jueves, 30 de noviembre de 2023



Jhon Ashbery

pOeSÍa

 

Hace tiempo que interpreto las obras de los grandes poetas como ofertas mágicas de mundos. Literalmente. Ningún arte verbal más identificado con la música y el encantamiento chamánico que la poesía en cualquiera de sus universales variaciones.

Precedo mi comentario con estos matices para explicar no sólo el esfuerzo que he empleado en introducirme en una obra poética totalmente desconocida sino también, obviamente, para señalar el trabajo intimo que ha provocado que me interesara hacer cosa tal, es decir, llegar a entusiasmarme con un texto hasta el punto de desear leerlo.

 

Leyendo estos, en apariencia, densos enjambres de palabras, he encontrado unos motivos y unos tonos que me han resultado familiares: esa coloquialidad de algunas película norteamericanas de los setenta, junto a cierto discurso que se deriva de la aceptación y utilización de tales lugares comunes.

 

Asbery practica una metaforización de la morralla que emerge en los márgenes del lenguaje, manipula y emplea, si se me permite, algunos aspectos de lo que podríamos denominar la vulgaridad americana para convertirla en material expresivo, mezcla esa forma de interpretar las cosas y articula los híbridos que son sus poemas sin que se noten las suturas formales. Asbery no es un hermético, lo que ocurre es que para el lector neófito o, quizás, no norteamericano el abigarrado folklore verbal que anima  el poeta produce ese efecto de ebullición de la palabra en torno a nada y en torno a todo.

La poesía de Asbery no revela misterios: recoge  el efecto de un impacto que   implosiona multidireccionalmente en el seno del poema. Su poesía es el reflejo de situaciones abstractas en vías de deslindarse de sí, conjuntos súbitos de imágenes, fenomenalidad lingüística derivada de la percepción de que las cosas suponen grupos de cosas, de microacontecimientos, de ramificaciones rotundas.

Hay cierta circularidad en los poemas de Asbery: la de concebir cualquier punto del espacio como origen de una historia, más o menos elusiva, más o menos fugaz o indelimitable. La palabra tiene aquí la propiedad de rescatar cualquier matiz olvidado, restablecer la perspectiva ahogada por el cúmulo de cosas gratuitas o el tiempo.

Para mí la obra de un René Char resulta diáfana si la comparo con la de un Asbery. Tendría  que frecuentar más la poesía del norteamericano para ubicar con mejor óptica la imbricación de sus textos y no confundir la atomización pluridimensional de su poesía con las revelaciones del oráculo que sí veo en la obra del francés.

Como no hay espacio vedado a la eclosión demiúrgica de la poesía, eso es lo que me gusta de la inventiva de Ashbery, que sus poemas nazcan de cualquier punto de la abundosa prosa del mundo.

 

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