martes, 29 de noviembre de 2022



ACOSO ESCOLAR

Rosa Bernabé

Afirmaba el pensador francés Michel Foucault que toda relación humana es una relación de poder. Podría parecer más o menos sensato aceptar el contenido de este enunciado, es decir, confesar que en sociedad las cosas se efectúan de este modo. Desde esta perspectiva, lo que denominamos acoso escolar podríamos contemplarlo como una suerte de aplicación perversa de lo afirmado, independientemente de que lo que en realidad se trata es de una grave anomalía en el ámbito de la educación.

Cuesta admitir y resulta desagradable contemplar lo que en telediarios y programas informativos se nos cuenta sobre casos concretos de acoso escolar. Ante la insólita gravedad de algunos de tales casos que incluyen la muerte del acosado como sumun inimaginable de los hechos denunciados, uno ya no piensa tanto en el dato teórico de que entre las relaciones humanas se filtre un sadismo más o menos velado, tal y como tantos psicólogos y críticos señalan, como en la extraordinaria vulnerabilidad de una sensibilidad concreta, la del joven o preadolescente, sometido a una situación de presión y crueldad soterrada.

Parece ser que es con la entrada en el nuevo siglo (2000) cuando el fenómeno ha sido claramente detectado como algo real y de preocupante gravedad para padres, alumnos y profesorado.

Sobre la naturaleza del fenómeno, su historia reciente y el diseño de programas de prevención trata el estudio realizado por Rosa Bernabé, publicado por Anaya en su colección Pirámide.

La autora cita a los primeros teóricos que captaron y definieron el fenómeno, añade después los resultados de los estudios de otros investigadores y tras presentar qué medidas generales se adoptan contra el acoso en cada una de las autonomías, propone un marco de ejercicios concretos para el profesorado. Para Rosa Bernabé este punto es clave en el estudio y prevención del fenómeno: la implicación del profesorado.

Teniendo en cuenta que el medio en que se produce el acoso puede volverse muy mimético, ya que se produce a la sombra numerosa del alumnado, con la complicidad de algunos de sus componentes, y la huida del acosado al silencio, es decir, a la interioridad más pura y angustiosa, la acción del profesorado para advertir el hecho del acoso se presenta como primordial.

Es en el ámbito escolar, en el perímetro inmediato del espacio físico de la educación - zona de recreo, aledaños del centro - donde se produce el acoso. En ese ámbito son los profesores quienes se encuentran más próximos al alumno acosado que los padres, aunque también es cierto que existen nuevas variantes de acoso gracias a la utilización de las redes, como es el caso del acoso digital. Sea como sea, es a la sensibilización del profesorado a quien se dirige el presente estudio con la intención de que se produzca cuanto antes la concienciación y una reacción importante.   

La temible ambigüedad que presenta el fenómeno - presencia de signos no lo suficiente manifiestos, testimonios confusos, carácter furtivo de las evidencias - es combatida con precisión en las propuestas formales que la autora presenta en su estudio. La intención no es otra que el acoso sea detectado, el profesorado se haga consciente de tan amarga realidad y se tomen las medidas correspondientes que también han sido debidamente calculadas y diseñadas. La exposición de Rosa Bernabé postula que, independientemente de la importancia de todos los trabajos realizados por los profesionales en estos aspectos, la implicación efectiva del profesorado se revelará crucial para combatir y frenar este tipo de prácticas denigrantes en el seno de la formación educativa de los alumnos.   

martes, 22 de noviembre de 2022

REDESCUBRIMIENTO DE KARLHEINZ STOCKHAUSEN




Hacía bastante tiempo que no escuchaba música de Stockhausen ni frecuentaba al personaje. Ayer, por una casualidad, di en las redes con videos musicales de obras suyas que no conocía y el zurriagazo que experimenté, el fogonazo que me atravesó rememoró en mis recuerdos la indiscutible imagen del genio con la que me cautivó cuando lo descubrí hace cuarenta años. Es curioso comprobar cómo funciona la intuición. Ya no logro distinguir con precisión si primero descubrí a Stockhausen en las enciclopedias, en los libros, me fascinó y esa fascinación se corroboró al escucharlo por Radio Clásica, allá por 1979 ó 1980, o fue al revés: primero escuché la música mágica de un tal Stockhausen y después lo busqué con ansiedad en las enciclopedias. La cuestión es que la imagen del músico y su música, producen uno de los mayores efectos de fascinación de la música moderna culta y del mundo de las obras artísticas, en general.

