miércoles, 26 de febrero de 2020

DOS OBRICAS...




BREVIARIUM VITAE. Juan Gil-Albert.

Juan Gil-Albert, desde el punto de vista del gusto literario y del pensamiento escrito, siempre me ha parecido una naturaleza exquisita  y, con respecto a  su persona, dueño de una gran discreción. Ahí, quizá, resida, su carácter atípico, además de sumarle las especiales circunstancias históricas que vivió y que determinan los períodos de su biografía. Hace años leí su Herakles y La fascinación de lo irreal, y me atrajeron los vericuetos de una prosa infrecuente en España, tendente a una especulación estetizante, perfectamente legítima dentro de los cánones modernistas y simbolistas, todavía explotables lejos de los años en que tales movimientos aparecieron en el horizonte europeo.
Precisamente, la especulación prosística puede tornarse fecunda en los límites de la biografía, y son varias las obras de Juan Gil-Albert que rondan el rico mundo del yo, describiendo los términos de una experiencia estética que no solo se limita al juicio sobre obras y escritores, sino sobre temperamentos y devenires sociales. En los dos volúmenes de este breviario íntimo, Breviarium Vitae, publicados en 1979, Juan Gil-Albert emplea su capacidad escritural adaptándola a la síntesis y a la densidad conceptual del formato breve. La redacción precisa y brillante del aforismo, nos lega una obra compacta, llena de apuntes interesantes sobre arte, literatura y sobre la España de entonces (años 40 y 50). Hay en Juan Gil-Albert, una preocupación social y ética, que viene a equilibrar las incidencias de orden puramente literario de su producción. En este breviario vital, nos encontramos con un rosario de observaciones de este tipo que, a través del tiempo, nos acerca, de forma inteligente, la figura sutil y precisa de Juan Gil-Albert, a nuestras propias apreciaciones sobre semejantes temáticas.





 VENECIA. Henri de Regnier.

La editorial Voltaire se ha autoimpuesto en los últimos años, rastrear la existencia de personajes, escritores y obras, dentro del área gala, de rareza notable y calidad literaria suficiente. Este escritor, Henri de Regnier, (1864-1936) miembro de la Academia francesa y alumno de la estética de Mallarmé, se nos presenta aquí como un apasionado de Venecia, como un minucioso estilista de los parajes, ambientes y rincones de la ciudad. El presente volumen está integrado por textos de distinta índole pero semejante motivo: artículos, narraciones, fragmentos de diarios o estampas sobre temas y personajes venecianos.
La obra veneciana de Regnier no da sino lo que da: una descripción meticulosa de todo lo veneciano, envuelto en el denso encanto de lo decadente. Desde los meros reflejos de la luz sobre las aguas que circundan  la ciudad, hasta detalles sobre pinturas, escritorios, celosías, arquitecturas, cafés, amores rotos y ecos de campanas sobre la laguna solitaria en el crepúsculo, Venecia supone un catálogo de objetos y motivos, un surtido que justifica la más dispuesta inspiración. Venecia es un confín mágico donde perderse al encuentro de la belleza. Los textos reunidos aquí de Henri de Regnier son un jugoso y prieto muestrario de lo que poéticamente puede vivirse en un lugar tan singular, en este espacio encantado de palacios sumidos en líquidas texturas, de plazas salpicadas de luz y  largos silencios:  el destino por antonomasia de la saturación poética  y la suspensión del tiempo.  


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