martes, 24 de febrero de 2015

COMITÉS DE LECTURA Y LAS CONSTANCIAS DE LA ESCRITURA



 
 
 

Cuando se habla de crisis, de pérdida de valores, de empobrecimiento general, acotamos demasiado expeditivamente la realidad. Pretendemos con tales apreciaciones dar un informe que es también una suerte de veredicto sobre el estado de las cosas, cuando resulta que la realidad siempre será más rica y sorpresiva que lo que nuestros rastreos accidentales y sumariales pretendan ofrecer como resultado.
Este año, he tenido la suerte de participar en la preselección de las obras aspirantes a un destacado premio de poesía. Y como me ha ocurrido otros años, de nuevo, he vuelto a sorprenderme y a entusiasmarme con lo que a veces, casi secretamente, hace y escribe la gente.
Personalmente, desearía que todos los poemarios ganasen el premio.  La idea de premiar a una sola obra me parece injusta  y me fastidia, además, que por cuestiones de gusto puedan excluirse trabajos que arriesguen en sus registros o vayan a ser mal interpretados porque provengan de otras fronteras – no precisamente lingüísticas – en las que las cadencias de la realidad se respiran de un modo distinto al europeo.
Yo, este año, he vuelto a darme un pequeño  banquete de subjetividades creativas a través de los textos que nos han llegado desde distintos puntos del territorio nacional junto a otros provenientes  de África y de  Latinoamérica.  Tras esas subjetividades, hay un yo, una persona, un amanuense que procura ser lúcido vate de su mundo a través de la confesión sublimada que es el poema,  alguien anónimo que supone una brecha nueva en el piélago de las posibilidades lingüísticas. Y aunque, finalmente, la sorpresa literaria no suponga la fundación de una nueva era en la lírica, el hecho de que la gente escriba, que se esfuerce en retener y comunicar experiencias, es ya un gesto admirable de resistencia, de diferencia, de contribución a la belleza.  
 Íntimamente,  lo que más me estremece, al tiempo que me deja un sabor melancólico,  es la lectura de algunos de los poemarios en los que, a pesar de las contenciones formales, de la consciencia de la artificialidad de la escritura poética, creo haber asistido a la expresión sincera, a la cuasi confesión de un dolor cuyos protagonistas no conoceré nunca.    
 Vivimos la era de las telecomunicaciones, y en esta era la poesía, según el estereotipo, o es una cursilería o un ejercicio de hermetismo. Mi lectura de las obras concursantes confirma, una vez más, que este concepto es falso. La gente trabaja y sufre. La gente crea belleza en secreto. Escribe, es decir, lleva a cabo la operación alquímica de filtrar lo que experimenta, desea y siente, a través de la retorta verbal y conforma ese mensaje sosegado y fulgurante que es el poema. Y aquí la poesía no supone tanto la invención de nuevos mundos como la confirmación de pertenecer a esa secreta comunidad que necesita escribir al enjundioso dictado del verso.  
 

martes, 17 de febrero de 2015

TRISTEZAS VARIAS



 
 

Una anacrónica tristeza es la que se desprende del conflicto ucraniano: mientras medio universo lucha contra la crisis económica y el terrorismo, unos europeos se dedican a matarse entre sí.  Conflicto que no es sino consecuencia de la disolución de un imperialismo también triste, el ruso. Rusia como ese apéndice inmenso  de Europa, como esa galaxia desprendida, por ineptitud y orgullo, del resto de Europa a la que pertenece.
Por la calle me encuentro a Irina, una de las integrantes de Kalina,  la asociación ucraniana de Orihuela. Es una persona admirable, inasequible al desánimo, inteligente, llena de positividad, humor y  optimismo. Me dice que todos son unos ladrones, tanto los pro rusos como los otros. Ante mis reflexiones, remata diciéndome que es, precisamente, en Donesk, punto fuerte de los combates, donde tiene dos pisos que desea vender. Toda su familia está aquí, en España, desde hace 14 años, y ahora, debido a la guerra, le han suspendido la pensión que le pertenecía. "Claro, tienen que gastárselo en armas", me dice, sardónica.  Es ingeniera, pero por la imposibilidad de homologar la profesión, se dedica a negociar ventas por internet. Admiro la voluntad de Irina. Parafraseando a Walter Benjamin, sólo los que se ven estrechados, incluso aplastados por las condiciones y salen adelante, logran darnos esperanza a los demás.






