Este sábado visité la cárcel vieja de Murcia. Había tenido noticia de que se había convertido en un museo y de que, este, estaba abierto hasta las diez de la noche. Pero en Murcia, ya a principios de junio las cosas ya no funcionan exactamente como los medios confirman y el público se desplaza a las playas, porque, efectivamente, di con la carcel pero cerrada. Tampoco importó mucho, pues la exposición que tenía lugar y que durará hasta septiembre, tal y como vi en la tele, apenas consta de un par de imágenes deslavazadas que hacen alusión al juego espacial interior-exterior que es en sí como ha quedado la disposición del lugar. Y eso es lo que he fotografiado, esa suave remitencia de un espacio a otro, esa alusión entre las ubicaciones abiertas de fuera y las de dentro (estas últimas, vírgenes para mí, pues el museo estaba, como he dicho, cerrado).
martes, 12 de julio de 2022
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