lunes, 18 de julio de 2016


Sumido en la rabia por el atentado en Niza, escribí, me salió esto el sábado por la noche.




AVISO A LOS SANGRIENTOS

A vosotros, a los que vivís de la muerte de otros,

A los que os creéis invencibles,

Os digo que he visto una filmación

En la que filas y filas de presos nazis

Temblaban al paso de la cámara que los filmaba,

Dándose una pierna contra la otra,

Temblando como hojas,

Muertos de frío en una tierra

En la que habían despreciado el poder de la nieve y el hielo,

Ellos, que eran los hiperbóreos.

A vosotros, abstrusos y criminales,

Os digo que he visto a un terrorista islámico

Preso en manos de los kurdos,

Sentado en una silla como un niño aplicado,

Mirando al suelo, obedeciendo a sus captores,

Temiendo recibir una bofetada humillante

O un grito que le atravesara las venas.

El famoso grito alá akbar ya no se oía,

La consigna siniestra  

Se le había secado en la garganta.

El terrible terrorista ahí estaba,

Como un fardo de paños sucios,

Inofensivo, nulo, convertido en nadie,

En nada,

un niño podría tumbarlo de una patada.

 

Por ello os aviso,

A todo aquel cuyo orgasmo es matar, 

a todo aquel cuyo éxtasis es disponer de la vida de los demás,

os aviso que llegará un día en el que se volverán las tornas,

y que seréis vosotros los que, entonces, suplicaréis piedad,

llegará ese día, que puede ser hoy, mañana, dentro de lustros,

llegará el día en que seréis derrotados,

aniquilados,

y entonces comprenderéis qué inenarrable miseria

es la que os ha engendrado.

martes, 12 de julio de 2016

OBSERVATIONS


 


 


Están los poetas y los que se dedican a escribir poemas.

 

Por mucho que se rompan la cabeza ciertos cineastas reivindicativos, la incursión en las circunstancias de un amor homosexual  sólo será una curiosidad más o menos morbosa para una sensibilidad no homosexual.  La relación de Romeo con Romeo no da el relato que sí da la relación de Romeo con Julieta. En la relación entre Romeo y Julieta hay diferencia real no sólo de cuerpos sino de caracteres, fantasías, y energías; hay incluso una oposición que se convertirá en convulsiva y luminosa convergencia final. La relación heterosexual entre ese Romeo y Julieta hipotéticos es de tal calibre que podremos extraer de ella una ejemplaridad vital; mientras que la aventuras de un Romeo con otro Romeo, por muy pasionales que puedan ser, no trascenderán un relato cerrado sobre sí, monosémico porque, a fin de cuentas, se reduce a la relaciones de lo mismo con lo mismo.

   

Cada vez que me he enamorado, todo lo que he escuchado sobre las relaciones entre hombre y mujer, todas las historietas sobre sexo vistas en películas, todos los chistes y leyendas, chascarrillos y estereotipos, todas esa literatura, toda esa basura, ha volado por los aires fulminado por una sola y virginal realidad: la que constituye mi amor.  

 

Estoy leyendo una obra de García Bacca sobre Parménides y Mallarmé, y dos libros de viajes al mismo destino - Roma, Italia - de Castelar y Henry James. Considerar o calcular cuál resulta más importante o profundo, incluso, resulta, finalmente, banal y poco interesante. El gozo de la lectura de estos libro no compite entre sí, aunque sí debo admitir que es más fácil, más inmediatamente grato dejarse llevar por las obras de viajes, es decir, por el despliegue sensorial de impresiones y fascinaciones temporales, que por la exposición precisa y rígida de la teoría. En un caso se analiza un objeto vivo, móvil, repleto de reflejos y conexiones vivas, y en el otro es la intensidad erótica del examen conceptual lo que identifica el placer lector. En el primer caso el texto se hace flexuoso, se impregna de lo que habla, paisajes, personas, colores, y en el otro, es la propia capacidad del pensamiento la que informa un texto sobre lo que este revela y define.   

 

La gran historia, la historia de los acontecimientos, la historia dramática y excelsa del siglo XX está escrita en las mejores sinfonías de los grandes autores. No me estoy refiriendo a Shostakovich y compañía, por ejemplo, sino a esos otros compositores que por una suerte de azar mimetizante, han quedado relegados a un penumbroso segundo lugar. Escucho en este momento a Charles Koechlin y su música me parece de una calidad que no se corresponde con ese puesto secundario que le ha tocado en suerte. Percibo esos matices, esas espesuras, esa intemperie sentimental que suena a aire de familia y nos hace recordar que el mito salvaje del siglo XX se encuentra singularmente cifrado en en estas soberbias músicas.

