martes, 9 de enero de 2024

TRES LIBROS



GENIUS LOCI

Vernon Lee

 

La escritora inglesa nacida en Francia y que se escondía bajo este efectivo seudónimo, Vernon Lee, en realidad, Violet Paget, tenía una notable virtud: lograr, incluso en el texto más breve, una impronta del lugar visitado pero no a través de la mera descripción del paisaje físico sino sumando a tales detalles, las sensaciones experimentadas como propias del país, pueblo o ciudad explorada. Se dirá que esto es lo que hace todo viajero, pero en esta escritora victoriana cuenta el grado de felicidad experimentado en el sitio visitado como memoria específica de ese sitio, - de ahí lo del genius loci, el genio del lugar - como si tal lugar se tornase fuente de sensaciones únicas ligadas sólo a él. Vernon Lee logra destacar esos matices con gran maestría y con sólo un par de líneas la redacción íntegra de un viaje se tiñe de significado y se convierte en itinerario probable de felicidad.

 






JON FOSSE

POESÍA COMPLETA

 

 

Poesía basada exclusivamente en la imagen, una imagen con un sabor arcaizante y remoto, propio de los confines nórdicos en cuyos cielos la luz es cribada a través de las mayores cotas de pureza bajo el auspicio mágico de las auroras boreales. Fosse, el último premio nobel de literatura, sigue en esta producción de su primer volumen de poesías completas, el estilo seco y la ácida musa de un Tralk. Se trata de una poesía sin fisuras ni concesiones a otros espacios simbólicos que no sean los que el ámbito de un norte salvaje y originario, permite. Misterio, ascetismo, místicas a la deriva trazan el orbe de una poesía atrincherada ineludiblemente en su lejana y contundente pureza.

 

 





LOS MUCHOS CALLAN Y LOS POCOS GRITAN

Selección aforística de textos de Jaume Balmes.

 

Antes Jaime y ahora Jaume Balmes, tenía yo una imagen muy parcial y pobre de la obra de este filósofo español del XIX, autor, ni más ni menos, que de 11200 páginas de reflexiones teológicas, políticas y morales. Esta antología de un pensamiento aforístico y preciso, se nos aparece como sustancial muestra de su mesurada y acertada prosa. Ahora bien, en uno de los apartados del libro en que Balmes nos cuenta qué piensa sobre Kant, Hegel o Platón, su crítica más que mesurada es contundente y aguda. Balmes se nos revela como un escritor hábil en ámbitos temáticos diversos y pensador brillantemente aplicado cuando pasa del escrutinio moral o puramente filosófico al político. Veo en Balmes a un autor que supo administrar orden en su vida, lidiando con problemáticas éticas y con la propia opinión pública a través de sus artículos periodísticos. Balmes es pues un ejemplo algo fugitivo - por su injustamente escasa reivindicación en nuestra historia - de intelectual global. Por otro lado su caso demuestra que quien se implica en comprender el mundo a través de la escritura y la crítica, se implica de paso en todos los aspectos, sagrados y profanos, del mismo.  

 

miércoles, 3 de enero de 2024




Ráfagas. OBRA POÉTICA COMPLETA. Octavio Paz

 

La figura y la obra de Octavio Paz hacen resurgir en mi memoria una época deliciosa de descubrimientos y disfrutes plenos de literaturas, aquellos días finales de los setenta y  primeros años de la década de los ochenta, cuando uno aún no había llegado a los veinte años de edad, pero los ingredientes sustanciales de lo que sería el imaginario estaban ya claramente citados y concitados. Volver a aquellos años me sume en una dulce melancolía, ya que hago repaso ineludible de mi memoria y las lecturas a veces marcan períodos en la existencia. Pero esa melancolía también se mezcla con la fascinación que la obra de Paz produjo en mí, que era un forofo de la musa surrealista tanto en pintura como en poesía.

De este modo, lo primero que leí de Paz fueron poemas suyos en una edición, cómo no, de Seix Barral e, inmediatamente después, su singular El mono gramático, que me pareció entonces el culmen de la operación conjunta de pasión intelectiva e imaginación poética. De hecho, los libros que a mí me hubiera gustado escribir son el Asklepios de Miguel Espinosa y esta elucubrativa pieza en prosa de Paz.

