miércoles, 20 de diciembre de 2017

ESTOS TRES LIBROS, POR EJEMPLO





HOMENAJE A BORGES. María Kodama

Creía, cuando salió, que este libro era una obra biográfica, un conjunto de los recuerdos más entrañables vividos por María Kodama con su jefe y, después,  marido, Jorge Luis Borges. Lo que recoge el libro son las conferencias, o bien todas o las más importantes, dadas por Kodama, tras la muerte del escritor hasta ahora. Creo que si Kodama hubiera escrito un libro de memorias el resultado sería más interesante, pues de este modo en que ha aparecido, el libro no funciona sino como una especie de repaso de la obra borgiana y de su temática, que a oídos de los borgianos puede sonar como algo reiterativo y no muy original. Las conferencias leídas suponen un material algo liviano, desprovisto de la emoción de la exposición en vivo. Aunque todo lo relacionado con Borges es siempre interesante, al material seleccionado aquí le falta ese cuerpo y esa sustancia que habría tenido de haber sido redactado como ensayo y no como un conjunto de textos para ser leídos en público.

 

 
 
 

 
 LÁGRIMAS Y SANTOS. Emil Cioran.
 
 
Durante un tiempo, la figura de Emil Cioran me fastidiaba, lo creía un especialista en abismos, un charlatán de lo complejo, que había adoptado con gran mimetismo, ese experto discurso a la francesa, tan pegajoso como rumboso, amante del análisis de lo peligroso y heterodoxo. Poco a poco esta imagen se fue desvaneciendo hasta que por fin ha desaparecido del todo con el encuentro y lectura de este libro. No sé si es muy correcto hablar de Cioran como un filósofo, puesto que ni se adscribe a tendencia concreta ni presenta formal doctrina. Estaríamos más cerca si hablásemos de escritor filosófico o ensayista, y más próximos todavía si lo definiéramos como aforista sin contemplaciones. Efectivamente, la inteligencia de Cioran no se detiene en detallar teorías, sino que concentra todo el poder de su flamígero discernimiento en el detalle mismo, es decir, en nódulos informativos intelectivamente irreductibles que se presentan como párrafos contundentes de un texto articulado de este modo, en párrafos y frases. La aprehensión intelectual de Cioran es tan aguda e intensa que casi diríamos que sus obras son ejercicios de estilo si no fuera porque los contenidos exponen un material dilucidado del que no sobra un ápice. Son puro músculo y fuego. En esta ocasión, el yunque perforador de Cioran se adentra en un terreno tan sorpresivo como suculento: la mística y las vidas de los santos. Cioran valoraba esta obra, que por primera vez se edita en su formato original integro, como su mejor libro, como su pieza preferida.

Aunque armara revuelo en su momento, cuando se publicó, en la década de los años treinta, no veo en el texto ninguna voluntad de frívolo anatema sino una pasión por conocer y discriminar territorios, un deseo febril por investigar el proceso místico, y saber en qué consiste el tiempo, la eternidad y el papel de los santos en el cosmos. No es meramente una obra crítica sino, también, la expresión de una sensibilidad y de un agitado desasosiego íntimo: si los santos son el ejemplo humano increíble del emprendimiento divino, las lágrimas son la revelación silenciosa de una presencia divina y de su inalcanzabilidad. Estremecimientos de felicidad y temor ante lo que permanece inescrutable colindan en el horizonte. La dolorosa lucidez de Cioran se interna, pues, en los densos y fulgurantes ámbitos de la pasión mística y el resultado es este admirable texto que se disfruta y nos deslumbra desde la primera a la última palabra.

 




  VERANO EN LOS LAGOS. Margaret Fuller.

No hay nada que me produzca más felicidad que visitar una librería y descubrir tanto una editorial como un autor nuevos y encima, que tal autor corresponda a una geografía y a una época sobre cuyas expectativas literarias yo haya fantaseado previamente.  Esto es lo que ha venido a ocurrir cuando di accidentalmente con esta obra y con esta autora. Últimamente el espacio norteamericano se ha convertido en un pequeño reservorio de hallazgos editoriales: los ensayos y diarios de Emerson, la obra completa de Thoreau, la de Emily Dikinson, y ahora esta selección de artículos de una, para mí, completa desconocida: Margaret Fuller. No he encontrado en la red sino una sola foto, un daguerrotipo, de la escritora, y no sé cómo valorar esta escasez. ¿Fue Margaret Fuller una escritora relevante en su época o una figura más bien furtiva de la literatura norteamericana? Margaret Fuller murió en 1850; vivió solo cuarenta años y fue contemporánea de Poe.     

