Iba a poner Diario autumnal, pero por miedo al
preciosismo o a lo cursi, lo he dejado en un adjetivo más reconocible…más normal. Ahora bien, autumnal no es precisamente, cursi ni preciosista sino más solemne
que otoñal, por ejemplo. ¿Censuramos lo esteticista o es que tenemos miedo a
calificar noble y bellamente las cosas porque Europa tiene miedo a ser
exquisita?
Las estrategias de la
esperanza. Por la tele dan la noticia de que una chica, tras cuatro visitas a
distintos médicos, fallece de una trombosis cerebral no diagnosticada. Pasan un
vídeo de hace un par de años, en el que aparece la chica, a quien sus
familiares y amigos, regalan distintos muñecos de peluche. Uno de ellos es el
ratón Mickey. Al descubrirlo, la
chica fallecida, abre desmesuradamente la boca, expresando alegría y sorpresa
al haber recibido ese muñeco en particular. No es que la chica vaya a ir
corriendo a jugar con ese muñeco, sino porque un personaje que le daba
bienestar y felicidad, viene a ella encarnado, también, en peluche.
Atravieso la glorieta por
la tarde, sin haber anochecido del todo. Este fin de semana pasada se cambió la
hora. Montones de hojas cubren el paseo dispersamente. Piso con voluptuosidad
la hojarasca. Son como masas cálidas que la naturaleza reparta azarosamente,
como si quisiera acariciarnos antes de que la venida del frío nos vuelva algo
más hoscos y nos miremos con hostilidad por la calle.
En los tiempos de mis
padres, bastaba una mirada para que las llamas de Eros encendieran deseos y
fantasías. Ahora, es algo así como imposible, a no ser que estés en la playa o
en pubs diseñados para la ocasión. Por la calle, basta que fijes la mirada en
una chica para que acelere el paso y salga pitando o te devuelva la mirada con
un incomprensible gesto de dignidad ofendida. Cuando ocurre esto no dejo de
observar reacciones más que neuróticas, ideológicas, sobre todo las relativas
al feminismo más elementaloide o burdo: el hombre es un agresor, esa mirada
puedes interpretarla casi como un acoso callejero, ellos no piensan en otra
cosa que imaginarte desnuda, etc. Yo, a veces, miro con atención a alguna chica
atractiva, suplicando comprensión, alguna suerte de remota complicidad que
prestaría gracia a esa mirada que dura décimas de segundo. Pero, cá, nada,
miran al frente orgullosas, despreciando tu atención, con gesto militante. Y
aunque tengan sobrada razón histórica para reaccionar así, a mí me dejan
desolado, continuando con mi pobre marcha de solitario sin remedio.
El que duerme, dónde está
mientras duerme. Genial observación de María
Zambrano. Quien duerme permanece en
un curioso estado de reposo en el que todas las funciones vitales quedan aparentemente
suspendidas, aunque no anuladas. Pero a
Zambrano no le interesa comprobar si estando dormidos, el cerebro continúa
trabajando y en alerta. Su pregunta por dónde está el que duerme es una
pregunta filosófica, va más allá del conjunto de consideraciones fisiológicas,
planteando así una reflexión sobre el Ser. En cierto sentido, el sueño es una
interrupción del ser del Ser, es una anormalidad este dejar de ser, este
sumirse en un ser de baja frecuencia que luego, al despertar, se incorpora
bruscamente a la realidad, a su ubicación espacio-temporal ordinaria. ¿Cómo
dejar de hacerse cargo de lo que deviene en la realidad a través del sueño, del
mundo que nuestros sentidos delinean? Al preguntarse María Zambrano dónde está
el ser mientras el sujeto duerme, insinúa que el ser retorna a su estado
primario o arcaico, al umbral del acontecimiento que le conectará con el cosmos
y con su prójimo.
En la poesía algo
pedregosa de Jesús Hilario Tundidor
encuentro, sin embargo, imágenes brillantes y contundentes: a la sombra del pino las edades son archipiélagos; Árbol deshabitado y en
exilio; somos la trágica milicia
destrozada del tiempo; la longitud del alba por los surcos… El valor
explicatorio, sintético, metafórico de la imagen. Es como el resumen desplegado
de una relación compleja de elementos, en el que la lógica de esa relación se
justifica por el poder simbólico que cada elemento representa.

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