  

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En una ocasión, Blanca Andreu me confesó que leyendo a Octavio Paz no había encontrado versos realmente notables. Yo le contesté que quizá Paz no era tanto un poeta de versos memorables como autor de una dinámica obra poética y especialmente, ensayística. De todos modos, encuentro esto en un poema que esta estupenda edición de Galaxia Gutenberg recoge: tus ojos, topacios impíos como la verdad.

 

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La raigambre surrealista de la escritura de Paz se percibe en su manejo brillante de la imagen, en la imaginación que activa su percepción. Durante una larga época de mi vida, este tipo de poesía cubría mis necesidades interiores ante una definición viva del mundo; no precisaba de  otros idearios o recursos.  La realidad que la poesía de Paz defiende es la que se encuentra en ese amplio margen de nuestro soñar el mundo y rebautizarlo con una definición ágil y brillante.  Este verso: los espacios fluyen y se despeñan bajo la mirada del tiempo petrificado; es típico de la maniobrabilidad mágica de la poesía de Paz. El tipo de hipóstasis que se encarna en la poesía del poeta mexicano produce estas conversiones mágicas, describe evoluciones fantásticas, potencia la mirada onírica del entorno vital y de la experiencia propia,  convirtiendo tales tesituras en aventuras literarias.    

 

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Toda poesía proyecta un mundo. Es quizá en los poemas en prosa de Paz donde tales mundos reflejan con precoz nitidez sus referentes imaginativos y la índole de sus temáticas. El vínculo con la poesía en prosa que los literatos franceses posibilitaron a fines del XIX es claro en la producción de Paz. El poeta mexicano es consecuente no sólo con su estética sino con la concienciación que el lenguaje suponía tanto como problema filosófico como límite expresivo de mundos. Lo que el simbolismo y el surrealismo junto con el modernismo en español supusieron como aventura lingüística se refleja con brillantez en los poemas de Paz. La consecuencia se revela en una potenciación de la visión del mundo de la vida a través de una estética cuya adscripción se tradujo en compromisos lingüísticos y políticos evidentes.

 

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La poesía de Paz recoge todo aspecto de la realidad, humana, social, simbólica, mitológica, desde la aguda perspectiva que articula una poética de la imaginación y de la potenciación poética del lenguaje. No hay otro ideal o política que determine la escritura de Paz. Aunque nos relate su biografía o las circunstancias económicas de un país como México, la base de su verbo es el enriquecimiento de toda visión a través de esa potencia única que alcanza la videncia y que es el lenguaje de la poesía.

 

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Entre los aspectos relevantes de la poesía de Paz hay una que se destaca casi como leitmotiv en su obra: la intercambiabilidad de la apariencia de las cosas. Lo distinto es ya lo mismo. Aquí, Paz coincide con alguno de los principios del budismo o los acoge como  estímulo de sus motivaciones generales. Esto se convierte en aquello, o bien es aquello lo que se transmuta en lo de más allá. Y es sólo la poesía quien puede expresar con nitidez el ritmo y profundidad de estas transformaciones de la realidad. Ya que la realidad es un trasunto del lenguaje y gracias a este se puede obrar la videncia de manifestar las metamorfosis que son el mundo.   

 

jueves, 30 de noviembre de 2023



Jhon Ashbery

pOeSÍa

 

Hace tiempo que interpreto las obras de los grandes poetas como ofertas mágicas de mundos. Literalmente. Ningún arte verbal más identificado con la música y el encantamiento chamánico que la poesía en cualquiera de sus universales variaciones.

Precedo mi comentario con estos matices para explicar no sólo el esfuerzo que he empleado en introducirme en una obra poética totalmente desconocida sino también, obviamente, para señalar el trabajo intimo que ha provocado que me interesara hacer cosa tal, es decir, llegar a entusiasmarme con un texto hasta el punto de desear leerlo.

