viernes, 19 de octubre de 2018

AFORISMOLANDIA.


 

 
AFORISMOS DEL NO MUNDO. Juan Eduardo Cirlot.
LA MEDIDA DEL UNIVERSO. Teixeira de Pascoaes
 

El aforismo es el formato óptimo para la expresión  rutilante y sintética,  la ocasión para el derroche de audacia y genialidad exhibitoria. Fuego artificial del pensamiento, el aforismo como género de escritura configura una estrategia propia y su misión es registrar la realidad en su máxima intensidad, en su desenvolvimiento más vertiginoso. El aforismo confirma la fascinación filosófica ante la realidad y sus procesos.

Los dos conjuntos de aforismos que presentamos aquí son igualmente brillantes y ejemplares de esa filosofía de lo fulgurante.

Los aforismos de Cirlot configuran una ontología propia. No son tanto merodeos  asistemáticos como calculadas indagaciones en una sola dirección.  Nos gustaría vincular estos aforismos con el gnosticismo, pensando que es ahí donde Cirlot, como poeta, se sentiría más cómodo, pero, para ubicarlo,  resulta más correcto pensar en nombres de grandes filósofos y en desarrollos últimos de la tradición metafísica. De todos modos, me parece que es precisamente por ser poeta por lo que Cirlot, a quien Alejandra Pizarnik tildaba de “inteligentísimo”,  se interesó en los aspectos fantásticos de la metafísica.





Del  portugués Teixeira de Pascoaes, también poeta, se nos ofrece aquí una surtida antología de aforismos críticos y agudos, producto de la videncia del poeta que, sobre todo, tienden a la denuncia.

De Pascoaes reivindica los valores de la poesía frente a los descarnamientos de la ciencia y las desasosegantes urgencias del progreso. ¡Morirás por tu belleza! nos espeta el poeta, trocando nuestra inocencia en paradójico  motivo por el que la nueva sociedad y sus paradigmas de alienación, nos harán súbitos reos del orden impuesto.

Deleuze defendía al aforismo como forma de pensamiento pues refleja la velocidad y la intensidad cualitativa de los tiempos actuales. Efectivamente, el aforismo es veloz y creativo y estas dos muestras aquí publicadas por Renacimiento en su colección A la mínima, lo confirman brillantemente.  
        

lunes, 15 de octubre de 2018

Apuntes escritos


 
 


En toda militancia hay una especie de delirio, de irracionalidad.

 


Leyendo interpreto lo que estoy leyendo que debo saber leer bien para poder saber interpretar bien porque…

 
 
La alucinación que hace ver como ideológica toda reacción ya se ha venido abajo en gran parte. Precisamente porque la realidad ofrece giros y derivas que no admiten la linealidad ideológica como definición irremediable e ineludible de las cosas. Es más, se hace necesario, y sobre todo ante el panorama nacional e internacional actual, sobrepasar, puntualmente, la ideología, doblegarla.

 
 

Que fluyan las cosas y los mundos y las personas y sus opiniones y sus gestos y sus aventuras... En cuanto pillemos o nos topemos con lo que podríamos conceptuar ineludiblemente como signo, detengámonos para investigar, para  analizar, para descomponer, para comparar, para dilucidar, para contextualizar…

 

La secuenciación de un fenómeno es la historia de su acontecer.

 
 
 
 
¿Existe algún nacionalismo democrático?

 

Un contemplativo es alguien que respeta las cosas en modo superlativo sin ser caricaturesco.

 


Declaración de que si se anulasen las autonomías, la multiplicidad de seres y temperamentos seguirían existiendo dentro de la nación, dentro de España: “el pluralismo es verdadero pero se cumple en el seno del monismo”. (Ontología, Juan Eduardo Cirlot)  Se trata de la dialéctica del fragmento y la unidad. Uno no puede pasar sin el otro, que lo compone y viceversa.





Lo obvio es que existe el signo, que se está dando en los más diversos ámbitos. Lo que no es tan obvio es qué significa, qué implica la presencia de estas alusiones densas y concretas. Y a partir de aquí se inicia la labor de los especialistas, de los analistas sociales, de los filólogos, de los filósofos. O sea, que la labor teórica sigue siendo imprescindible.

