lunes, 16 de mayo de 2022

UN OPUS MAGNUM ANÓNIMO


 

Puedo afirmar y afirmo que el señor Fernando García existe como persona física, pensante, sintiente y percibiente y que vive en algún punto semisecreto de lo que queda de la huerta oriolana, quizá próximo a alguna acequia, ahora asfaltada, o leyendo algún tratado de antropología moderna bajo una higuera, estampa lírica como pocas en estos tiempos internéticos.

De lo que no estoy tan seguro es que haya sido docente en la prestigiosa universidad de Harvad y mucho menos, destinatario del premio Planeta del año  2017, entre otras cosas porque no ha publicado ningún puñetero libro en su vida y jamás ha pisado suelo estadounidense salvo en sueños.

Lamento desmentir, por tanto, la información que aparece en la contraportada de su única publicación, Relatos y otros textos ocasionales, cosa que tampoco termina de ser cierta ya que lo que se presenta como fotocopia de un libro de relatos no lo es de ningún libro real: la fotocopia es en sí el libro.

Hay que disculpar este cúmulo de descaradas mentiras que no tiene como objeto, sin embargo, la autopublicidad ni promover la confusión ni los falsos curriculum entre probables lectores, sino que obedece a ese sofisticado juego de la ficción literaria en el que uno puede jugar a invisibilizarse de modo infinito y seguro a través de identidades imaginarias.      

Tiendo a pensar que la notable creatividad literaria de Fernando García, Ferdinand para sus íntimos, ha chocado de plano con su timidez o con la inexistente voluntad de fama o notoriedad pública que convierte a tantos artistas en célebres impertinentes.

Ha ocurrido en la variopinta historia bohemia de la literatura que se han dado grandes poetas sin obra, narradores que se han pasado toda la vida intentando publicar su único libro potable, artistas de la palabra cuya gran obra fue el silencio que habían escogido como mística salida ante la impotencia de lo literario en representar el horror multicolor del mundo.

A mi amigo Fernando, nombre de la realeza goda  cuyo significado viene a ser “el que reina con tranquilidad”,  le hace falta un empujoncito algo más allá de la higuera y de las frondosidades de su habitación de lector empedernido para que se alcance a valorar con cierta objetividad la obra narrativa que ha ido aquilatando estos últimos años.

Lo que la fotocopia-libro, Relatos y otros textos ocasionales, recoge es una selección de los mejores relatos breves que Fernando-Ferdinand ha ido ideando al albur inspirador de contadas incursiones en las redes sociales y páginas web de aficionados al formato narrativo breve.

El que tras tantos años como frecuentador de librerías, bibliotecas y libros se haya decidido a recoger las pruebas de su labor, también, como narrador, explica el carácter formalmente redondo y compacto de lo que se constituye como su opera prima.

La experiencia de Fernando García como lector se nota en la precisión del lenguaje, en la calidad argumentativa.

Desde el género de la microficción sus relatos atraviesan la fábula, la confesión, el fragmento narrativo, el poema en prosa, la viñeta o el aforismo. Hay ecos de Kafka, incluso de Cortázar y de Borges en muchos de estos textos, que se empañan, indistintamente de humor o de pesimismo. Suele ocurrir que en el ámbito de la narración y sobre todo del microrrelato la gracia o genialidad del texto dependa del desenlace final. También en este aspecto, ha estado alerta nuestro amigo y consigue en más de una ocasión sorprendernos.

Personalmente me veo en la obligación altamente moral de convencer a mi amigo a que se decida a publicar este puñado de textos que certifican un talento nada titubeante y desprovisto de propaganda. Produce placer leer estos textos tan notablemente escritos y herederos de la tradición fantástica y urbana del relato posmoderno.  



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