 

Leyendo estos, en apariencia, densos enjambres de palabras, he encontrado unos motivos y unos tonos que me han resultado familiares: esa coloquialidad de algunas película norteamericanas de los setenta, junto a cierto discurso que se deriva de la aceptación y utilización de tales lugares comunes.

 

Asbery practica una metaforización de la morralla que emerge en los márgenes del lenguaje, manipula y emplea, si se me permite, algunos aspectos de lo que podríamos denominar la vulgaridad americana para convertirla en material expresivo, mezcla esa forma de interpretar las cosas y articula los híbridos que son sus poemas sin que se noten las suturas formales. Asbery no es un hermético, lo que ocurre es que para el lector neófito o, quizás, no norteamericano el abigarrado folklore verbal que anima  el poeta produce ese efecto de ebullición de la palabra en torno a nada y en torno a todo.

La poesía de Asbery no revela misterios: recoge  el efecto de un impacto que   implosiona multidireccionalmente en el seno del poema. Su poesía es el reflejo de situaciones abstractas en vías de deslindarse de sí, conjuntos súbitos de imágenes, fenomenalidad lingüística derivada de la percepción de que las cosas suponen grupos de cosas, de microacontecimientos, de ramificaciones rotundas.

Hay cierta circularidad en los poemas de Asbery: la de concebir cualquier punto del espacio como origen de una historia, más o menos elusiva, más o menos fugaz o indelimitable. La palabra tiene aquí la propiedad de rescatar cualquier matiz olvidado, restablecer la perspectiva ahogada por el cúmulo de cosas gratuitas o el tiempo.

Para mí la obra de un René Char resulta diáfana si la comparo con la de un Asbery. Tendría  que frecuentar más la poesía del norteamericano para ubicar con mejor óptica la imbricación de sus textos y no confundir la atomización pluridimensional de su poesía con las revelaciones del oráculo que sí veo en la obra del francés.

Como no hay espacio vedado a la eclosión demiúrgica de la poesía, eso es lo que me gusta de la inventiva de Ashbery, que sus poemas nazcan de cualquier punto de la abundosa prosa del mundo.

 

lunes, 20 de noviembre de 2023



POEMAS EN PROSA                 

Paul Valéry         

 

Hace tiempo me formé un estereotipo de Valéry, estereotipo que tendía hacia una idealización elogiosa,  y desde entonces, lucho ante cada libro de este poeta comprobando que la expectación suscitada se vea satisfecha con la incursión en la lectura de la obra suya que se me presente.

Muchas veces pensaba, qué poesía sería posible hacerse tras la de Mallarmé, el gran amigo suyo de juventud. Si el joven Valéry demostraba tal amor a las matemáticas y se perfilaba como el continuador de la aventura de Mallarmé sobre el folio, qué tipo de insondable y fascinadora poesía podría llegar a concebir.

En la redacción de Valéry existen ciertas frecuencias expositivas: la posición de Valéry es la del que se admira ante las virtudes puras de lo intelectual y se compromete a penetrar en los discursos de su formación para explicar con todo detalle la marcha de sus procesos.

Valéry demuestra habilidad a la hora de ubicarse ante el fenómeno del pensamiento, en el momento de colocarse ante la realidad de su hecho intelectivo y detectar los valores que su procedimiento ejecuta, los valores específicos que el pensar ilustra y descubre.

Lo que ocurre a veces es que Valéry se detiene ahí y recorriendo la suma compleja de los procesos del pensar, olvida o no nos da con la misma limpidez, lo que se encuentra más allá de esos densos y meros recorridos.

Nos presenta como un sortilegio el funcionamiento del pensar y esta es su limitación extraordinaria, podríamos decir.   

La concretez que Valery aplica y define, derivada de la observación de esa joya de la que todos disponemos, el pensamiento, no está tan a la par de hacer lo mismo sobre lo que este, finalmente, busca. Os describo las maravillas insólitas del mecanismo del reloj más exacto del mundo pero no os doy todas las veces la hora del mismo brillante modo en que he examinado tal objeto.