Stockhausen es el iluminado por los dioses cósmicos, el mago de las sonoridades salvajes, el alquimista de los sonidos interespaciales, uno de los últimos y más grandes genios que ha dado Occidente.

Con Stockhausen no hay término medio: o viajas con él, o te dejas arrebatar por los mundos vertiginosos que ha creado o contémplalo desde lejos con sorpresa o incluso con aturdimiento o repulsión.

Redescubrir, más o menos, ayer tarde a Stockhausen me alegró, me llenó de vitalidad luminosa el fin del día, abrió un margen a la libertad creadora, me aseguró en la idea de que cuando se presenta la posibilidad de experimentar productivamente, el hombre debe lanzarse y explotar todas esas posibilidades a la conquista de mundos y espacios nuevos e insólitos.

Recuerdo con qué ilusión encantada escuchaba las obras electrónicas del artista alemán que de vez en cuando, sorpresivamente, se emitían por Radio Clásica en aquellos años de adolescencia y descubrimientos continuos.

Naturalmente que escuchaba otros tipos de música y me gustaban otros músicos, pero Stockhausen era especial, estaba nimbado por un aura poderosa, tocado por las musas galácticas, era el más alto predistigitador del sonido del futuro.

Ahora bien, el paso del tiempo que todo lo va metamorfoseando, también ha añadido y restado matices no tanto a la personalidad del compositor como a la calidad de recepción personal de sus obras. Quiero decir: ¿por qué en aquella algo lejana ya adolescencia las obras de Stockhausen me eran totalmente inteligibles hasta el punto que podía silbar largos pasajes de las mismas, y luego, con el paso de los años, aquella magia descendió al ir descubriendo que salvo aquellas obras que conocí en la juventud, el resto de la casi totalidad de sus obras que escuché después, ya no me impresionaron tanto y apenas si me gustaron ya?

Alguien me dirá que, naturalmente, la clave reside en mí, que es puramente psicológica, que tiene que ver con los márgenes de expectación saturados de mi persona y las capacidades de la memoria.

La cuestión es que ayer casi me remonté a los grados de revelación de aquellos años y me convencí, tras algunas consideraciones relativas, que la obra musical de Stockhausen es una fulguración sonora que nos lleva a otros mundos y que como tal experiencia se presenta como un reto a la interpretación estética y a la sensibilidad individual.   

    

 


jueves, 17 de noviembre de 2022

MONITORES ROTOS, SOLITARIOS




Qué sensación más extraña producen estos monitores de televisión destrozados o funcionando apenas todavía, que recogen estas fotos sesenteras y setenteras. No es que un objeto altamente tecnológico por estar tirado en la calle nos apene de algún modo o nos produzca cierta estupefacción o asombro: es que al estar desprendido de su contexto doméstico, la utilidad, los rasgos civilizatorios asociados a él, estallan y desaparecen y sumen al aparato en la desolación más estricta. Si apenas funciona o, simplemente, no lo hace, la fulguración inexistente de la pantalla convierte al notable electrodoméstico en un espectro, en un fantoche tecnológico, es decir, en un cacharro.

En las casas, funcionando en el centro del salón era el punto de atracción de todo el hogar, expulsaba por su pantalla luz, rostros, cuerpos, paisajes, músicas, océanos. Tirado en medio de la calle esa pantalla implosiona lúgubremente, sin remedio y sin gracia, es una ruina moderna. Ya sólo emite sombra muerta que encima no sale despedida de la pantalla sino que rebosa por los bordes entrando dentro de un modo incesante.



