viernes, 18 de febrero de 2022

NOTAS



Cómo se metamorfosean los días, es decir, el ánimo de uno; cómo tras un período de oscuridad y de tristeza en el que creías haber echado fatalmente raíces, vuelves a reincorporarte paulatinamente al bienestar o a la regularidad de antes. Después de días de desesperanza en los que creías estar fuera del mundo normal, regresa poco a poco el entusiasmo y la tan querida rutina y vuelven a interesarte fruslerías como el análisis de la actualidad política o las fiestas que se avecinan con el mínimo de novedad que implican.

 

 

El paciente ejercicio de comprender a los demás. A veces se trata de aceptar su discurso sin que este invada o modifique el  libre flujo de las cosas, imaginar la capacidad intelectiva o la locura del otro sin que ello implique que tal cosa altere mi posición con respecto a lo que me interesa. Por ejemplo, escucho por radio clásica a la poeta Chantail Maillard que recita pasajes de su último libro de poesía,  Medea. En lo que lee, Chantail viene a afirmar que traer niños al mundo es una operación perversa que no hace sino perpetuar el hambre universal, es decir, la pulsión incontenible de devorar, aniquilar, violentar al vecino. Escuchándola, entendía lo que quería decir, aunque yo pensara que tener hijos es todo lo contrario de lo que ella afirmaba.  Chantail emitía su condena. Yo la escuchaba, comprendía su mensaje y su protesta sin que ello implicara que yo pudiera afirmar lo mismo.


Ante el pensador Plotino siento la fascinación por el orden, por la clarificación de los grandes conceptos. Esa fascinación consiste en que la complejidad del universo pueda contemplarse en la harmonía de la palabra, que en la disposición formal del logos se articule una configuración de lo diverso. Busco en los escritos de Plotino, en sus famosas Enéadas, un término, una observación que me suponga una revelación sobre la realidad,  algo que me sorprenda, que me dé esperanza. El que busque la clave secreta del mundo en un filósofo antiguo no supone una curiosidad, o incluso, extremando perspectivas, una paradoja. Las cosas importantes de la vida siempre resultan ser las mismas en todas las épocas, aunque haya que admitir la existencia de prioridades que arrojan imágenes disímiles del mundo. Por ejemplo, aunque en Plotino los conceptos de eternidad y tiempo se encuentran convenientemente diferenciados, no dejo de pensar que la cantidad de información gráfica, el diluvio de imágenes de que disponemos, pudiera potenciar de modo tan extraordinario lo que entendemos como mundo sensible frente al inteligible, que llegara a modificar los términos de su ubicación físico-perceptible. Es como si el reboso de imágenes del que disfrutamos o nos agobia, invadiera el espacio de lo sensible, multiplicando sus límites hasta hacerlos ininteligibles. Esto supondría que el mundo que vemos y percibimos con los sentidos se vuelve farragoso e incomprensible, en vez de ser el mundo de lo metafísico lo que presentase, ocasionalmente, semejantes aspectos confusos u oscuros.

 

El efecto terapéutico del contacto con los demás. Llevo un rato andando por la calle, con molestias abdominales y un dolorcillo en la espalda que no acaba de irse. Me encuentro con un conocido e intercambiamos un par de palabras. No ha llegado al minuto la conversación. Me despido y sigo caminando. Las molestias de la espalda y de la zona del estómago han desaparecido. Simple y contundentemente. Una de dos: o el cuerpo posee un sistema de autorregulación que ante la presencia de otras personas actúa, motivado por razones de cortesía, - me prohíbo el dolor ante un amigo, no quiero mostrarme caótico ante los demás -, sistema que también podría ser, ni más ni menos que la asunción biológica de preceptos educativos; o, bien, la presencia de conocidos y amigos me resulta tan agradable que “olvido” el dolor ante ellos, pues doy de lado toda incidencia maligna al tender naturalmente a la unidad social del que soy un elemento más y en la que se cifra mi bienestar. Al encontrarme con un amigo o con un familiar, regresaría a mi estado óptimo de salud, a mi estado originario, - el Todo, la Unidad de los seres  -  sanándose todo malestar nacido de los vericuetos de la soledad.