Valéry se extasía ante el instrumento del pensar y sus propiedades, pero sólo en tanto ese pensar se aplique al hecho estricto de constatar las circunstancias que rodean a la imagen discernida por el pensamiento. Quiero saber cómo estoy con respecto a la realidad, y qué expectativas puedo esperar del trance íntimo de mi pensar. O sea, un aclaramiento pormenorizado de las circunstancias de mi yo, la redacción secreta y prolija del dosier de mi persona ante eventos más o menos abstractos.

Estos poemas en prosa son, en definitiva, un conjunto de textos cuasi administrativos, si se me apura. Indudablemente pertenecen al curriculum de Valéry. El balance de mi devenir en el espacio-tiempo es exhaustivo y gozoso de leer, pero las grandes revelaciones morales son raras ante estas espumosas profusiones. ¿Cuáles eran los deseos de Valéry? Quizá sus vulnerabilidades eran, literariamente, poco fructíferas o meramente estratégicas.

Si hay algún hándicap a estos cercos reflexivos al propio pensamiento, es la ausencia de cierto color. Sus poemas en prosa se dejan leer, pero su atmósfera lírica es rala: descansa, más bien, en descripciones sobre el acomodo del propio pensar, la escritura es fenoménica, no canta. El racionalismo puede ser un instrumento exquisito si quien lo maneja es un temperamento como el de Valéry. Pero un racionalismo vulnerado se entregaría a la aventura. Aquí falta la sal de la anécdota, probablemente.    

lunes, 13 de noviembre de 2023

Perfil perdido Guillermo Carnero



 

Lo que me gusta de Guillermo Carnero es que me da seguridad con respecto al mundo poético que va a ofrecer, es decir, no espera uno en sus poemas incursiones extrañas, broza ideológica o pagos subrepticios a una u otra actualidad. Su universo poético es felizmente el de siempre, sus referentes pictóricos y estéticos son los que ya nos ha mostrado en sus libros, su andadura poética, en suma, es continuación de los pasos emprendidos y este poemario último nos lo ratifica en su delicada brevedad.

Lo que se vino en llamar culturalismo es hoy, no sólo un término orientativo de una poética, la de Carnero y otros, sino índice común de una musa que ya no debiera sorprendernos desde el punto de vista crítico: se trata de la atmósfera regular en la que el poeta articula el conjunto de sus motivos literarios y vitales. Es decir, ya no podemos argüir quisquillosamente artificialidad o sofisticación intencionada. Lo que para alguien pudo haberse vestido de exquisitez no puede ser hoy sino la realidad vivida de una experiencia bella, franca y compleja en el ámbito de la palabra, independientemente de ismos y tendencias.

Es lo más obvio, pero repito que a mí lo que más me gusta y sorprende de la obra de Carnero es su soberanía. Los límites o no límites formales, los motivos mitológicos, los jardines y palacios, el acontecimiento de la guerra civil, los amores vividos o los irreales, el culto a la belleza, la delicada reivindicación del erotismo, la ornamentación que produce la evocación barroca de todo ello, constituye el grueso, el volumen de la obra toda de Carnero que aquí, en este libro, se plantea con ánimo ratificador.

Si amamos la diferencia en la mayoría de los órdenes de la vida, en el panorama editorial español de hoy, este libro de Carnero con su muy concreto registro, no tiene reparos en evocar a un Franz Lizst, a un Pompeo Batoni, a la figura fascinadora de la mujer o bien a los ámbitos venecianos con idéntico fervor.

Un par de apuntes. El poeta afirma en uno de sus versos sentirse mejor entre los muertos que entre los vivos, consecuencia paulatina pero contundente del paso del tiempo.

Tras las alusiones a la Guerra Civil, Carnero, en uno de los versos,  dice: el sueño de un cabrero inocente e iluso, creo que en una no muy camuflada referencia a Miguel Hernández

miércoles, 8 de noviembre de 2023

LOS RECUERDOS DE CRIS



 


Julio Cortázar suma a la excelencia de su obra el recuerdo de su persona, siempre entrañable. Y Cristina Peri Rossi lo que tiene es, precisamente, una memoria fina y recuerdos muy vívidos de su amistad con Cortázar.