 

En el artículo La belleza que figura en el volumen publicado  por Lumen, de Umberto Eco, A hombros de gigantes, el autor italiano habla de una distancia entre la obra de arte y el sujeto que la disfruta. A diferencia de otras pasiones, podemos gozar de una obra de arte sin poseerla, sin ser propietarios de la misma. Esta suerte de curioso desinterés certifica, sin embargo nuestra delectación y nuestra percepción reverencial de la obra. Resulta curiosa la similitud que este detalle de la asunción de la obra artística ofrece con el famoso y numinoso concepto de aura  ideado por   Walter Benjamin. El concepto de Benjamin se refiere a la significación profunda de la obra de arte, a su originariedad, a su naturaleza. La de Eco alude a los usos y valoraciones del sujeto de los altos productos de lo artístico. Distintas perspectivas sobre un mismo fenómeno que, sin embargo, basan su valoración final sobre un mismo motivo: el distanciamiento respetuoso del hombre frente al arte y el distanciamiento indefinible desde el que  la obra emite su fulgor.      




Amo a personas que no existen. ¿Es esto una chifladura o lo más normal del mundo, qué futuro tiene este tipo de amor?

viernes, 28 de septiembre de 2018


 









 

 
FOTO
 
Este es el punto
desde donde divisas el pináculo del puente
y la bella grúa
convertida en gráfico
sobre el cielo de la tarde.
Porque desde aquí inventas lo que miras
mientras más lo miras:
nubes rosadas, pináculo, puente,
grúa.
Las imágenes se te dan
porque has acertado a estar aquí.
Y la trémula correspondencia
consiste en hacer brotar las figuras,
en hacer tuyas las formas
que están enfrente de ti.
La dicción de tu visor
segrega imagen,
la que tú configuras
y discriminas del resto informe.

miércoles, 26 de septiembre de 2018

AGENDA


 
 
 
 

El ornamento no es meramente producción, escudo,  sino exaltación.

 

Tu frente: friso delicadamente noble que llama al beso confirmativo.







Cansancio del hermetismo absoluto. He adquirido dos volúmenes de poesía, la poesía reunida de Wallace Stevens, en Lumen y la obra completa de Paul Celan en Trotta. Después de tiempo sin leerlo, Celan me exaspera: hay que descifrar continuamente  lo que dice a cada verso. Y eso cansa.  Y ese descifrar consiste en intentar averiguar a lo que se refiere con la sola imaginación de la  lectura, en primer lugar; luego en contar con la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto como elementos contextualizadores de lo leído, y después, si uno conoce alguna información añadida que tenga que ver con las intenciones, motivos o con el poema en cuestión, sumarlo a lo demás. Básicamente, y a grandes rasgos, para leer a Celan cuentas con esto y ya está. Wallace Stevens es un poeta también difícil y sorpresivo  pero más inteligiblemente ubicable. El resultado en la lectura es que fluyes más y obtienes más placer de una lectura del segundo tipo, aunque ambas obras sean materialmente primas hermanas en lo que transmiten y dicen.     

 

Si hubiera una frontera unitiva la buscaría en el sueño donde convergen revelación e imagen, fuente y destino sugerido de las energías.

 
 

La solicitud de la nieve es que la transites como si lo hicieras a través de un fulgor: quedamente, ingrávido.

 

Debes resucitar para luego morir algo más confiadamente…

 
 
 

Sobre gatos y perros. El gato es sensual y fiero, animal esotérico adorado por egipcios y poetas decadentes. Pero en vano esperaríamos que un gato salve la vida de alguien, como en numerosas ocasiones han hecho los perros y no perros, precisamente, adiestrados. Lo que el gato tiene de misterioso y sensual, el perro lo tiene de inmediato y noble.  



miércoles, 19 de septiembre de 2018


 
 
 
ARGENTEUIL EN INVIERNO. (Monet).
La imagen que nos conjura,

¿es un recordatorio de lo que la memoria vigila,

o es, precisamente, sólo ahí, en ese marco

donde soñamos que la nieve cae, dulcemente?





