jueves, 16 de marzo de 2023
miércoles, 15 de marzo de 2023
FRECUENCIAS
Me están encantando los diarios de Sylvia Plath. Hasta el
momento, como suele ocurrirme, no había leído nada de la autora, pero sí mucho
sobre ella, lo que no hacía sino aumentar mi interés por su escritura y por las
incidencias vitales que le llevaron a un punto sin salida. Temía, entre otras
cosas, que sus confesiones femeninas se convirtieran en chismorreo bien escrito
sobre problemas sentimentales o sexuales. Pero no hay nada de eso sino una
consignación precisa de estados de ánimo y descripción de ambientes y
atmósferas. Hay un surtido de imágenes en los diarios de Plath, lo que
demuestra su sensibilidad poética y un talento para ahondar en las inquietudes
o en los estados más o menos luminosos. No sobra nada en estas páginas, al
menos en las que llevo leídas que no son muchas teniendo en cuenta lo grueso
que es el volumen. Lo que resulta muy interesante es comprobar qué grado de
semejanza existe entre la vida norteamericana que va dibujando y el mundo que
el cine clásico de la época retrató. Lo sorpresivo es el paralelismo cuando no
la coincidencia entre ambas cosas: el lenguaje de los jóvenes, cómo se
relacionaban y divertían, qué intensidad vital llegaban a encarnar, las
expectativas ante la vida y ante los demás, la vida urbana, la más calmada del
campo…, tal y como lo encontramos en el cine de finales de los cincuenta que ya
anuncia paulatinamente los grandes cambios que se efectuarían en los sesenta.
Una página del diario de Plath en la que anota las conversaciones con sus
amigos o amantes recuerda perfectamente escenas de las mejores películas norteamericanas….
Lo que me lleva a pensar que ya la vida entonces de Estados Unidos presentaba motivos,
asuntos vitales e interpretaciones de los mismos muy estilizados por el
lenguaje y la moral, que no impiden, por otro lado, la sofisticación o la
autenticidad. En Semiótica, al cine estadounidense se le ha llamado Modo de
Representación Institucional por el grado de formalismo alcanzado, lo cual, a
su vez, ha convertido al cine de estas décadas en el cine clásico de toda la
vida, el cine por antonomasia. Este clasicismo ha sido fuente de conocidos
estereotipos en personajes y acciones, pero también ha sido, sobre todo, el
cine de referencia hasta hoy mismo, un cine, ciertamente, ante el cual el europeo
aparecía en contra. Lo que a mí me llama la atención es detectar, en una
sociedad de los cincuenta, todavía muy condicionada por los prejuicios burgueses,
pero feliz, en apariencia, o al menos, satisfechas de sus logros generales, un
sujeto de un psiquismo poderoso que parece contradecir ese estado de
conformismo y buena parte de los estereotipos holibudienses que señalamos. Ese
sujeto es Sylvia Plath que esconde un alma compleja y extraordinariamente
dinámica, marcada por deseos insatisfechos y un dolor que a pesar de la
inteligencia expresa, va creciendo en desesperación. Cómo retrata Plath los sábados
por la noche, con sus luces de neón, sus copas, sus bailes y sus promesas
confusas de sexo. Plath vive con intensidad resquebrajadora lo que nosotros
hemos visto tantas veces en el cine.
Me compro en la Feria del libro de Ocasión de Murcia
una antología poética de Edgar Bayley,
poeta argentino del que no tenía la menor noticia. Me dejé llevar no por una
intuición especial, ni por algún detalle que me pudiera revelar aspectos interesantes
de este autor. Simplemente pensé que si estaba antologado en las ediciones del Fondo de Cultura Económica, se trataría de un autor histórico y que ello aseguraría
una garantía de calidad. Bayley murió en 1990. La fecha me parece, a pesar de
su cercanía histórica, algo remota: nunca conoció internet, la guerra de
Ucrania… Pero confiaba en la inteligencia de un poeta y en la propia
intemporalidad de la poesía, y tras leerlo confirmé estas últimas
observaciones: a pesar de nuestra idea sucesiva y acumulativa del progreso, no
importa en qué región del tiempo hayas vivido si eres capaz de hacerte con el tesoro
del verbo y vivir la explosión simbólica. Nada más sofisticado que la malla
infinita del lenguaje, que el fulgor ordenado del concepto. También tuve otra
reflexión de orden crítico. Me hubiera gustado o no, me hubiese entusiasmado o
no la poesía de Bayley, su obra tiene un puesto en el devenir de todas las
poéticas existentes. Es decir, teniendo en cuenta que el mundo va cambiando, así
como nuestra recepción del mismo, la obra de Bayley hallaría una adecuación de
su registro en el intersticio de una época cualquiera, tarde o temprano. O
mejor: a la inversa, la palabra de la obra poética de Bayley ilustra una
sensibilidad y una utilización determinada del lenguaje. Esta práctica es la que
identifica en su intimidad trascendente el sentir de una época. Por ello, al
haber comprado el libro sin conocer la poesía de Edgar Bayley, he terminado por
acertar porque he dado con una versión legítima de mundo que se crea y emerge
gracias la propia palabra de dicha poesía. Esta, la poesía, ¿es causa o
consecuencia de los cambios sociales y mentales? Aunque pueda resultar algo
mistificador, creo que la respuesta profunda a este interrogante es una secreta
convergencia de ambas cosas. Ya se atrevió a decir Hörderlin que lo que
acontece lo fundan los poetas. Destrenzar, descifrar esto es la misión que
todavía nos toca atender a pesar de todos los desánimos y desesperanzas
sembrados por el camino.
