, de sustancia alguna, de comentadores…


Te momifica la ansiedad por conocerlo todo.


Que tu vida no sea sólo una vida, algo biológicamente determinado y socialmente controlado. Que tu vida explote en eternidades e historias.  


El sol ilumina la infinitud de las historias y de los mundos del cosmos, pero, inteligentemente, sólo se dedica ello, a iluminar y no a recordar tales mundos.




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