martes, 3 de octubre de 2023

NADIE ME BUSCA




 

La unanimidad de la frase es desoladora. Ese nadie es tan contundente, tan aniquilador del ánimo, que parece que no pueda cundir sino la más amarga desesperanza.

La frase- ¿es gramaticalmente sólo una frase? - se convierte en lamento y protesta.

Lamento: parece que alguien se queje de su destino en lo más profundo de una mazmorra, en la soledad de su habitación, perdido en mitad del desierto.

Protesta: se desliza la protesta cuando confirmamos que, lamentablemente, nadie se toma la preocupación de buscarme, que nadie piensa en mí, que ante mi persistente ausencia todo el mundo tiene otras prioridades. Es entonces cuando se revela el pésimo estado moral de mi prójimo que ignora mi suerte y no le importa. Aquí la frase se convierte en crítica de toda una sociedad.

La frase es tan aplastante como redonda. Puede musitarse o gritarse, pensarse o escribirse. Indistintamente, el círculo semántico que limita y cierra sólo permite las variaciones de la entonación, pues el carácter de lo real es inamovible mientras no ocurra algo.

Si aconteciera algo, que yo supiera que alguien sí ha pensado en mí y está articulando gestiones para buscarme, la incidencia de ese inicio de movimiento, de acción, pondría un matiz de contraste a la soledad casi definitiva de la frase y en mi interior su aspecto monocolor recibiría un baño más o menos remoto de viveza, de despertar al despliegue de la frescura vital, a la resurrección.

Yo, emocionado, comenzaría a ver que el carácter fatalista, último de mi frase-protesta ha sido ilusorio. No iría a constatar sino que la inmovilidad física, semántica no puede ser infinita, que cualquier mínimo desplazamiento atómico en las voluntades puede germinar en un acto que al influir en un estado indefinidamente pasivo, se convertirá en fecundador de consecuencias y de paulatinas alteraciones.

Nadie me busca, decía el espectro aforista de mí. Y puedo vivir dentro de la aseveración del aforismo pues lo dicho relata con economía de medios  cómo estoy.

Pero cuando me encuentren, ¿seré el mismo de antes, recuperaré la energía perdida? ¿Consideraré que los barroquismos oscuros en el sentir no dependen sino de una buena organización comunicativa?

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