Verano en los lagos, recoge el viaje que Margaret Fuller realizó por los territorios todavía vírgenes que se extendían desde New York y Boston hasta Manitou Island y Chicago.
Dos cosas sobresalen en esta crónica: el estilo literario y el tono de insólita franqueza que la autora exhibe ante las personas con las que se topa – colonos y granjeros -  o con los indios. El estilo denota una sabiduría de juicio que eleva la crónica periodística a un texto de orden superior, en donde el procesamiento de los hechos, detalles y descripciones manifiesta un ánimo muy civilizado en un entorno hostil, cuando no, directamente salvaje.
No esconde su terror a los indios a un tiempo que comprende que defiendan unas tierras tan hermosas.
La figura de Margaret Fuller me hace recordar a la de Emily Dikinson. Bajo la imagen recatada de dama puritana se esconde una dinámica inteligencia que se resuelve en una escritura sorpresivamente inteligente y elegante. Uno piensa que el frecuente  manejo que los protestantes han hecho de los textos bíblicos algo ha tenido que influenciar en el vigoroso carácter de la escritura de alguno de los autores de esta época y que hemos citado. En Muller encontramos detalles de una cordialidad vivencial que contrastan fuertemente con los estereotipos que nos han llegado del salvaje Oeste: Aquí la corriente de la emoción ha pasado por todas partes y su curso ha quedado marcado con una sonrisa. Sensibilidades casi furtivas como la suya compensan el desequilibrio que nos ofrecen algunas imágenes y épocas de la historia. La singular cadencia que comportan sus textos nos está diciendo que la vivencia del tiempo no es fatalmente una y uniforme.
 
Estando contemplando las célebres cataratas del Niágara, aparece un individuo que se asoma al abismo de agua, escupe, y continúa su camino. El que Fuller registrara semejante cosa durante su viaje resulta tan chocantemente ridículo como elocuentemente preciso.           

jueves, 7 de diciembre de 2017


 


LÍNEAS DE FLOTAMIENTO

 

Me lo repito para mis adentros. Leyendo a Lezama Lima constato de nuevo la orfandad poética de estos días y de estos tiempos, la inexistencia de un sacerdote del lenguaje. ¿Dónde está la poesía en el debate diario, se ha autoexcluido del interés social o la prohíben, tácitamente, los medios por el condicionamiento ideológico de los mismos?

 

Que la poesía sea un discurso más sobre las cosas nos lo decimos cuando observamos la inflación poética, la fragmentación de la genialidad en escritores locales. En realidad, la poesía no es meramente un discurso más entre otros porque sólo a través de la poesía se pueden decir determinadas cosas. Esta especificidad, para algunos, este lujo, rescata la poesía y produce cierto sentido de la justicia y de la harmonía.  

 
 
 
Leí lo último que ha escrito Bonnefoy. Me ha gustado pero sin sorpresas. De algún modo se corresponde con lo que imaginaba que iba a decir. Más sorpresiva si cabe ha sido la lectura de lo último de Chantal Maillard, que lo ha logrado: renovar el interés por el mundo palpitante de lo subjetivo. El don en la palabra de Bonnefoy mantiene una regularidad, no pierde propiedades y responde a los nuevos tiempos con su mesurada observación. Un dato a tener en cuenta tras la lectura de sus poemas en prosa: la intimidad de cada uno para sacar adelante sus propios mundos imaginarios.   

 

Quién se atreve hoy a hablar en poesía de la resurrección. Lezama lo hizo, aunque sin profundizar en teologías probables sino como una facultad extraordinaria del ser vivo, de la naturaleza.

 
 

La comprensión profunda de la poesía produce una harmonía objetiva y no solo secreta.

 

Si la poesía se vive como hay que vivirla, y escribo mi poema y lo recito a quien desea escucharme, no habría por qué preocuparse de trascendencias o de inmortalidades. El rato que he empleado en explicarles o leerles el poema a los demás justifica esfuerzos y es suficiente en cuanto a difundir el testimonio de una sensibilidad singular. Tu momento de gloria debiera investirse del mayor simbolismo.