Leyendo con delectación y sorpresa a Baltasar Gracián. Tengo una edición del famoso Oráculo Manual: El arte de la prudencia, del Círculo de lectores. Agudeza e ingenio, como se decía del espíritu de la época. Y desde luego que sí. A mí, que tanto me han gustado otras literaturas y otros usos lingüísticos como el racionalismo francés, por ejemplo, admito que en la llaneza del estilo conceptual de Gracián no sobra ni falta una coma. De estos párrafos pueden extraerse montones de aforismos brillantes y de un acierto notable y revelador. Como siempre, importa más cómo se dice una cosa que lo que, en cuestión, se dice, porque la forma afecta al contenido. El barroquismo de Gracián es el de urdir, o mejor, definir una estrategia para saber ubicarte vitalmente frente a los otros, ubicación que es también social y política. Esta estrategia tiene en cuenta los más imperceptibles detalles en la relación con el prójimo y también puede servir de guía psicológica para el autoexamen y desarrollo óptimo en la convivencia. Como sucede leyendo a los clásicos, siempre encontramos definiciones, giros que nos impactan, que alumbran una parte incógnita tanto de nosotros mismos como de la vida. Escribe curiosamente Gracián: la esperanza cortés tiene buena memoria, recordando las virtudes del buen ánimo, hasta dónde uno puede ser agradecido con los demás Como siempre me sucede cuando me aproximo a nuestros clásicos del Siglo de Oro, me topo con un idioma, el castellano, que en aquel momento histórico se convirtió en lenguaje de autoridad y me enorgullezco de tener una relación más que de contigüidad con tal expresividad y juicio.
jueves, 9 de marzo de 2023
PULULANTE PALABRA DEL LOGOS DICHOSO
Antes,
cuando publicábamos la revista Empireuma, el comentario de libros
suponía participar de cierto entusiasmo, el que te procuraba la pura
efectuación comunicativa de lo publicado, es decir, el de ser consciente de las
novedades y por tanto del conocimiento de estilos, autorías y tendencias existentes
en el orbe literario. Ciertamente, dar testimonio crítico de lo que se produce
en este ámbito viene a significar que se participa relativamente de la
historia.
Ahora,
más recogido y más cómodamente, desde el espacio virtual del blog, comento con gusto
los libros que voy comprando no precisamente novedades editoriales, o los que
me encuentro por casa y releo. De este modo, sin priorizar lo que sale en el
mercado, me sumerjo con cierta melancolía en la pureza de la literatura y de lo
que supone, a fin de cuentas, la labor de la lectura.
En
mi caso es muy significativo que prefiera géneros distanciados de la estricta
ficción, es decir, diarios, memorias, poesía,
ensayo, libros de viaje.
Podría
decir que, sin dejar de interesarme lo que en el ámbito novelístico o narrativo
se publica, tal interés no es tan sustancial como para determinarme a comprar
libros de ese tipo.
Los
géneros que he citado, recogen tal densidad de contenidos que esa característica
se corresponde con la veracidad que también ostentan: es decir, son expresiones
de literatura pura y directa, no inventan historias, habían de las incidencias
de un alma pensante - diarios íntimos -
de las aventuras experimentadas atravesando fronteras terrestres -
libros de viajes - o nos comunican las
metamorfosis del tiempo y de los sujetos a través de la suntuosa relación de
símbolos y metáforas - poesía -.