Tristes las estaciones futuristas que están construyendo en Albatera, en Beniel, en Orihuela. Espacios excesivamente grandes para la escasez de viajeros de alguno de estos pueblos. Los andenes, de aplastante y gris hormigón, aíslan del resto de la ciudad y se ven atravesados tan solo por una o dos personas, haciendo pensar en alguno de esos paisajes urbanos desolados que aparecen en las fotografías de las vanguardias. Adiós a las antiguas estaciones, en las que el espacio modesto disponible se amoldaba al número de personas. Se lo digo a mi padre y me comenta que, antiguamente, la estación era lugar de paseo. Eso se acabó. Las estaciones actuales no invitan al paseo sino al tráfico mecánico y estupidizante. Aquí, en estas estaciones del trayecto Murcia – Alicante, ni a eso. Los andenes están solos, como atestiguando en su dura grisura solitaria, que los diseñadores han errado o han delirado ante el presupuesto disponible, multiplicando espacios que no acogen al transeúnte sino que lo dispersan.       
 






Triste el desierto de debate filosófico que hay en España, en los medios. Hay, en su lugar, una plaga de periodistas. Están en todos sitios. No hay otro discurso social sino el que ellos imponen y articulan audazmente. Baudelaire detestaba a los periodistas y a los carteles publicitarios. Las noticias sobre la situación económica y la corrupción que escuchamos todos los días con creciente repugnancia y saturación, son ahora el caballo fuerte de los periodistas. El otro día Fernando Arrabal criticaba esto, que los periodistas conviertan nuestro interés exclusivo en el económico, que nos empobrezcan el espíritu con la lluvia de noticias sobre lo mismo, como si no  tuviéramos otros deseos, como si la realidad se redujera miserablemente a eso.
A propósito de la retirada de los intelectuales de la escena pública. Escucho por la radio a una profesora de Tarragona, filósofa, hablar sobre la tertulia filosófica que tiene en un café donde se reúne con otras personas a debatir. ¿Y si lo que se dice en ese café resultara más interesante que todo este tostón mediático sobre la crisis económica con el que nos hartan todos los días?
 

martes, 10 de febrero de 2015

LÉON BLOY. DE UN EXPERTO EN DEMOLICIONES




 
 

No podemos separar la imagen del León Bloy reaccionario  y provocador de la del Bloy escritor profesional y de altura.  Notable la labor aquí de la traductora, Teresa Lanero, que logra confirmar que ambas cosas son una, revelándonos fragmentos de laboriosa y contundente prosa en esta selección de artículos que el escritor francés fue publicando en la revista Le Chat Noir, vinculada al cabaret del mismo nombre. Sorprende la altura de estos artículos, mejor dicho, la calidad de esta prosa relacionada con un ámbito que podríamos identificar como frívolo. Pero es precisamente en el ambiente de los cafés literarios donde las espirales del verbo pueden darse del modo más inopinado y natural. El ambiente relajado estimula ese verbo que un temperamento brioso y luchador como el de Bloy maneja, tensa y reproduce, ante el motivo que se le ponga a tiro. Bloy aprovecha las seguridades simbólicas y morales que le suministran la religión y su fe para parapetar su ametralladora y hacer surtir estos artículos donde encontramos retratos demoledores, sacudidas contra la sociedad del momento, afinamientos elogiosos y bombardeos selectivos para quien se lo merezca. No sé si Bloy es un escritor que haya que recuperar, o si las ediciones últimas de obras suyas, incluido, destacadamente, su diario, obedecen a una sutil estrategia editorial. En una época infectada de pensamiento políticamente correcto, por un lado, y de desnortados liberticidios de expresión por causa, precisamente, del exceso y el delirio, por otro, compensa  y divierte leer a Bloy. Y no se trata de meros requerimientos ideológicos, sino de evocar una escritura tan lúcida como indignada, que quisiéramos se produjera con más frecuencia en la actualidad.   

viernes, 6 de febrero de 2015

INCIDENCIAS FRAGMINIANAS





Desde el momento en que el diario personal se convierte en un género literario, eso que llamamos intimidad ha encontrado una forma bajo la que justificar sus derroteros y derivas. Hallado está el medio en el que la tal intimidad puede visibilizarse sin perder del todo su naturaleza, su valor como informe secreto. Al abrigo de la palabra, el que escribe pretende confesarlo todo esperando que la lectura de su "confesión" se convierta en su exculpación. Hay escritores que publican en vida sus diarios o convierten sus obras en diarios – Gide, Trapiello, Pessoa - . El diario es el cajón de sastre del escritor, el bloc de los proyectos y de las ocurrencias.

De todos modos, a pesar de que, desde luego, la intimidad ya no es lo que era, sobre el diario pesan, todavía, candorosas connotaciones provenientes de su era romántica. Preferiría hablar de escritura diarística para, por un lado, esquivar tales connotaciones y sugerir un tipo de escritura fragmentaria pero continua, precisa y temáticamente multidireccional.