 

El verso más ridículo, el único ridículo, escrito por Borges: la hermosa guerra. La verdad, y con todos mis respetos ¿en qué campo de batalla específico se encontraba cuando escribió semejante cosa, en el de su despacho, en el de alguna excavación arqueológica?

 
 

George Steiner acusa a Mallarmé y a Rimbaud de finiquitar, de cargarse la poesía. Después de la ebria aventura de uno y de la numinosa intelectualización del otro, ¿qué horizonte le queda a la invención poética? Octavio Paz es algo más benigno con la obra de Mallarmé. Este, no nos lega una imagen del mundo sino que nos insinúa una posibilidad de trayectorias. ¿Cuáles? La posibilidad misma. Hay que repetirlo. La gran obra final de Mallarmé, Una jugada de dados no abolirá el azar no dibuja un lugar poblado de seres y cosas relacionados entre sí de uno u otro modo, no nos dona una imagen ultimada , sino que viene a decirnos que la poesía se revertirá sobre sí misma, que la poesía se hará superpoesía al tiempo que podrá quedar reducida a esa potencia, a esa conciencia. La poesía se hará metapoesía, que en los tramos del intelecto en expansión, y la conciencia de la palabra poética sobre su propias potencialidades implicará abrir las posibilidades poéticas al infinito al tiempo que tal poder deberá esperar o buscar el momento propicio para encarnarse en historias y periplos singulares: la búsqueda de significado que Paz cita como ese anhelo del lenguaje en el límite de sí mismo.     

 


 

lunes, 4 de diciembre de 2017

DOS RESEÑAS


 
 
 
 
CRUZAR PUERTAS TRASERAS. Rafael González Serrano.

 
Decía Borges que la poesía es el lenguaje de la imaginación, lo que también viene a decir que es el lenguaje de lo posible. La plasticidad absoluta con que la poesía somete  a la palabra, permite la expresión de cualquier singularidad al tiempo que hace adaptarse al lenguaje a las anfractuosidades de todo medio que exija  una descripción elocuente.
En este poemario de Rafael González Serrano, de formato tan breve como preciso, se cumplen con prestancia   todas estas expectativas, puesto que la imaginación ha trabajado con soltura y lo expresado lo es de un mundo al que se le podían aplicar las disquisiciones que un Gaston Bachelard expusiera en su libro Poética del espacio.
En este caso, Rafael González Serrano elige un motivo de rico simbolismo, la casa, convirtiendo sus distintos componentes – pasillos, alcobas, puertas, mirillas, baldosas o ventanas – en tramos de una singladura exploratoria de vívida imaginación. Que la casa sea el laberinto de la propia subjetividad o signifique una aventura semejante de otros territorios, es algo que converge o es lo mismo en el intrincado desfiladero de  mundos posibles en que queda convertida la casa. Pocas cosas tan personales como la casa de uno y al tiempo, susceptible de convertirse en testigo de desasosiegos y significaciones súbitas de la historia de sus habitantes y que la poesía aplicada con viveza convierta en testimonio que trasciende la estricta subjetividad.
Cada casa tiene su memoria y la casa misma es metáfora del modo de vivir y ser de un alma. En el poemario no solo se recorren todos los rincones sino que hay recorridos exploratorios por los aledaños,  - plazas y  callejones -  incluyéndolos en los territorios relacionados con la casa. Esta es un centro, un interior que se explora y descifra del mismo modo como lo es el entorno, los linderos que pertenecen al exterior inmediato. Volvemos a lo dicho. Es la poesía lo que hace posible un viaje semejante y que tal viaje implique un desciframiento profundo del lugar donde mora el sujeto y sus fantasmas. Y el resultado del poemario de Rafael González Serrano es, en efecto, un viaje descifrador tan lúcido como imaginativo.             .      

 
 
 

 


 
UNA TIRADA DE DADOS. Stéphane Mallarmé.
Versión de Rafael González Serrano.

Rafael González Serrano nos brinda, en esta edición,  una exclusiva, aunque seamos conscientes de la existencia de las otras versiones que se encuentran en nuestras bibliotecas. Atreverse a publicar una nueva versión de la obra pionera de la contemporaneidad en poesía, que fue y es, Un Coup de dés, de Mallarmé, creo que sigue siendo eso, una exclusiva, no sólo por la relevancia del texto sino por la nueva oportunidad que ofrece al traductor valiente a bucear por las dispersas consignas que como brechas luminosas constituyen este poema absolutamente singular.