Me
he visto obligado a escribir esta
introducción para justificar el
comentario más o menos distraído, como más o menos fascinado del placer que
encuentro de nuevo hoy leyendo textos de Mallarmé que no conocía.
Y
confieso, no sé si auto lanzándome un reproche de secreta índole, que temo que
alguien pueda interpelarme diciendo: Mallarmé,
a estas alturas, como si quisiera descubrir el Mediterráneo.
Sí,
lo sé: en qué consisten el estilo, la poética, la obra, en definitiva, de Mallarmé es algo de sobra conocido y
estudiado. Existe una pululante
bibliografía al respecto.
Cierto
es también que el que conozcamos de sobra a un autor, en este caso a Mallarmé,
no significa que el placer o la sorpresa estén por completo ausentes de una
nueva lectura quizá más juiciosa que décadas antes, cuando casi lo acabábamos
de leer, que no descubrir.
Curiosamente
siempre me ha interesado, casi fascinado más la prosa de los poetas que sus
propios poemas, quizá porque obligados a pisar tierra, descendidos de las
etereidades del verso, se ven obligados a justificar poéticamente su postura
ante las linealidades de la prosa, a desplegar un argumento metafórico para
exponer la sucesión de causalidades en que se ven envueltos en su nueva
experiencia.
El
poeta desde la prosa vuelve a enriquecer el mundo, pues aplica su poética, su
modo poético de ver el conjunto de las cosas y sucesos que nos envuelven,
sublimando las inercias del mero informe o la escuetez semántica de la noticia.
El
hecho visionado-interpretado por el poeta lanza y hace penetrar esa incidencia
en la urdimbre de un acontecer, en el que quedan registrados los detalles
conexos en su producción momentánea, es
decir: el poeta describe el dibujo de la vida al comunicarnos su descripción de
cualquier cosa, nos relata el confín preciso en el que se pierden o del que
proceden los hechos que al relacionarse de tal modo sucesivo y convergente,
señalan el movimiento mismo de la vida y sus consecuencias.
La
razón del poeta, expuesta en la prosa no es la lógica sino la perteneciente a
la analogía y tal raíz supone el conocimiento por semejanza de los hechos así
como la ubicación espacio-temporal de esos hechos u objetos en deslindamiento continuo
de sí.
La
naturaleza que abre la razón del poeta en la prosa es la frondosidad de las
relaciones significativas y la de su lúdico despliegue
en la realidad, una realidad que definida de ese modo, nos descubre su
estrategia camaleónica y multidireccional.
Si
la historia es una figura literaria, tal
como sugiere Octavio Paz, la
realidad que nos cerca o que encarnamos sin que aquí el entusiasmo determine
nada, es un escenario de visibilizaciones e invisibilizaciones, de súbitas
sustituciones, de alusiones veladas y de evidencias fugitivas.
El
universo de los detalles en interacción con el propio lenguaje que intenta
describirlo define el verbo de Mallarmé, un verbo que dice en el instante en
que se forma, una nominación que se diluye en el momento de articularse bajo un
haz de irisaciones, una palabra que se lamina en palabras y que como satélites
de un sujeto en fibrosa dispersión, gravitan sobre el eje múltiple y giratorio
del tal sujeto fascinado, generando un orbe cuasi infinitesimal de
asignaciones, de hechos.
La
oración de Mallarmé no la dicta la razón del juicio sino el movimiento físico
de los elementos que refiere. El verbo mallarmeano es un diseño, una
consecuencia sintagmática de la relación física de hechos que pretende ilustrar,
definir, describir.
Surcar
un texto en prosa de Mallarmé es atravesar una frondosidad vegetal animada por
el viento prismático de los matices, dando cuenta del polen espolvoreado en
distintas vetas de la umbría por la acción concreta y secretamente caótica de
la acción misma de atravesar tal espacio.
Con
Mallarmé la totalidad fenoménica de la inmanencia se convierte en un abanico de
sutilezas: la instantaneidad es una ingrávida urdimbre de nexos y arabescos.
La
abstracción más densa por la inmediatez descrita de la multiplicidad junto al
relato súbitamente preciso de los distintos movimientos y texturas del conjunto
semántico que se pretende exponer, componen la estrategia de la escritura de
poeta, que queriendo ser minucioso en el registro de la temporalidad, amasa un
conjunto descoyuntado de detalles informando la totalidad del texto o poema.