 

lunes, 17 de septiembre de 2018



 
 
 CUANTO ABARCAN LOS OJOS.
TAKAHAMA KYOSHI.
 Colección maestros del haikú.

 

La comprensión del haikú nos integra en el homocentro de una percepción harmonizante y nos hace descansar de las profusiones barrocas en que se mueve el espíritu occidental. Esta es meramente una impresión que luego se esfuma o se contrasta – Japón rabiosamente occidentalizado, los occidentales produciendo haikús por docenas -  pero que deja una sorpresiva nota pendiente de confirmación con respecto a las distintas dosificaciones de la razón y los tipos de comunión estética.

Porque está claro que el que un poeta japonés emplee todo un día, o una semana entera en escribir: Se va fluyendo/y en rápida corriente/la hoja del nabo, no puede tratarse de una broma o de un error, que en esa operación de poiesis hay tanto un cálculo formal como una imagen, e ínsita, toda una fenomenología. El haikú es algo serio, delicado, su aparente escuetez es ilusoria pues se trata de la percepción de una imagen poética que representa el movimiento de todo un cosmos. Ante el haikú, el rayo fulminante de la razón occidental, debiera detenerse un poco, examinar qué notable invisibilidad ontológica lo rodea, a qué tipo de liturgia y de certeza pertenece este dosificadísimo registro, a qué sutil espiritualidad responde.

Creo que lo que la razón occidental obtiene de su examen del haikú es una nueva y grata valoración de las categorías, basada en intensiones, gradaciones y redefiniciones. La discreción del haikú no es un juego caprichoso, es la respuesta a una contemplación, a un orden que hay que saber comprender para instalar sus términos y, aunque solo sea con la imaginación, justificar la selección que haya realizado el haikú frente a la diversidad del universo.

Me veo en la obligación de hacer estas observaciones, a estas alturas, yo, que ni soy adicto al haikú ni lo pervierto con imitaciones para pasar el rato, porque advierto la delicada complejidad de este tipo de poesía, que reside no tanto en la mera imagen sino en la filosofía en la que se encuadra. (Remito al lector al seminario publicado por Siglo XXI, La preparación de la novela, de Roland Barthes, donde pueden encontrarse un puñado de observaciones bien agudas sobre   el haikú)  
Ciertamente al poeta japonés de hace un siglo, quizá le parecerían ininteligibles textos nuestros barrocos: a nosotros lo que nos parece ininteligible es la sencillez del haikú.
Quizás haya pocas maneras de ilustrar tan óptima y entretenidamente la aproximación al haikú en nuestro mercado editorial como en esta colección, Maestros del haikú, de la editorial Satori. La selección consta de la edición bilingüe del poema, - en japonés y español -  una breve explicación del contexto de cada composición y detalles puntuales pero precisos acerca de los versos traducidos y cuestiones gramaticales. Todo ello está tan proporcionadamente repartido entre las dos páginas que obtenemos al abrir el libro,  que tales páginas funcionan conceptualmente como una sola, adquiriendo una apariencia tipográfica por la que la mirada hace eso, mirar, además de leer. La página izquierda contiene el texto en japonés, bajo el que figura la transcripción en nuestro alfabeto de cómo suena el poema en su lengua original; en la página derecha  figura la traducción, las indicaciones circunstanciales de cada poema y las explicitaciones sintáctico-semánticas.  

Esta edición recoge la obra de Takahama Kyoshi (1874-1959) que nos muestra un repertorio muy tradicional aderezado de algún detalle curioso. En la lectura de los haikús llama la atención la fidelidad del poeta a lo que observa de la realidad, no a lo que inventa.  La presencia de adjetivos en los haikús más clásicos sería un desastre, un pecado contra esta liturgia del detalle específico, del mini episodio. Podríamos decir que cada haikú sería como un cromo, como una postal. Aquí la relación profunda del haikú con la fotografía  quizá esté pendiente de analizarse. 
 

UN CONFÍN DE CIELO PARA TUS PÁRPADOS

  Esta foto de Lee Friedlander se parece al tipo de fotografía que yo he ido haciendo en mis escapadas urbanitas los sábados por la tarde.....