No obstante, si todavía le queda vida, y emite alguna imagen en el espacio descontextualizado de la calle, aun es capaz de plantarle cara al entorno y ofrecer su realidad paralela, su pequeño universo virtual ante la amplitud total de la realidad que le rodea. Aunque un televisor funcionando en la calle lo que hace es reclamar por piedad algo de atención, el aire fantasmático de las imágenes que desprende se diluirá en la espaciosidad que lo ha incluido en el paisaje urbano como elemento surrealista de atrezo.

Las pantallas hipnotizan. Al ver una tele hecha polvo en medio de la calle lo que uno piensa es en la posibilidad aplastada de un mundo que se podía haber asomado por allí. Ahora es sólo un agujero y el mundo que quería asomarse hacia nosotros, está definitivamente muerto, reposando en el lecho mohoso de ese pozo cuadrangular, es decir, en ningún sitio.     

 

lunes, 14 de noviembre de 2022

EL SUEÑO Y EL ARTE


 

Es una obviedad decir que se sueña con lo que no se posee. Ya lo dijo Freud al definir la función del sueño como expresión y satisfacción del deseo. Qué ocurriría si fuéramos capaces de imaginar la improbable vida de un sujeto tan peculiar que hubiera llegado al extremo de rechazar la vida por la entrega más mórbidamente imaginable al sueño. Ya existen personas así, toda la larga y patética retahíla de sujetos ligados fatalmente a  alguna adicción: drogas, alcohol etcétera...

Pero ¿y si como digo hubiera algún tipo que viendo imposible una relación normal con la sociedad, con el trabajo, hubiera tomado la decisión de retirarse del mundanal ruido y se hubiera refugiado, no tanto en la soledad rígida y disciplinada de un convento sino en la más pura esencia del sueño, es decir, en la poesía, en la música, en el arte,  hasta el punto de ver reducida su existencia a la presencia y experimentación placentera de estos mundos de la estética? Estaríamos hablando, entonces, de alguien próximo a la locura. Pero, ahora bien, los tiempos modernos son muy laxos con los locos, simula comprenderlos y  les ofrece la plataforma de los medios para que se expresen libremente con la intención de promover alguna suerte de terapéutica.

Los sueños y el arte ofrecen términos semejantes: la gratuidad. Un poema, hoy, no es canjeable por una suma de dinero, del mismo modo que un sueño puede hacerte volar de placer sobre continentes sin que hayas realizado ninguna operación positiva al respecto. La gratuidad de la poesía en la modernidad ha arrojado a los poetas al destierro social y profesional. Ya no pueden vivir del canto y loor de duques y cardenales. Su objetivo único se vuelve el de la belleza del mundo y de las personas a través de la experiencia propia. Esto implica darlo todo por nada a cambio. El sueño nos envuelve de parecida forma. Nos dona su potencialidad sin que nos atrevamos a descifrar su naturaleza ni sus límites.

El arte por el arte, la consigna de simbolistas y decadentes, es el mensaje secreto pero obvio de la mayoría de las propuestas artísticas. Un  poema, una película, una obra de arte plástica nos dicen la verdad del universo y ello apenas es valorable en supuestos económicos concretos. El sueño nos demuestra cada noche que pertenecemos a una memoria común y pocos filósofos se aventuran a describir con rigor tales itinerarios y relaciones.

Soñar puede quitarte o mermarte la vida. Implicarte en la misión profunda que es el arte o la escritura también propicia la proximidad de abismos y complejidades existenciales. Pero todo ello se hace al precio de darle al alma propia lo que desea y que no encontramos en las inmediaciones de la agitada y monocorde vida común.      


 

jueves, 3 de noviembre de 2022

COMO UN POEMA



 

CASI UN POEMA


Longitudes violeta, urdimbres

de brechas blandas,

Trizada superficie de infinito.