Contextualizar un texto implica conocer qué horizonte se cubre y qué otro se descubre en el seno de las palabras, que posibilidad se ha trascendido o potenciado en el orbe de lo semántico, que límite del decir se ha confirmado o se ha inaugurado. Y esta obra es un inicio poético y arrastra una clave. Al traducir el texto, uno quisiera creer que el traductor lo hace como si fuera la primera vez que aborda el texto, es decir, que conociendo las versiones que ya  existen, el traductor enfrentado al poema lo traduzca como si se encontrara ante un texto desconocido, sin sospechar desarrollos semánticos ni derivas experimentales que harían un estereotipo del poema originario del que parten.  

La novedad más notable de esta versión de la pieza de Mallarmé es la que el propio Rafael señala: la elección de “tirada” por “jugada”, no solo porque en español resulte más habitual sino porque también alude de modo directo al hecho simple y concreto del verbo. "Jugada" tiene una significación más amplia, alude a las veces en que se juega y se lanzan los dados; tirada alude directamente al hecho y efecto de la jugada, a la acción concreta de lanzar los dados. Esos dados que ,según dijera Octavio Paz, son el ideograma de ese azar que constituiría tanto lo irreductible como el horizonte que las palabras jugarían a encarnar y franquear.      



 

jueves, 30 de noviembre de 2017

MINERAL Y LUZ. José Antonio Fernández.






Llega un momento en la vida en el que no hacemos sino balance: de lo que hemos vivido, de lo que no, de lo que hicimos, de lo pudimos haber hecho, de recuerdos e impresiones, etc...

Grosso modo esto es lo que hace José Antonio Fernández en este poemario que ha conseguido el premio Alegría de este año, convocado por el ayuntamiento de Santander. Aunque no tan solo eso. Mineral y luz no es un poemario nostálgico, meramente: junto a recuerdos y rememoraciones, el poeta hace recuento de los motivos que realmente han resultado y son importantes en su vida, por ello mismo figuran junto al material cribado y seleccionado por la memoria. “Mineral” y “luz” son dos elementos natural y simbólicamente potentes, que forman el eje estructurador del contenido poético. Si lo mineral puede hacer alusión a lo duradero – momentos entrañables, recuerdos importantes, presencia de la belleza en la naturaleza y en los afectos – la luz significaría esa energía inmaterial que bañaría todo ello con la esperanza.

El poeta metaforiza la erosión de los minerales al comparar el paso del tiempo sobre su persona con el de la piedra: Diseminada piedra umbría./ Sinónimo de mí.

En otro punto, se interroga sobre el origen y la belleza de la buganvilla,  remontándose más allá de los arquetipos platónicos: en qué momento fue más que un soñar,/ estricta reflexión o conjetura.

En el poema Flores agonizantes, la contemplación minuciosa de la naturaleza puede tener como resultado tan azaroso como sorpresivo, el resurgir de lo que aparentaba estar muerto, y por lo tanto, la (súbita) esperanza.

En el poema Sin embargo, los recuerdos capitales de la memoria pueden serlo sin que tengan que revestirse de ensoñación o añoranza. Su propia fuerza ya los ubica de esa manera en la historia de la persona.

En el breve poema, y quizá uno de los más bellos, Cuánta es la luz, se nos muestra con elíptica sutileza el paso del alba al anochecer. Yo diría que hay en esta composición un haikú implícito, o que el poema mira la realidad con la capacidad sintética de un haikú.

José Antonio Fernández no esconde sus referencias poéticas: Antonio Moreno o Eloy Sánchez Rosillo, por ejemplo, se suman a esa sensibilidad que ve en la relación de la memoria personal y la naturaleza un vínculo entrañable digno de preservarse a través de la poesía.  

  




 

miércoles, 29 de noviembre de 2017







¿UNA ESPERANZA?
 
Hemos sido bellos.
Y si el funcionamiento auténtico del tiempo
es tan absurdo como ya hemos sabido,
esa belleza será lo que retorne de nosotros
en el concierto de las eternidades.

UN CONFÍN DE CIELO PARA TUS PÁRPADOS

  Esta foto de Lee Friedlander se parece al tipo de fotografía que yo he ido haciendo en mis escapadas urbanitas los sábados por la tarde.....