Ese tipo de escritura hilvana las páginas de este “libro” que me he atrevido a sacar a la luz, Ars Fragminis, a través de la editorial Celesta de Madrid y que de modo, un poco tautológico, me atrevo (otra vez) a reseñar aquí: el blog es también escritura diarística.




El libro consta de una selección de textos breves extraídos de mis diarios y material aforístico, que estaba destinado, en su mayor parte, a ser publicado aquí.  Pero este “aquí” tiene un problema: su virtualidad.

Necesitaba, por ello,  ver publicados, impresos, estos fragmentos. Escribir en la red es como escribir en el agua: tienes la seguridad de que tu texto permanece y se ligará rápidamente a otros pero, pronto lo pierdes de vista en un medio donde todo es confín de confines, y más que texto, lo que articulas son mensajes. En realidad, “escribir” en la red es un sinsentido: ojalá pudiéramos escribir sobre o encima de la red, en una superficie palpable que nos diera esa sensación de concretez y orden que nos da el libro.  

Hace exactamente una semana, se presentaba Ars Fragminis en la librería Códex de Orihuela.

Paul Valery hablaba de la inutilidad de escribir un diario, de lo quimérico que resultaba llevar un registro supuestamente fiel de impresiones y anécdotas; pero el escritor se levantaba todos los días a las cinco de la mañana y se ponía a escribir sus reflexiones sobre literatura, filosofía, etc., sin darse cuenta de que eso que hacía era, también, un diario.

Por otro lado, Roland Barthes decía que llevar un diario sería plausible sólo si el diario fuese literario, no un mero ejercicio de contabilidad.

Si “el arte sucede”, como decía Borges, citando a no sé quien, también en el pensamiento sucede el pensamiento, las derivas cromáticas de la sensación. Se puede escribir sobre cualquier cosa pero con la condición del grado en que tal cosa te competa o te implique. ¿Y si lo que compete, te implica y te gusta es el lenguaje? Hablaríamos quizás, del diario de un poeta o de un diario poético. Creo que es ahí por donde me ubico. 

(De lo que me responsabilizo a medias es de las insistentes erratas que, a pesar de todos los controles, se han colado como fastidiosos polizones, aunque camuflados en el enjambre del texto: es más difícil corregir un texto propio que escribirlo).    


  

lunes, 12 de enero de 2015

DOS OBSERVACIONES EN UNA








Según Umberto Eco, sabemos lo que un texto no quiere decir - por ejemplo, estamos seguros de que el Quijote no es un tratado de botánica - pero difícilmente lo que quiere decir. Tarea larga y ardua la de los hermeneutas (quizá no tan ardua y larga para los que aman la literatura, sin más).  





Si un texto produce continuamente interpretaciones extrañas, caprichosas, aleatorias o erróneas, ¿en dónde localizamos la tara, en sus lectores o en el propio texto? Patata caliente para El Corán  y sus "adeptos".  



viernes, 9 de enero de 2015

YO TAMBIÉN SOY CHARLIE

YO TAMBIÉN SOY CHARLIE
 
 
Los que se excitan con las armas, morirán;
quienes producen muerte, morirán.
 
A quienes le gusta la muerte como ideario, filosofía o religión, dejarán de existir.
 
Quienes sirven a la muerte, no tienen nada que hacer en el plan de la creación y llaman a la extinción de sus almas.
 
 
 
 


jueves, 1 de enero de 2015

DESDE TRUJILLO DEL PERÚ


La distancia puede idealizar o enfriar los ánimos, pero en algunos individuos que quizá no teman tanto al tiempo, también puede producir, sorpresivamente, un efecto de signo esperanzador: el mantenimiento de la fidelidad. Tal perseverancia no puede sino destacar bellamente a quien la predica o mantiene, demostrando que tal virtud sí es capaz, si no de vencer al tiempo, doblegarlo en más de un curso. Conocí al poeta Moisés Castillo Florián hace casi una década. Visitó nuestras tierras mediterráneas - lo dioses siguen vivos para quienes sepan percibir sus signos – y ahora, desde su ciudad natal, Trujillo, me envía esta reseña personal de la lectura de algunos poemas míos. Excúseme el exhibicionismo, pero prefiero el espacio virtual al claustrofóbico del cajón. A veces, casi viene a ser lo mismo.

 Moisés, vislumbrador de dragones voladores con plumas sobre las cimas heladas de los volcanes, yo, desde el seno del Mediterráneo, sembrado de cúpulas azules y recintos barrocos, te saludo y te doy las gracias. 