 
 
 

miércoles, 6 de julio de 2016

BREVE RECUERDO de EMIR AHMED TALMAHAN, O BIEN, LO QUE ES CASI LO MISMO, TRINO TRIVES






Encontrarme por un azar, en la red con unos cuantos fotogramas de Trino Trives ha sido como una revelación, un fogonazo de lo que hasta ese momento sólo era vida sospechada, leyenda, suposición, virtualidad, cosa ya acontecida  o referencia remota. Sabía que Trino había sido director de teatro y traductor. Su faceta de actor no la conocí sino hasta hace muy poco: ante la ausencia de otro tipo de información, ha sido, tras un rastreamiento  minucioso en la red, como he podido dar con su nombre en el elenco de actores que trabajó con regularidad a las órdenes de Jesús Franco. En alguna de estas páginas web se puede visionar alguna de estas películas, eso sí, tras haberse apuntado, dado todo tipo de información, datos personales, numero del D.N.I y horarios de visita al cuarto de baño,  persuadiendo de este modo que la gente no lo haga, como me ha ocurrido a mí. Por lo tanto dejaremos para una próxima ocasión ver a Trino en plena acción.

Reconozco que me te tientan la morbideces de la melancolía y estas imágenes de Trino, tras darme una agradable sorpresa y tras interpretarlas como un mensaje del tiempo – Trino no murió sino que está ahí, en ese trance del interpretar – también me han sumido en una morbosa ensoñación de carácter retrospectivo: las veces que me lo encontraba por la calle , lo que me contaba sobre las personas relevantes que había conocido, su posibilidad frustrada de ser director del Teatro Nacional en Madrid, sus anécdotas con Ionesco en casa de Ionesco, su trabajo en Sudamérica, sus tempranas lecturas de Artaud, sus colaboraciones con la revista Empireuma….

Con Trino, sobre todo en los últimos y fortuitos encuentros, sentía lo mismo: su “curiosa capacidad de movimiento espacial”. Residía en Orihuela, pero ignoraba la vida provinciana, no era de aquí, considerarlo un oriolano más por verlo transitar por la rúa era un error. Aquel caballero de aspecto distinguido y claro que hacía cola en Mercadona era el introductor en el mundo de habla hispana de la obra de Samuel Beckett. Aquel paseante anónimo que tomaba un tren de cercanías para ir a Murcia a ver películas de estreno cuando en Orihuela habían desaparecido los cines, había dirigido a alguna de las actrices más importantes del escenario español.

No hay contraste alguno entre el Trino que se paraba a hablar conmigo en algún punto de la glorieta sobre cómo Azaña hizo una visita secreta a Orihuela buscando la consulta de un prestigioso oftalmólogo, o de la vulnerabilidad de la cultura ante el poder político, y el Trino que veo facialmente transmutado en estas imágenes. Yo lo traté con gran placer y naturalidad en la prosa de los días corrientes; el Trino de las imágenes fílmicas es, simplemente,  el Trino consecuente con su arte, un Trino trascendido, digamos, con respecto al Trino común y visible, y cuyo recuerdo, desde luego, me produce admiración, una admiración que en las póstumas evocaciones del amigo  me satisface ratificar.

Luego hay que contar con esas casualidades que parecen sincronizar términos de realidad: casado con la prima de Juan Benet, escritor que se casaría con Blanca Andreu, la fulgurante poetisa y  chagalliana niña de provincias oriolana; agradecimientos a un tío abuelo mío por ser la única persona desde Orihuela que le escribía dándole ánimos cuando en los años cincuenta emprendió el camino artístico a París, recuerdos juveniles de mi madre cuando alguna vez salieron en pandilla…  

Nunca vi a Trino en acción, la gestualidad, la tensión que muestran los fotogramas jamás los vi en él. Quiero decir que las apariencias pueden a veces ocultarnos las excelencias de la persona que vemos con cierta regularidad, que lo insólito y la belleza son posibles si sorteamos esa barrera frágil pero obstinada de la cotidianidad.  

Nunca dialogué con el malvado personaje de una trama policial ni traté con el sacerdote de una extraña religión de otros tiempos, pero me siento orgulloso, secretamente gratificado de haber conocido y hablado con placer con la persona que interpretó tales personajes,  alguien que perteneció al metamórfico mundo de la ficción fílmica y la verdad representada del teatro.

jueves, 30 de junio de 2016

ONFRAY EL INCONTINENTE. HASTÍO Y PUREZA POÉTICAS.




 

Hay que agradecer las inquietudes de Onfray. Su desasosiego nos provoca y a partir de ahí, empieza la ronda de las réplicas y contrarréplicas.   