 

La tarde deposita copos de ceniza azul

En tu mano transparente.



Prolongación vagarosa, escamas desprendidas

De izamientos blancos,

Luz rota bajo el anaquel de hilos.

 

 

El lienzo de las horas es esta tapia

En la que el sol escribió sus testamentos diarios.


 

La destreza del tiempo es configurar la caída de los átomos,

Evidenciar la impronta del cuerpo posado que fue.

 

 

¿Es la memoria del cosmos este largo vacío que se despeña,

Este hollamiento sin gracia

Blandiendo arenales contra arenales?

 

jueves, 27 de octubre de 2022

Sor Sonrisa. Un vistazo turbado a la historia de la monja Jeanine Decker.



Para quien no conozca al personaje, resumo su historia.  En 1963, la monja belga de la orden de las dominicas, Jeanine Decker, más conocida como Hermana Sonrisa, alcanza un éxito mundial con una canción compuesta por ella, Dominique. Se llegan incluso a filmar películas sobre su persona a raíz de tal éxito musical. O bien la inesperada circunstancia la desbordó o bien intuyó otro modo de vivir que no fuera el de estar en un convento gracias a ese recibimiento masivo de su obra, la cuestión es que Hermana Sonrisa abandona a su comunidad reuniéndose con una vieja amiga del colegio y finalmente, amante, Annie Pecher.

La amiga y la ex-monja llevan una vida completamente normal y desenvuelta y aunque no abandonan la fe, se hacen muy críticas con la iglesia. Jeanine Decker compone entonces canciones contra la misoginia de sacerdotes y monjes y se manifiesta en contra de las ideas de la Iglesia en relación al aborto, elogiando el invento de la píldora.

Los problemas financieros se incrementan al ser perseguida por el fisco belga que le reclama decenas de miles de francos. Jeanine manifiesta que todo lo ganado con su música lo donó al convento antes de abandonarlo.

Ambas amigas pretenden fundar un colegio para autistas, pero tras nuevos descalabros económicos y ataques nerviosos, deciden suicidarse. El 29 de marzo de 1985 se encuentran sus cuerpos y una nota reclamando que las enterrasen juntas en sepelio cristiano. He ahí la historia. A partir de aquí, se abre la invocación fascinada ante el despliegue de imágenes que de la vida seglar de las dos monjas legan a la memoria general los documentos periodísticos, entrevistas y fotografías.   

Para el imaginario popular nada más contrario a la vida secular que la vida de clausura de conventos y monasterios. Son como los dos extremos espaciales de la experiencia: en uno la vida transcurre con normalidad a través de los distintos lugares que el existir, el estudio, el trabajo y las relaciones sociales articulan; en el otro, la restricción espacio-temporal es infinitamente mayor y se adapta a una disciplina y a unas reglas. Y no solo eso sino que la vida conventual transcurre lejos de las fuentes naturales con las que se identifica la vida de la gran mayoría. La vida seglar y la secular representan signos opuestos del modo de vivir. Es por todo ello que la historia de Sor Sonrisa supone el viaje al espacio prohibido, la visita al interior de la clausura monástica a través de la variada gama circunstancial:  sus apariciones en público, sus últimas canciones, su amor lésbico sublimado en amor entregado a Dios y el insólito final.



Latamente, lo que la aventura de Sor Sonrisa supone es que lo que ha estado siempre retirado, prohibido a la mirada se ve ahora expuesto con todo mórbido lujo de detalles por una acción totalmente personal, por la autodefenestración individual que lleva a nuestra monja a salir de su comunidad religiosa para ir a ingresar a la otra comunidad, a la más extensa y mayoritaria, la más cercana al consenso de las libertades, la sociedad seglar.