Es
evidente que disfruto con la descripción del estilo del maestro simbolista.
Leerlo es asistir a un oficio sacerdotal preciso e insólito.
Que
sirvan estas palabras como modesta e internáutica introducción a este estupendo volumen publicado
notablemente por Alfaguara hace unos
cuantos años.
martes, 7 de marzo de 2023
LO QUE ESTÁ TRAS LO VISIBLE Y PERMANECE COMO NO CONOCIDO.
Actualmente,
no hay otro debate que el político. La política satura el espacio discursivo
hispánico y europeo. Ya no hay tiempo para aquellas demoras reflexivas, para aquellos
lujos de antaño en los que la lucubración conceptual atravesaba competencias
filosóficas, éticas, históricas, en definitiva, competencias propiamente
pertenecientes a las ciencias humanísticas, articulando desde tales puntos
definiciones válidas e inteligentes de mundo.
Qué
intelectual de prestigio eleva su voz hoy y se convierte en referente europeo
de un pensamiento lúcido tal y como en décadas anteriores ocurrió con Sartre, con Foucault… Pienso que hemos olvidado muy pronto la notable obra de
un Agustín García Calvo por nuestros
lares.
Adelanto
este detalle porque ante el libro de viejo que me he encontrado y con el autor que
lo ha escrito, el sorpresivo Vintila
Horia, uno echa muy de menos a escritores de un cariz tal que manejando un
bagaje intelectual semejante, se atreva y se implique en temáticas tan
epistemológicamente elusivas como las referentes a lo paranormal y lo extraordinario.
Siempre
digo que hay que ser pacientes y humildes: paciente porque no sabemos qué
futuras transformaciones les esperan a las Humanidades y al saber en general.
Humildes porque no conocemos qué nuevas realidades nos esperan en cualquier
ámbito.
Lo
de nuevas realidades relativas al conocimiento no es un estereotipo crítico, es
una mención a eventos que ya han sucedido, cambiando la faz del progreso y
nuestra imagen común de las cosas. Hasta que Freud no aparece el inconsciente y todos los problemas relacionados
con el mismo no toma carta de naturaleza seria. Hasta que Einstein no elabora sus teorías físicas no se desarrolla el enorme
conocimiento actual que sobre ese mundo se ha producido. Hasta que los
surrealismos, expresionismos, suprematismos, ultraísmos, dadaísmos, futurismos
y demás movimientos artísticos no se dan, no cambia la percepción del mundo que
nos rodea así como el grueso sustancial de nuestro imaginario universal.
Me
apoyo en parte en estos episodios, tendencias y autores para pensar que lo
insólito, lo totalmente nuevo todavía puede producirse.
Todo
lo que hoy se ampara bajo lo paranormal y lo insólito, acabará por mostrarnos en
qué consiste la naturaleza de su misterio a través de un cambio en las
directrices esenciales del pensamiento y de sus intereses, y lo hará con el
concurso de la obras de nuevos autores, nuevos investigadores, que aportarán
sus hallazgos desde cualquiera de las disciplinas en las que se encuentren
vinculados.
La
posición de Vintila Horia es la justa, la óptima para llevar a cabo un
internamiento intelectivo en tales territorios: no pretende convencernos de
nada, al contrario: se pone a investigar para convencerse a sí mismo de la
realidad de lo inexplicado, cuando no, de los errores de interpretación relativos
a los distintos fenómenos de ese mundo.
Lo
gracioso es que ninguno de los casos y materias de los que trata el libro han
sido “resueltos” ni superados por el
nivel de conocimiento que hoy presentamos: manifestaciones físicas
inexplicables, fenómenos sonoros extraños - las famosas parafonías, estancadas
a día de hoy en el limbo pobremente intelectivo de los investigadores, ahítos
de tecnología y huérfanos de exposiciones teóricas firmes - etc.…
¿Somos
capaces de imaginar una era posinternet, o una todavía más alejada de semejante
período posdigital?
Es
una incógnita, aunque podamos manejar brumosamente pronósticos desde la
sociología o la economía.
Yo
lo que creo es que tarde o temprano, alguien, alguno de esos genios de los que
ha estado sembrado el siglo XX y que tanto faltan actualmente, dará con la
razón secreta, con la naturaleza huidiza de tales realidades. Pero para
entonces, probablemente, nosotros y nuestra realidad social y mental habremos
cambiado tanto, que esperemos las respuestas a los enigmas no se hagan
conscientes demasiado tarde.
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