 
 
(DES)MITIFICANDO A UN DEMIURGO PROFANO

-I-

Tengo la suerte de haber recibido, como regalo, el poemario Profano Demiurgo (Universidad de Alicante, 2013), de José María Piñeiro (Orihuela, España), el cual he leído y releído, emocionadamente. Y, esta reseña la hago en calidad de colega, voluntariamente, sin que él o alguien, me lo haya pedido; quizás, porque soy su amigo y, hasta su “confidente”, en este emocionante, pero difícil arte de hacer poemas, poemarios y, quién sabe…“ser poesía”. Y porque, de seguro que, me siento parte de esta aventura literaria (como cuando yo publiqué mi propio libro primogénito, en 1999, y que él mismo Piñeiro reseñó, en su momento) y, un poco testigo de esta interesante y atrevida “Profanidad demiúrgica” que, el autor, a base de poesía, nos quiere proponer, con este, su “primer” libro, bastante serio y sincero.

Pero, con el permiso de ustedes, antes de empezar a deshojar algunos pétalos, de las rosas y espinas, de nuestro libro en cuestión, desearía mencionar al mini libro Margen Harmónico, del 2010 (también, una obra y un presente, del mismo Piñeiro): bello manojo de poemas, que serían una suerte de “mensajeros y heraldos”, anunciando la ineludible aparición de aquel libro, más elaborado y maduro del 2013. Interesante aventura poética y calentamiento literario, donde, hay cinco importantes poemas, que estarían muy relacionados con los poemas de Profano Demiurgo, a saber: “El orden libre”, “Mística mente”, “La abominación de Borges”, “Vertiente” y “Confesión”, donde el poeta-demiurgo, se estremece ante lo que siente, ve y acontece; y, ante lo que, seguramente, él ya sabe o presiente, que estaría por venir. Incluso, el “Apunte explicativo del autor”, enunciaba ya, la obra de aquel entonces, y aquella venidera, del autor.

Retomando nuestro comentario, y, antes de adentrarme, ligeramente siquiera, en el “ars poética” de don José María Piñeiro, me atrevería a decir que: todo el libro nos deja entrever que, éste ha sido escrito y reescrito, creado y co-creado, por un artista-poeta (o, viceversa), ya maduro, y con una buena noción de saber esperar el tiempo necesario y el espacio justo, para poetizar de verdad y publicar. Él, como buen artista plástico que, también es, en su momento, nos lo confirmará. Asevero esto, porque me consta, que su obra poética (aunque medio “escondida” y, hasta hoy, prácticamente, inédita), ha ido siempre en paralelo, con su obra plástica, fotográfica y crítico-periodística.






-II-

Celebro la aparición de este libro, así como felicito a su autor, por finalmente, atreverse a ser parte del “vasto entramado poético” y, de la “otra historia y esa otra voz” de la poesía (de aquella otredad poética, tan bien definida, por Octavio Paz), así como celebro el excelente Prólogo y comentario de nuestro común colega José Luis Zerón. Por ello, hoy, me limitaré a comentar, desde mi perspectiva de lector, y desde mi óptica de poeta y artista, como lo es nuestro estimado poeta y autor.

Creo, como Zerón, que el libro Profano Demiurgo, tiene un contexto de corte surrealista; sin embargo, la magia y dramaturgia de la cotidianeidad, de varios poemas, también lo haría deudor de lo “mágico realista”, de nuestros paisajes y emociones externos e internos. Y noto, un paralelismo y dualismo de metáforas e imágenes, cual “collages” (lógicamente, poéticos), bastante personales y conscientemente elaborados: El poeta, es el poema creado, el verbo, a ser bien expresado y también defendido; el cosmos, es la cosa, la obra y la tierra misma, con la belleza -o fealdad- de esos parajes urbanos y rurales, que nos regala, la mística Orihuela, y el mítico Mediterráneo, algunos de ellos, inolvidables, por cierto.

