martes, 21 de febrero de 2023

EVOLUCIÓN DE UNA ASTILLA SEMÁNTICA




 

Érase una vez un brote sígnico, un tiznajo en la pared blanca de las invocaciones, una pluma abrasada en su propia levedad.

 

Nada era igual a esa hebra de casi nada o de casi algo.

 

Pues, de lo contrario, habría que contar con la presencia de civilizaciones, de alfabetos en danza, de discursos y cuerpos varios.

 

Por lo tanto, era todo y nada en la confluencia probable de un aborto de oración, de un proyecto desvencijado de sintagma.

 

Ahora bien, casi nada ya es algo. Por ello ya es posible investigar, comprobar, tantear, imaginar.

 

Y si imaginamos, cualquier brote de sentido y por tanto de narrativa, de leyenda, de lógica, se hace probable.

 

Y en ese vislumbramiento, cualquier palabra, cualquier sueño de locución ya inventa, posibilita un mundo.

 

El mundo en el que ya están todas nuestras invenciones, todas nuestras tragedias y mitos fundacionales.

 

Por lo tanto, lo dicho: de casi nada puede brotar todo.

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