lunes, 16 de diciembre de 2019

Reseña breve PARÍS NO SE ACABA NUNCA. Enrique Vila-Matas




La habilidad de Vila -Matas para hilar historias, convirtiendo cada fleco de la ficción en germen de narraciones nuevas, convierte sus libros en un juego de espejos infinito, en eclosión virtualmente interminable, en arborescencia continua de relatos generados a partir de una sola circunstancia o de circunstancias hábilmente convergentes. Supuestamente, Paris no se acaba nunca es una memoria de sus días de juventud, pasados en la capital francesa a mediados y finales de los setenta, pero este cariz no exime a su escritura de la ya referida tendencia a la invención metaliteraria, lo que tiñe de sospecha lo que cuenta como reflejo fiel de lo que vivió entonces. Unas memorias falsas, si se convierten en memorias literarias, legitiman lo que nos confiesen, pues todo ello ha sido asimilado de este modo y hay que interpretarlo, como literatura. La duda aparece cuando el autor no declara a qué género de escritura pertenece en realidad lo que ha escrito, produciéndose esa confusión, que es terreno y simiente, propicias a la ficción y a la ambigüedad. Lo que Vila –Matas hace en este libro es alternar dos cosas distintas: por un lado, nos cuenta las memorias de sus experiencias juveniles en París y, por otro, historias derivadas de su condición de escritor, producidas tanto en el pasado como en el presente. Se articulan de este modo, series de tiempo que pueden cruzarse, episódicamente, con lo que ambas perspectivas o bien discurren paralelas o de pronto, parecen confundirse en la lectura. Personalmente, esto es, en lo que a este libro concreto de Vila Matas, se refiere, lo que me molesta: a mí lo que me interesa, en tanto que no es ficción, es su estancia en París en aquellos años, los personajes que conoció y lo que le ocurrió, no las historias que pertenecen a la ficción y que pretenden convivir en el mismo espacio narrativo que la no ficción y que a veces, las llego a  experimentar como una intrusión. Vila matas enfurruña voluntariamente lo que podrían ser unas curiosas memorias, lo que me hace pensar que: o bien Vila Matas está tan enfermo de literatura que prefiere que todo escrito suyo se contagie de ficción y pase como tal, lo cual es una opción vital y creativa, ya que este modo desea recordar toda experiencia y toda realidad,  o bien que sus estancia setentera en París no fue lo vibrante e interesante que hubiese querido para conformarse en un volumen consecuente y precisaba del  empujoncillo de mentirijillas audazmente labradas.
Con Vila-Matas me pasa lo siguiente. Me atraen sus libros, me siento en principio, seducido por su mundo, pero me cuesta llegar al final, leérmelos todos: tanta metaliteratura manando sin cesar me satura y me hace ansiar otra cosa más sustancial. Quizá se trate de un defecto mío, de una mala aproximación a su literatura. Tendré que verlo porque cada vez que leo a Vila-Matas experimento un gran entusiasmo, velado al fin por la frustración. Diré, por último, que este París no se acaba nunca, de tan encantador título, es un texto moteado de escritura, a mi modo de ver, antagónica, en el que destacan los pasajes que –supuestamente - hacen alusión a lo realmente vivido en un momento de entrañable autocreación del personaje del propio escritor.





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