En La experiencia poética del mundo Onfray opone a la saturación lingüística que aqueja a la poesía occidental la serenidad e integridad del haikú. Este no es solo una forma de escritura sino que supone también una ascesis, una espiritualidad, la expresión ejemplar de un ser filosófico.

Para subrayar la autenticidad  y pureza del haikú Onfray opone estas características a la escritura cerrada y autosuficiente de los poemas de Mallarmé.

La obra de este autor ha supuesto la entronización del lenguaje y la dispersión o ininteligibilidad de la experiencia. Esta ya no puede ser vehiculada por el lenguaje puesto que ha sido elevado a la categoría de religión. El desasosiego, el hastío de Onfray está claro: en Occidente existe una saturación instrumental,  una intelectualización que impide la expresión neta de la experiencia poética. El haikú se nos ofrece, pues, como referencia  y como liberación de las abstrusas categorías  filosóficas que pesan sobre nuestro modo de juzgar, escribir y hasta de sentir.

De las sutilezas del haikú hay numerosas, claras e incisivas notas en los seminarios de Barthes, pero con la diferencia de que Barthes nos comunicaba entonces su entusiasmo por el descubrimiento y conocimiento de la naturaleza profunda del haikú y no cometía la torpeza de enfrentar continuamente poesía occidental y poesía oriental como hace Onfray. También resulta más que considerable todo lo que en el ámbito hispanoamericano se ha escrito sobre el haikú, especialmente las notas luminosas y precisas de Octavio Paz sobre la historia de esta forma poética, su influencia en Europa y América y las cuestiones derivadas de su traducción. Lo escrito sobre el haikú del nobel mexicano nos hace valorar con justeza primorosa este tipo de poesía y la fina aventura que supone para la mente y la escritura, nada que ver con las convulsas maneras de nuestro querido Onfray, enfrascado en derribar su propio legado cultural y ensalzar lo oriental como modelo de pureza indiscutible.

En este punto hay algo que es necesario clarificar. ¿Hasta qué punto es cierto que la experiencia poética en Occidente se haya vuelto intransmisible y que esto suponga la negación de la experiencia poética en sí, que ésta pueda producirse; hasta dónde es cierto que la división entre escritura y experiencia poética es insalvable?

Las pertinentes observaciones de Onfray corren el riesgo de la pontificación, porque siendo indiscutible lo que ha supuesto la obra de Mallarmé en el ámbito de la modernidad literaria, tal hecho es incapaz de convertirse, ni más ni menos, que en sanción universal de la experiencia.

Onfray se dirige al público francés, claro está, pero haría bien en considerar que hay otras escrituras que también legitiman experiencias tan originarias como las de los haikús en las obras de Fray Luis León, San Juan de la Cruz, o bien, en Borges, Octavio Paz o Lezama Lima. ¿Dónde está la diferencia entre vida y escritura poética en Miguel Hernández o en Pessoa?


Por otro lado me parece que vamos a ser más decadentes y pesimistas que el propio Onfray porque si bien somos conscientes del ordenado universo del haikú y de su delicada gestación, también somos perfectamente capaces de producir haikús como rosquillas. ¿Precisamente porque somos perfectamente capaces de imitar los haikús somos incapaces de crearlos originariamente? A no ser que el mismísimo Buda nos visite y nos deshaga de todo nuestro denso aparataje conceptual occidental, que tanto lamenta Onfray, el haikú será una práctica de vanguardia literaria más.  



Onfray dice que mientras Mallarmé libera complejas naderías los haikús suponen entre sí toda una sublime enciclopedia de la vivencia del cosmos. En su obsesión por buscar alternativas al pensamiento occidental aquí roza lo hiperbólico: quizá sea su formación occidental, precisamente, lo que le haga ver tamaña cosa que los propios orientales no pretendían. Pero determinados momentos de la lectura podrían casi invertir esta percepción, ya que ante la aventura verbal de Mallarmé y los modernistas el haikú corre el riesgo de la sosería y la monotonía. A Borges le exasperaba la indeterminación de la poesía de Tagore. Del  mismo modo no recomiendo un empacho de haikús. La exquisita fragilidad del haikú puede trocarse en una melaza insulsa y evaporarse todo el frondoso recogimiento que protege su silencio. Quiero decir que lo que Onfray nos indica en la espiritualidad de tendencia budista como una preferencia puede convertirse, precisamente, en lo que menos nos interese. ¿Pero y si contempláramos los poemas de Mallarmé como la obra de un monje budista guarecido del mundo en los acendramientos del verbo y los haikús como líricas percepciones concretas de una razón virtuosa que no reniega de sí ?     




miércoles, 22 de junio de 2016

PERVERSAS TAUROMAQUIAS HENCHIDAS DE SANGRE SACRIFICIAL….



