jueves, 24 de agosto de 2023

DIARIO DE AGOSTO

 



14 DE AGOSTO. LUNES.

 

Lucha contra el calor. He convertido mi casa en un bunker. Parapetado tras montañas de libros y con el aire acondicionado a toda pastilla, no salgo sino a comprar agua, algo de comida y alguna chuchería. El resultado: provocar un fuerte estado de ansiedad: lo que estoy deseando es salir fuera, pero fuera me aso y dentro me ahogo. 

 

Me aislo del exterior como si hubieran bombardeado con bombas atómicas y la radiación se extendiera sobre cualquier sitio y hubiese que huir y esconderse a toda costa. Paradójicamente y como desafiando la obviedad, cuando menos me entero del efecto del calor es cuando me veo obligado a salir, cruzo las calles ardientes, yendo  con el carrito a Mercadona. Para mi sorpresa, atravieso bloques de luz solar sin que el calor me provoque grandes molestias. Cuando regreso, subo las escaleras y entro en casa es cuando la mayor incomodidad del mundo me aplasta y el alma me suda a mares.

 

Cómo envidio a los comentaristas deportivos de la radio. Tienen una energía infinita, a cualquier hora del día, en cualquier momento del año. Me importa un pimiento lo que dicen, lo que me estimula es escuchar ocasionalmente  ese chorro entusiasta de palabras, ese tono eléctrico.

 

 



15 DE AGOSTO. Martes.

Día de fiesta, algo relativo a la Virgen. Estas fiestas súbitas en medio de la semana, en medio del resto de los días laborables, me resultan fatales.  Una fiesta de este tipo corta el flujo de energía de los días normales, convierte la ciudad en un repentino cementerio y me aísla todavía más de lo que estoy. El día se hace interminable y tengo que recurrir a las pastillas.


La pululante fantasmidad de las redes sociales.

 

Ya le pillado el tranquillo a la poesía de Asbery. Es una poesía con un, lo llamaría yo,  importante componente psicologista que intenta aludir a los procedimientos psíquicos íntimos del sujeto que se enfrenta o relaciona con su prójimo y su entorno. Se percibe un cierto mensaje de esperanza, de inteligibilidad entre las personas, descubriendo, de este modo, la entrañabilidad que debe dilucidarse en las experiencias humanas. Por el momento, lo que compruebo es que es una poesía con escasas imágenes. No es que un poema sin imágenes se me haga incomprensible, pero sí menos grato a la hora de leerlo. La imagen es el don del poeta, una muestra de su generosidad y creatividad.

 

Sueño constantemente con mis padres. La última novedad, digamos, es que  al ir despertando, creo que están conmigo, en casa, vivos, que se encuentran en la cocina o el salón. Cuando me despierto del todo, a punto de incorporarme, experimento una tremenda sensación de desencanto  al darme cuenta de la realidad.

 

A última hora del día he recuperado lecturas jugosas de Lezama Lima y María Zambrano. Lezama Lima me hace recordar por contraste la penuria que percibo hoy en la literatura actual. Ya no hay señores de la palabra, demiurgos de la imaginación. No hay atrevimiento para ello. Ni espíritu. Y quien, desde la poesía o la narrativa crea un mundo liberado de las asunciones ideológicas y normativas actuales, tiene que excusarse o explicarse por ello. Justificarse, vamos. Sobre todo en poesía y en Europa, cualquier excursión libre por el manejo del verbo se tilda de anacronismo, de salida escandalosa del guión.  Lo políticamente correcto ha entrado en la poesía. Leo con mucho interés El sueño creador de María Zambrano, una aproximación verdaderamente filosófica, que no psicológica,  al mundo de los sueños.   

 

 


17 DE AGOSTO. JUEVES.

 

Hoy se han constituido las cortes para el nuevo gobierno todavía irresuelto. Que el gobierno del país dependa de esa tribu lamentable de los independentistas, resulta irritante y absurdo. A veces, uno no entiende, teniendo en cuenta la extraordinaria historia de España, cómo es que el país se mantiene ahí: con el acoso de los inconstitucionales, la tendencia atomizadora y descentralizadora del pensamiento de izquierda, la complicidad imbécil de los socialistas con los separatistas, etc..

 

Yo creo que a la izquierda le tiene que llegar  el momento de su catarsis y bajarse un poco de su olimpo teórico. Todo, absolutamente todo, cualquier aspecto relacionado con la izquierda tiende, por su horror al autoritarismo, a la descentralización obsesiva. Lo que en su momento fue una virtud puede convertirse en todo lo contrario cuando los contextos cambian. La fragmentación del poder, presunta o elementalmente inspirada en la democracia, corre el riesgo de convertirse en dispersión, en volatilización de una unidad que no por ser sólida o firme tiene que ser negativa.

 

Cuando escucho todo el abanico temático del discurso de izquierdas, más me afirmo en esa idea: la necesidad de que la izquierda pase, experimente una catarsis teórica que la actualice y la aleje de todos los estereotipos que utiliza a tutiplén y que como tales se agarran a las mentalidades como garrapatas.

 

El drama y la verdad de la izquierda de hoy: todo lo  que se cree  bueno y se intenta imponer se convierte automáticamente en su contrario.

 

La izquierda de hoy, a través del pensamiento de lo políticamente correcto, se trasviste de cursilería y se convierte en mera imposición autoritaria.

 

Es más, y lo peor: la izquierda es hoy el nuevo puritanismo. Caso clarísimo: la feminista que poseída diabólicamente por la verdad, critica que la mujer se convierta en mujer-objeto, cuando la modelo, azafata o incluso, prostituta que tiene delante en un debate se revuelve contra ella. La feminista se convierte aquí en una de aquellas guardadoras de las buenas costumbres que pululaban en las sociedades protestantes a principios del siglo XX.

 

 


VIERNES. 18 de agosto.

 

Más de 48 horas sin salir de casa. Para obligarme a salir, me dirijo al supermercado a comprar un par de chucherías y a la librería para traerme los sonetos de Shakespeare y una selección de aforismos de Rabindranath Tagore. Si no es por esto, no salgo a la calle.  

 

Los políticos crean problemas allí donde no los había. Los políticos hoy crean problemas en vez de resolverlos.

 

Detesto a la chusma independentista. Son ellos los insolidarios, los involucionistas, los oportunistas, los falsarios. Basura pura. No existe estado totalitario. Es su neurosis, su miserable esquizofrenia quien inventa un monstruo político imaginario.

 

Qué razón tenía ese editor francés de la obra de Unamuno en Francia al decir en un programa de televisión: España está enferma de política.

 

Lo grave actualmente es que sólo hay debate político. Cualquier otra temática o aspecto de la vida social se vincula a lo político, halla ahí su presunta clave.

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