Pero, no hablaré de “estilos o influencias” marcadas o definidas del autor, pese a reconocer que todo poeta serio, no es sólo un terco escribidor, sino, indudablemente, un asiduo lector y aprendiz. Diré, eso sí, que todo poeta tiene su propio “duende” y su propio “numen” (para no mencionar a la “musa”). Y que, en este caso, a Piñeiro, lo inspiraría más, o también, la plasticidad, evanescencia y a-temporalidad de la pintura, el dibujo, la fotografía y el cine…¿El todo y la nada, ontológicos y urbanos, de una realidad (mágica y surreal) que nos anida y envuelve, como una matriz estética y nutricia?... Algunos de sus versos cortos y muchas metáforas, semejan “haikus” budistas, orientales, instantáneos y “fotográficos”. Intuyo que, él, admira tanto a Velázquez como a Miró y a Goya, como a El Greco. Y, entreveo, además, una suerte de esoterismo numerológico, en la estructura del libro: los 3, los 4, la Rosa, y los 42 poemas y ladrillos filosofales, de su propia “Torre de Babel”, lúdica y existencial. Desde el nombre del libro, pasando por los epígrafes y títulos de los poemas, bien escogidos, vemos el interés “alquímico y meta-literario”, si se puede decir, de nuestro autor. Y, creo que el  poeta, tampoco nos esconde una soterrada admiración, por uno de los grandes de la ficción: Borges, con sus espejos, laberintos y “Alephs”…

Sin concesiones, como una “licencia poética”, y, un poco, para salirme de lo tradicional, sólo trataré de enumerar (cual matemático concreto y lúdico), una posible secuencia cualitativa, de los poemas más importantes del libro en mención: me encantan más de la mitad de ellos; de estos, hay trece o catorce, que salvan el esfuerzo del poeta y la aventura editorial. El “ars poética” del libro, serían los cuatro poemas de “Explicatio”; el alter ego y mea culpa del poema “De mí a mí”, de “Tesituras”; y los cuatro poemas de los “Grabados”, de “Itinerarios”. Y, de estos, me quedaría a degustar la belleza ético-estética, del poema III (de “Explicatio”), del “Grabado superrealista” (de “Itinerarios”), y de los tres poemas cortos, “Significante, significado, referente”, “Fanal” y “Grabado romántico”... ¿Qué más puedo decir, yo, poeta, lector y amante de la buena y atrevida poesía, sin caer en la verborragia o el poco decir?

Tal vez, que: el símbolo y espíritu, de casi todos los poemas, sean los sueños y deseos, por esa misteriosa e inquietante “Rosa”… mística y/o real (¿acaso, una musa etérea, una dulcinea mediterránea o, la misma visitadora y huidiza, Poesía?), de la que tanto canta y cuenta, José María; y que, me recuerda a aquellas rosas de los poetas místicos y románticos; y, más recientemente, a las “rosas y espinelas”, del gran poeta peruano Martin Adán. Siento y huelo que: aquella flor, aquella “mónada” poética, está trinitariamente imbricada, entre las tres partes del libro: raíz, pétalo y vuelo, detrás de un Itinerario, de una “peregrinación poemática”, quién sabe, medio profana y utópica, pero visionaria, y, por esto, lírica y literaria…






-III-

En síntesis, pienso que la esencia de Profano Demiurgo, y la propuesta de nuestro autor, sería la de “buscar la eternidad de la existencia y la vida, por medio de la instantaneidad del sueño y la cotidianeidad de la poesía”. El mundo es y será un “sagrado, profano y absurdo teatro”: un vivo y vivificante vacío, a ser llenado y admirado, y, una inmensa página-lienzo en blanco, donde pintar y poetizar (¿picto-poetizar?), todos los sueños y pesadillas que nos corroen y nos alientan, honesta y pacientemente.

Por todo esto y, en nombre de la poética brevedad, no me queda sino, agradecer a José María Piñeiro, por su libro y por su terca amistad, pese a la distancia y el último largo silencio, en estos tiempos de compleja virtualidad y, acaso, poca amistad. Y, además, por ser valiente y consecuente, tanto en la creatividad, como en la defensa de la poesía y el arte en general (varios de sus poemas son una apología directa e incondicional, al “sagrado oficio” de escribir, y al “noble sacerdocio de la poesía”, a decir de César Vallejo).Y, también, por “desnudar” su pluma, su cámara y su pincel (su alma, en verdad), para mostrarnos que: pese a su declarada y poética profanidad, en el fondo de su ser, Piñeiro, sería un artista místico, una suerte de nostálgico demiurgo (por instantes niño, y algo “loco”), que no cesa de mirar y de sentir, para recrear lo ya creado, por la Natura y por la Lengua; eventos y fenómenos que, siempre nos afectarán, seamos poetas, artistas o no.

Finalmente, desearle suerte con éste, y con los libros y las obras, que vendrán a futuro. Creo y siento que, cada buen poema escrito, cada arte creado desde el “alma y el verbo de las cosas y del cosmos”, será siempre bienvenido, para bien de la otredad y de la totalidad del gran corpus poético y estético, al que, todo poeta visionario y artista honesto, tiene que allegarse y contribuir, definitivamente.

Trujillo del Perú, diciembre, 2014. 

Moisés Castillo Florián

(Escritor, artista y traductor, peruano)

 

 

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