La obra de Julio Cortázar es inventiva y lúdica, no obstante, como si fuera un tema recurrente cada vez que pensamos con detenimiento los contenidos de alguno de sus libros, se suele plantear si el ideario de Cortázar no pertenece demasiado a los ámbitos ideológicos, políticos y estéticos de los setenta. Sí, eso está claro. Y el paso del tiempo algo ha cambiado el panorama general. El espectro político de Latinoamérica ya no depende de la existencia de las dictaduras militares, por ejemplo, como tampoco lo que se prestigiaba al amparo de utopías y revoluciones comunistas son lo mismo hoy que hace cuarenta años. Recordemos las inquietudes de Cortázar con respecto a las derivas de países como Nicaragua o Cuba.

Otra cosa que también es cierta hace referencia a que en el momento en que Cortázar triunfa con Rayuela, Francia todavía ostentaba una referencialidad literaria mundial. La musa entonces era francesa. Hoy el patrón cultural en casi todos los ámbitos es totalmente anglosajón.

Ahora bien, ese carácter lúdico, ese humor inteligente que he destacado como característica típica cortaziana y que en obras como La vuelta al día en Ochenta mundos, Último round, Prosa de observatorio, etc.,,, convierte los libros en brillantes sumas híbridas de fragmentos y mixturas en los que cabe de todo a modo de desplegado cajón de sastre: mini narraciones, artículos, ensayos breves, fantasías literarias, poemas; ese dinamismo cantor de lo minúsculo y lo surrealista, convierten a Cortázar en un singular  vaticinador literario. Tales libros por su estructura y factura escritural, en los que texto e ilustraciones creaban un solo espacio, se me antojan los precedentes impresos de los blogs de hoy, de la actividad literaria internética o del mundo de los microrrelatos. La modernidad convertida en un loco museo de extrañezas y curiosidades donde el siempre diestro y magno imaginador que es Cortázar erige los mundos en conflicto tutelados peculiarmente por cronopios y famas.

Por la semejanza de estructura y estilo esta literatura de esquirlas narrativas y fragmentos poéticos conecta con el tiempo de hoy, con el dinamismo de la actualidad y su fenómeno, con el ritmo de los días.  Articulan una suerte de poética periodística, una poética de la extrañeza cotidiana. Y  aquí sí es Cortázar nuestro total contemporáneo.

Cortázar también era un intelectual, lo era aunque no quisiera serlo, pues lo que menos le pegaría a nuestro amigo sería la pose pedante: el empaque total de lo que escribió nos muestra sus capacidades y asunciones formales, es decir, el lugar que en su producción ocupa el ejercicio de la crítica y el ensayo es más que notable. De este modo, Cortázar se nos presenta como un escritor brillantemente profesional, total.  

Peri Rossi también sabe escribir con gracia y precisión y las breves páginas de este recordatorio se hacen tan amenas como emotivas.

Leyendo estas líneas claras y entrañables de Peri Rossi uno se acerca a esas naturalezas infrecuentes que son los grandes creadores, a sus psicologías agudas y peculiares, al tiempo que se advierte la total normalidad de sus temperamentos. El gran creador no tiene por qué padecer ninguna patología como a veces se afirma con ánimo mitificador, para ser eso, un gran escritor…

 El creador literario es una persona cualquiera, salvo que ostenta esa capacidad de columbrar otros horizontes y experimentar con el lenguaje a partir de esa experiencia.

Leyendo estas páginas breves pero esenciales nos damos cuenta del poder sorpresivo de la memoria, de cómo criba el tiempo y el número de los sucesos, dando cuenta de la amargura que emerge cuando consideramos la distancia entre ellos.

Peri Rossi recuerda la misteriosa indistinción que Cortázar hacía de vez en cuando entre magia y realidad. Ciertamente para los maestros de la literatura y del lenguaje la barrera entre ambas debe ser tan fina como casi hipotética.

 

UN CONFÍN DE CIELO PARA TUS PÁRPADOS

  Esta foto de Lee Friedlander se parece al tipo de fotografía que yo he ido haciendo en mis escapadas urbanitas los sábados por la tarde.....