jueves, 22 de enero de 2026

 

SENTIMENTALMENTE

Lo que últimamente me está ocurriendo cada vez que evoco algún recuerdo relacionado con los últimos años o me vienen a la cabeza cosas ocurridas hace mucho tiempo, se parece a la sensación que uno tiene al sumergirse lentamente en una bañera: una suerte de velo vibratorio me recorre el cuerpo y me cubre la mente y una mezcla de melancolía intensa y dulzura mezclada, me sume en un estado de fuerte abandono. Me atomizo, por instantes, en lo remoto que fue y ya no volverá a suceder. Este no volver a suceder de las cosas se refiere a que no volverán  a suceder del mismo modo que antes. Lo pasado se preserva en la memoria como en una suerte de cámara frigorífica pero es imposible resucitarlo, o, al menos, resucitarlo del modo en que uno lo desearía, es decir, de modo inmediato, casi por arte de magia. Esperanzar el presente puede realizarse, claro está, a través de la lectura de un poema, gracias al poder evocador y cordial de la música, reinstalando motivaciones varias que impliquen a tu inteligencia en el ahora, recuperando las relaciones personales con los demás, limpiando de pronósticos pesarosos la vida que te es dado vivir y que legítimamente te pertenece…

Mi estado de ánimo postnavideño es este: una especie de crepitación continua del pasado que cada vez se afantasma más y más, perdiéndose en un túnel oscuro y junto a ello una sensación que sí es patógena y que tiene que ver con lo más amargo que soterradamente me tortura: lo que nunca llegué a vivir y con el tiempo, se envuelve en la cuasi certeza de que nunca viviré.


Todo esto se vivificó el otro día cuando, examinando páginas en internet de fotografía artística, de pronto di con esta imagen que me hizo viajar enseguida a los años ochenta y a las ilusiones que un chico de veinte años, entonces, quizá pudiera tener: una delicada señorita sirviendo en una sofisticada cafetería.

¿Por qué esta imagen me atravesó el alma como una flecha y me hundió de inmediato en una tristeza dulce y letal,  a la vez: porque tal flecha quizá fuera de Cupido? Ay, ay… Llegué a pensar que esta chica anónima quizá me recordaba a alguien, a alguien a quien viera fugazmente sirviendo en algún local hace décadas y me hiciera tilín… No sé. La cuestión es que al dar con esta foto, todas las delicias y sueños de los ochenta se levantaron simultáneamente en mi imaginación para volver a sumirse en la sombra en donde permanecen enterrados. La reacción típica del alma que reverdece ante una alusión a las maravillas vividas para desilusionarse casi al mismo tiempo y regresar a su letargo indefinido. En ese limbo de virtualidades y vida no vivida es en donde, actualmente, me encuentro.

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