Y aunque la potencia semántica del espacio sagrado sea considerable y, por otro lado,  difícil de evitar toda literatura, todo estereotipo ligado a la vida religiosa, no son tanto estos aspectos los responsables de dejar de ver a las dos monjas como fugitivas como las propias formas y modos que en ambas personas persistieron tras su reconversión. Sor Sonrisa escribe canciones ligando al hombre primitivo de las cavernas con la actitud machista de los religiosos, cuestiona el pensamiento de la iglesia con respecto a las normas de contraconcepción, pero no por todo ello dejamos de ver en jeanine Decker a Sor Sonrisa.

Esta canta sus canciones de protesta con el mismo tono con el que cantó su hiperfamoso Dominique y con una cruz bien visible colgada del cuello en todas sus actuaciones en vivo. Hay un aura alrededor de Jeanine que, aunque la veamos evolucionar con indumentarias no religiosas, subirse a su coche, visitar centros comerciales, responder a las preguntas de una interviú o ir a la peluquería,  no cesa de permanecer ahí, algo muy sutil pero irrompible y tal cosa liga su figura con lo que denominaríamos el ambiente o la actitud contemplativa. La mirada fija, algo inquietante y nerviosa de Sor tensa el rostro y le da una fijeza que le impide romperse. La expresión es siempre la misma que hace recordar el famoso mimetismo de los rostros monjiles.  El sentirse observada tras su escapada conventual sería para sor una suerte de mortificación suave y diaria: ¿debería simular que es una ciudadana más habiendo manifestado que a pesar de todo se seguía sintiendo unida a Cristo, por lo que persistiría una especie de cordón umbilical invisible entre su ser y lo que en definitiva significaba ostentar principios religiosos?

No se trata de ser más o menos inclementes con el destino de una persona, es que tal aura que señalamos, tales facciones, tal aire en torno a ellas no deja de señalar, subrepticiamente o no, el tipo de origen del que proceden ambas mujeres, sobre todo el de la propia Sor Sonrisa. Aunque despojada del hábito, no dejamos de ver en la persona de Sor Sonrisa, si no a una monja, sí a una religiosa que hubiera diluido los rigores del hábito en las medianías flotantes de la secularidad con una maniobra súbita de  despiste.     



Por mucho que se le perdone a Sor su decisión, reconozco que existen imágenes de esta historia, difíciles de asumir por la comunidad cristiana.

Recuerdo, en remotos tiempos de personal implicación devota la sensación difícilmente descriptible que experimenté cuando vi, por primera vez, las fotos de las dos monjas en traje de baño, tomando el sol, tranquilamente. El contraste fue tal que la fascinación ingenua por el pecado me sumió en una contemplación alelada de la figura de ambas mujeres. Pasar del recato sumo del hábito al cálido roce de los cuerpos y la exhibición de la carne describe un periplo estupefacto: el que liga en una misma existencia  ambas antípodas experienciales.

Para mí, la historia de Sor Sonrisa implica una doble dimensión hermética: la relacionada con la comunidad  religiosa y sus flecos posteriores y por otro lado, la exclusividad del amor lésbico. Sor Sonrisa pasa de una cerrazón legislada y milenaria a otra sentimental y subjetiva. Si según dice, la devoción no se ha extinguido en ella tras abandonar los albos hábitos dominicos y su amor por su compañera es necesario entenderlo bajo el amplio y generoso halito divino, hay que constatar que su entrega más íntima no abandona la demarcación estricta que la sustrae del exterior: interioridad pura de la comunidad, interioridad reservada para otra persona de su mismo sexo. Desde esos confines, desde los de la comunidad en que ha estado en comunión con la divinidad y ha compuesto sus primeras obras, gesto determinante en su vida posterior, y desde los íntimos del amor sexual sublimado en variación del amor a Dios,  Sor Sonrisa ha articulado el numen de su existencia y su capacidad para la improvisación.

A esta dimensión hermetizante de la vida de Sor Sonrisa hay que colocarle el sello final e insólito del suicidio que parece consagrar para la eternidad el destino peculiar de dos mujeres unidas por la vocación y el amor. El suicidio es lo que faltaba para sumir esta historia en una estupefacción oscura, interminable.

