martes, 13 de julio de 2021

BORGES, BRAUTIGAN Y CABRERA INFANTE


BORGES PROFESOR


Casi podríamos afirmar que nos encontramos con un libro inédito de Borges, si tenemos en cuenta la esforzada labor de quienes han revisado las transcripciones y notas de unas grabaciones perdidas sobre el curso de literatura que el escritor argentino impartió en Buenos Aires en 1966; pero no, más bien estamos ante un notable documento borgiano, pues el texto de este “libro”  no lo escribió Borges, exactamente, sino que lo dijo

La fidelidad transcriptora de los amanuenses ha sido tan pulcra y concienzuda, que leyendo estas clases, estamos escuchando a Borges nítidamente: la famosa adjetivación y la escuetez reveladora se combinan con cierto aire más ingrávido, más alusivo que definidor, típico de la exposición oral que no traspone su objetivo, a pesar de ello, el vaivén borgiano siempre tan sugerente como alejado de formalismos.  

Al visitar estas páginas, escuchamos de pronto a Borges que emerge del tiempo, que retorna hacia nuestra atención agradablemente sorprendida  y nos propone obras y autores y un análisis somero de circunstancias sociales y culturales. El experimento ha dado resultado: un Borges oral nos remite, lúcidamente, al tesoro histórico de la literatura escrita.  

 



O. EXORCISMOS LITERARIOS. Guillermo Cabrera Infante

Dos auténticas demostraciones virtuosísticas – O y Exorcismos – recoge este volumen de la producción del autor cubano en los años setenta. En su momento, jamás leí a Cabrera Infante. Con el tiempo, me intrigó el contenido de su obra, de qué aspectos o temáticas hablaría y cómo lo haría. Estas dos piezas artesanales dejan bien claro cuál era el nivel crítico paródico de Cabrera y su posición política sobre el fenómeno cultural. Resulta, incluso, algo apabullante, la capacidad caricaturesca de su estilo omnímodo. Cabrera coge de las solapas buena parte de la literatura contemporánea, buena parte de la clásica y la moderna y somete las pretensiones de todas a una versión propia a través de la gama infinita de todas las figuras retóricas imaginables y la experimentación tipográfica. Veo en las numerosas para-reseñas que integran este volumen, una crítica al alto grado de complejidad que la cultura moderna ha alcanzado, a sus tendencias elitistas y esotéricas, al estatus demasiado solemne que ha representado la alta cultura.   

 


LA PESCA DE LA TRUCHA EN AMÉRICA. Richard Brautigan 

Durante algún tiempo vi este libro en algún rincón de las librerías, aparentando ser novedad editorial o producción del autor anglosajón últimamente descubierto o promocionado. Como el origen de las cosas es misterioso, confieso que el descubrimiento de este autor ha sido reciente pero he olvidado cómo se produjo. Quizá fue investigar en internet su curiosa biografía y su sorpresivo suicidio lo que hizo fijarme en sus escritos. La cuestión es que tal y como la reseña de la propia editorial nos dice, nos encontramos con el raro, muy raro libro que lanzó a la fama a nuestro autor y estimuló que su singular obra continuara durante una década y media más.

Cuando una obra tan lúdica, surrealista y delirante como es La Pesca obtiene un éxito tan inmediato, es porque se parece, secretamente, a la sociedad que se ha fijado en ella, porque señala cómo funciona el aparato de los deseos y los sueños y qué destino contradictorio le espera a tal cúmulo de complicadas aspiraciones.

Yo diría que La Pesca refleja algo así como un surrealismo local y natural, el que es propio de la sociedad norteamericana y que tan bien ha reflejado el cine y las revueltas sociales de los sesenta, marco histórico al que pertenece este texto. El onirismo, el sexo, la crítica social y política hacen un popurrí que Brautigan va dosificando a través de un solo motivo: irse de pesca a por truchas en determinados puntos geográficos de Estados Unidos.

Brautigan crea un mundo propio, lo articula a placer, no aspira a la gran literatura ni a pedagógicas demostraciones. La Pesca es una suerte de cajón de sastre en el que a través de la regularidad de un solo motivo, el escritor va ilustrando los distintos delirios que tanto identificaron a la sociedad norteamericana de aquellos años (1967). El marco social de fondo de La Pesca es, por tanto,  el de la llamada hipi, el de la revolución política y ética, el del rechazo a la guerra, el de un devenir experimental en la mentalidad. La Pesca no pretende ser reflejo canónico de todo ello sino quizá consecuencia de una locura general y de una idiosincrasia tendente a lo excesivo y lo pintoresco.    

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