miércoles, 21 de junio de 2023



 

NONI BENEGAS

FRAGMENTOS DE UN DIARIO DESCONOCIDO

 

La metaliteratura se ha convertido, a veces, en un reboso difícilmente eludible en tanto que grandes pasajes de la literatura moderna han consistido en la adopción de una conciencia crítica del lenguaje utilizado en la expresión, lo que ha supuesto, a su vez, la reubicación de la creatividad del escritor ante los motivos que le estimulan a escribir y qué implica ello, éticamente,  ante las formas posibles de reflejar la circunstancia humana que le atañe representar.

Hasta qué punto somos soberanos dueños del lenguaje supone algo más que demorarse virtuosamente en los pliegues y laderas del verbo: casi diría que al contrario: nos obligaría a atemperar y a limitar con justicia, exhibicionismos y barroquismos subjetivos que puedan tornarse inagotables. 

Creo que el atractivo, diría la maestría, del poemario presente de Noni Benegas, Fragmentos de un diario desconocido, consiste, elementalmente, en atravesar pasajes semejantes a los descritos sin convertir lo que es una revelación en tornadiza emergencia verbal. Noni lo consigue: el difícil equilibrio entre lo que digo y cómo lo digo presentándolo como un proceso vital y emocionante, complejo. Y es en estos fulgentes lodazales de la palabra y del verbo que Noni resulta original, es decir, auténtica en lo que nos va transmitiendo.   

Podríamos decir que la poesía de Noni Benegas posee esa virtud antirretórica: la de ubicarnos con una difícil naturalidad en el centro del acontecimiento, presta a describir el proceso de cualquier percepción o desajuste que sean claves en el advenimiento de la poesía, de la propia vida vivida.  

Noni convierte el “producto”  poético en el resultado de una catarsis no escandalosa, casi implosiva, pero decididamente incisiva y desnuda. 

Prepararse para la aventura poética implica, paradójicamente, despojarse de todos los motivos y estereotipos que la literatura y la escritura  ofrecen como estrategia inicial. Señalando la vergüenza como motor propio de la autenticidad de uno a la hora de expresarse,  haríamos bien  en no potenciar lo oscuro de las palabras porque sí, en no sacralizar el dolor, en cuestionar las significaciones comunes ligadas al sufrimiento.   

Tampoco la potencia expresiva de la palabra debe depender de la alusión. No hay tiempo para alusiones en la posición de Noni: desconstruirse es investirse de la luz que nos queda.  Las formalidades  pretenden determinar el alcance de la palabra, cuando es al revés: es la palabra poética la que emerge o se construye súbitamente  entre los fragmentos de vida que vamos encarnando, superando o transitando.

Lo que permanece elíptico en el poema es elocuente parte integrante del mismo, pero no se busca como efecto o recurso.  

El juego de las identidades - quién es y cómo siente el que escribe y qué poesía, finalmente, se nos revela como representación final de esa sensibilidad,-  se nos muestra a través del calculado vaivén de  los textos en prosa y de los poemas.

Los textos en cursiva son esa voz en off que nos cuentan cosas, tanto subjetivas como cotidianas, sobre la autora de los poemas, y estos son la expresión formal y literaria de esa autora llamada, presuntamente, Noni Benegas.

Representar el proceso de la originalidad escritora, nos obliga a sobrevolar  estos cauces sin disfrazarnos con alguno de sus papeles o roles.     

Parece un tema ya muy tratado por la crítica, pero Noni Benegas lo vuelve a hacer interesante: qué realidad personal se construye en la localización de los discursos que la poesía termina trascendiendo,  en qué consiste la autoría a la hora de definir una hermenéutica del sujeto que escribe.

  

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