Con mi amor a lo que comporta la significación, con una trémula vocación de semiólogo que mezclo con mis andaduras erráticas de hermeneuta, me pregunto, ¿cómo interpretamos el suicidio simultáneo de ambas mujeres: como el de dos amantes que emplazan para el más allá el lugar de su paraíso por serles prohibido en la tierra, o como el de unas víctimas literales de la administración, del materialismo, del dinero y de la confusión?

Una monja lesbiana que se suicida. ¿No existe en este enunciado una doble, incluso una suerte de triple autorreferencia narrativa, una especie de atmósfera tautológica, una espesura, una pegajosidad de significado, si se me permite?   

En una nota, dejaron escrito que habían llegado al límite y que por ello habían tomado esa decisión. Yo añado otra nota. En todas las fotos, en la gran mayoría de imágenes de Sor sonrisa advertimos que su gesto apenas varía, que siempre es el mismo, que no denota fisuras expresivas apenas. En ello se aprecia timidez y cierta entidad de máscara. Quizá en la intimidad era mucho más frágil de lo que parecía y se esforzaba secretamente por mantener cierto distanciamiento.  Esto explicaría una información que desconocía hasta el momento y que hallé en la red: si dependencia final de fármacos para la ansiedad y el sueño.

Lo cierto es que el suicidio de una religiosa es algo desconcertante y que parece constatar el fracaso último de una vida o de una entrega personal fallida.

Los hechos de cualquier género y existencia producen reflejos prismáticos. No sé si este suicidio nos quiere decir algo un tanto inquietante o es que, simplemente, el devenir de las circunstancias a veces ofrece estas súbitas fracturas a las que no corresponden interpretaciones de orden trascendental. La maravillosa vida es físicamente frágil, y también lo puede ser en grado tan sumo como insospechado, la psique de nuestro prójimo.

Confieso que echando un vistazo en la red a las imágenes existentes de Sor Sonrisa y su compañera, al colocar una detrás de la otra, la fotografía en que ambas retozan bajo el sol y la de la tumba en que reposan en el cementerio, me embriaga un estado de fascinación aniquilante.

Finalmente toda existencia es un misterio y quisiera pensar que a pesar de las adversas circunstancias en que las dos ex-religiosas se vieron envueltas, esa divinidad de la que no se habían separado del todo, sea el destino último en cuyo seno las recordemos.           

jueves, 20 de octubre de 2022

EROS Y MÍSTICA


 

 

El mundo musulmanesco no es precisamente santo de mi devoción, pero hacía algún tiempo que iba detrás de una figura que había suscitado mi interés y que creía que podría ofrecer algo distinto a las pesanteces orientales Me refiero al místico y poeta Rumí, nacido, ni más ni menos, que en Afganistán allá por el siglo XIII.

La figura de Rumí disfruta de una cantidad considerable de lectores actuales en distintos puntos del globo no por ser meramente un devoto ejemplar de su religión sin por su carácter de heterodoxo y su bella producción literaria.

Como sabemos la mística es un modo particular y autónomo de vivir la religión que supuestamente es la nuestra. En las derivaciones de ese vivir los contenidos teológicos, podemos extremar las visiones que de la tal religión oficial se dan, llegando incluso a semejar que creamos o profesamos una religión distinta. La mística es una experiencia particular de la religión oficial que nos han impuesto o se ha decidido que es la que nos pertenece.

Todas esas derivaciones de la experiencia mística encuentran una expresión ejemplar  en la multiplicidad metafórica que nos ofrece la poesía. En Rumí, la borrachera o la ebriedad aluden simbólicamente al éxtasis místico, al encuentro placentero con las bondades del Amado, con la Divinidad. Es por ello que ningún modo más óptimo para describir y cantar las excelencias intimas del contacto divino que el verbo poético. La polisemia poética permite referir los detalles más finos y esquivos del gozo íntimo del alma así como filtrar y sublimar todas las oscuridades de sentido que eclosionan de ese contacto privado y absoluto.