 

Similitud de estados de ánimo. Tras unos quince días de intensa lectura, he terminado con los trabajos que se presentan para el concurso de poesía y realizado la preselección. Llevo los poemarios a la sede y regreso a casa. Es cerrar la puerta tras de mí, regresando a la grisura, a la rutina de antes  y caérseme la casa encima. Me atraviesa una amarga depresión de las mismas características que experimenté cuando dejé de tomar, repentinamente, un fármaco, produciéndose entonces los síntomas de la abstinencia. La mecánica del malestar es la misma: interrumpir un estado, una actividad en los que estabas agradablemente sumido, trascendiendo el tiempo al tenerlo regularmente controlado. Acabada la lectura de trabajos, interrumpida la toma del fármaco, la mente reacciona angustiada ante el tiempo que se presenta, entonces, infinito. ¿Qué hago yo, ahora, cómo me enfrento a esta eternidad que antes dominaba al estar, uniformemente, ocupado? Se trata de una de las más sutiles y peores torturas que uno imaginaría en una ficción bíblica: desposeer a uno de toda actividad y arrojarlo al tiempo que de inmediato se convierte en una suerte de eternidad a la que se le condena.        

 


1 comentario:

Anónimo dijo...


miguel perez gil
19 feb 2022, 11:51 (hace 1 día)
para mí, manuelsusarte@hotmail.com

Nunca le agradeceremos a oh Pi lo suficiente oh PISU, todo lo que le debemos por su variadísima serie de preocupaciones relacionadas con todo aquello que configura al ser humano aunque sólo tengamos el testimonio de lo que esta ontología se manifiesta en su notable persona como ser indeleble y considerable

Sus observaciones sobre el poema de Chantal Maillar son un dispositivo de asombro que es ahora mismo una tela de araña para los mitos clásicos

Los hijos son los hijos, eso es una cosa poco discutible

Si nuestros padres hubieran hecho caso a Chantal ahora no podríamos disfrutar de sus versos terribles sobre la barbaridad de tener hijos y si su madre no la hubiera parido ella no podría abominar de los hijos y estaría abominando de los no hijos

Por lo tanto, no hay que hacer caso de la mayoría de los hijos ni de la mayoría de los padres ya que los padres han sido hijos, pero los hijos no son padres mientras no se demuestre lo contrario

La preocupación de ella por la gente que viene al mundo solo a sufrir es lógica y legítima, pero generalizar es propio de generales y que yo sepa ella no es generala de ningún ejército y menos del de Napoleón o del de Níger

También Borges decía que la paternidad y los espejos duplican el ser y de hecho no tuvo hijos ya que su vida estaba dedicada a la poesía en todos sus méritos y martirios

Pobre hombre, ciego a los cincuenta y sin embargo su rostro de mayor e incluso de anciano tenía unas líneas tan bellas que ya quisieran muchos Casanovas

Ni Ciorán de viejo tuvo un rostro tan agradable

Sólo Beckett de mayor poseía una estampa con un encanto espiritual semejante pero la mayoría de las personas envejecen a base de fealdad y sobre todo las mujeres que suelen resistir peor el paso del tiempo ya que el tiempo es masculino y por eso las trata tan mal si para ellas rigiera la tiempa otro gallo les cantara u otra galla ciencia

Pero ya con tanta gente y con un tiempo tan malo como todos los tiempos es posible que la decisión de no tener hijos esté tan justificada como la de tenerlos, aunque por motivos diferentes e irreductibles

Pero de lo que oh Pi dice de Plotino es tan justo como necesario ya que Plotino fue y será siempre Plotino y no hay quien me baje del burro en este tema

Otra cosa es que se le curen los malestares al grande oh Pi, en su tribulación perpleja ante fenómenos de actividad social y que sano ya y salvo de sí mismo se entregue a la alegría de vivir como lo haría cualquiera que tuviera esa misma alegría

Lo que ignoraba es que fueras oh Pi jurado de poesía verso

¿Un jurado puede abjurar?

No sé, permíteme que tenga mis propios problemas

La actividad, sea la que sea, nos encierra en ese tejemaneje de las cosas externas y nos retiene en nuestra piel para atravesar el absurdo de ser, como dijo Valery, y de leer los poemas ajenos lo cual nos da la oportunidad de rendir homenaje a nuestro ímpetu interior, cosa sabida desde los tiempos de Matusario
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