Creo que el atractivo mundial de Rumí se basa en su afabilidad teórica, en su antirigorismo, en su casi me atrevería a decir, inespecificidad musulmana, es decir, en  distanciarse críticamente de la mera y formal práctica religiosa  como condición imposible de comprensión o aceptación de lo sagrado en uno mismo y en aconsejar, libre de todo concepto,  la ebriedad mística, lo que en este punto viene a recordarnos aquella consigna baudeleriana: Embriagaos, de vino, poesía, de pecado o de virtud, pero: embriagaos.

Indudablemente, en el caso de poesía y teniendo en cuenta que estos textos de Rumí tienen alrededor de 800 años, uno sospecha de lo demasiado bien que suenan algunos de los poemas aquí antologados, como por ejemplo, las consignas herméticas de Vacía el vaso de tu deseo, el pequeño laberinto polisémico que es Un mundo sin conceptos o la delicia que supone Una pujante rosa.

Francamente, no sé si los últimos arreglos y correcciones de las traducciones nos modernizan demasiado la imagen de Rumí o nos aproximan, por el contrario y precisamente, al talante del místico original. Esta duda también la permite la poesía como licencia final de sus mensajes.

De todos modos pervive la imagen de un Rumí como maestro que, evocando todas las bellezas reales de la vida, no abandona sus textos sagrados permitiendo a la vez al alumno toda la libertad posible en las cavilaciones conformativas de su espíritu.     

 



 

Hacía tiempo que dejé de seguir las novedades editoriales de Taschen. Durante mucho tiempo adquirí sus volúmenes sobre grandes pintores y grandes tendencias plásticas: expresionismo, impresionismo, etc...

A lo largo de dos décadas, desde mediados de los ochenta hasta principios del 2000, estuve al tanto de lo que aparecía y siempre valoré esta editorial, a través de sus diversas colecciones, como una de las editoriales de arte de referencia no solo en Europa sino mundialmente.

En los últimos años creía que la editorial ya había cubierto todo lo imaginable, incluidas las ultimísimas producciones en el ámbito de la era digital e internética y poco más le quedaba como misión sino reeditar antiguos volúmenes o recogerse en el mundo de la arquitectura. El otro día me encontré con este librico de impúdicos y sabrosos desnudos en La Casa del Libro y comprobé que se trataba de un libro reciente, y no de una antología más de ediciones veteranas.

Me resultó estimulante que Taschen volviese a la carga y con una temática tan extrema, al tiempo que esta nueva situación le obligan a uno a constatar más o menos cómo anda el mercado de la carne sublimada en  mercancía estética. Y se llega a una primera conclusión interesante: si el erotismo y sobre todo, la pornografía ya no pueden dar más de sí, son mundos, desde el punto de vista de lo representativo, bastante esquilmados, a la fotografía de desnudos, que no tiene por qué ser erótica, todavía le queda cierto peregrinaje en torno a la posibilidad de las formas. Los cuerpos se mueven, se deslizan por habitaciones o por avenidas, a lo largo de un bosque o debajo del agua, se muestran con descaro y gracia retorcida a la mirada o se invisibilizan en sombras o reflejos. Son los cuerpos de ninfas, de prostitutas, de musas errantes o de muchachas misteriosas perdiéndose en el laberinto urbano. Lo que demuestra este libro con esta selección de los fotógrafos actuales de desnudos más destacados de Europa y de América, es que hay artistas jóvenes y no tanto que siguen prefiriendo los juegos sensuales que nos ofrece la belleza desde la opción de cuerpos concretos antes que la elección de fórmulas o de abstracciones, teniendo en cuenta que el cuerpo en un estudio también puede rechazar todo signo codificado y convertirse en fulgor puro….      

ECLIPSAMIENTOS ORIOLANOS