 
 

En su obra Cosmos, el filósofo Michael Onfray dedica una breve reflexión crítica a las corridas de toros en el artículo Espejo quebrado de la tauromaquia.

En dicha reflexión Onfray expone su rechazo a las corridas, basándose, sobre todo en su crueldad que deslegitima toda pretensión artística o representativa. Hasta ahí nada que objetar a una sensibilidad particular. Pero Onfray, con la intención de desprestigiar la corrida todo lo posible añade algunas interpretaciones chocantes y aberrantes que sobre el evento tenían algunos intelectuales pro-taurinos. Onfray nos coloca a Hemingway, Michel Leiris, George Bataille y Montherlant como personajes aquejados de impotencia sexual y que utilizaban su morbosa afición a las corridas como una suerte de evacuación compensatorio-simbólica de sus secretos problemas de erección. Con los ejemplos de estos piradillos, repletos de conflictos de virilidad e impotencia, viene a insinuar que tales problemas definen la naturaleza de la corrida, bárbara puesta en escena de instintos salvajes y refinada crueldad, y de ahí, da un paso más, atreviéndose a afirmar con pasmosa ligereza que los que asisten a las corridas sienten del mismo modo un íntimo placer erótico por la sangre derramada y un orgasmo más o menos reprimido ante la muerte del animal. Me parece que, de repente, Onfray o  es víctima de un espejismo, - esas interpretaciones galo-literarias de la corrida – o pierde de vista la realidad ante lo bizarro de su propia suposición.

Por otro lado, la obsesión anti cristiana de este autor aburre bastante, pues no cesa de recordar que la corrida como el cristianismo obedecen a una cultura de la muerte, caduca y reprobable. La comparación de las corridas con la iglesia católica debido a la querencia de ambas por el boato y la puesta en escena no acabo de verla ni muy clara ni determinantemente significativa. Podrían cundir mil ejemplos distintos y contradictorios al respecto.

Ni soy un acérrimo pro taurino ni podría acercarme a un toro sin sentir un mítico estremecimiento. Leyendo a Onfray he hecho un esfuerzo y he llegado a pensar si el que está irremediablemente equivocado soy yo... Pero hay algo en lo que Onfray patina contundentemente. Califica a todo aquel relacionado con la ejecución de las corridas como de baja catadura moral. Esto no sólo es un mero insulto sino también una afirmación palmariamente falsa y gratuita, embarazosamente demostrable.  

En suma: hay en el veredicto de Onfray una indignación real que se mezcla con cierta ligereza, ese entusiasmo un poco autista de quien disfruta con el despliegue de su propia inteligencia y escribe, en consecuencia, perdiendo mesura y contraste en la exposición del juicio.




Como puede verse a Onfray ya le han zurrado bien en su país

martes, 14 de junio de 2016

CONVERSACIONES CON SCHOPENHAUER


 







Hacía tiempo que la lectura de un libro no se me hacía tan ligera y divertida, y, sobre todo, me surtía de tantas sorpresas acerca de la naturaleza del tiempo.

Este detalle último se explica por el carácter tan sorpresivo y realista, tan desmitificador que adquiere el tono de este anecdotario. Vemos al eximio autor de El mundo como voluntad y representación riéndose a carcajadas, salir a la calle con la bota del pie izquierdo puesta en el pie derecho, y la bota del pie derecho puesta en el izquierdo, pelearse con medio vecindario,  adicto al rapé y gran devorador de viandas, ocurrente, intolerante y contundente con sus colegas de profesión, algo bastante narcisista, y nada humilde con respecto al logro de su obra filosófica. Estupendo trabajo el de Luis Fernando Moreno Claros que ha seleccionado y traducido esta amena antología de documentos en los que músicos, profesores y escritores y personas varias nos dejaron recuerdo escrito de su memorable encuentro con el solitario francfortés. Creo que este rosario de anécdotas y recuerdos serviría perfectamente como material para un buen guión, para una película underground sobre nuestro filósofo, convertido ya en personaje de un sugerente cómic: los suculentos retiros de un budista extrafalario.  

lunes, 6 de junio de 2016

SOCIEDAD DE MASAS Y DECADENCIA


 
 
 

La industria cultural está demasiado segura de sus procedimientos como para escuchar la voz de la sabiduría (¿ y no está pasada de moda?)

 
Propia de la industria cultural es la vulgaridad, la insistencia en el detalle penoso.


La sofística ha reducido la verdad al consenso público y la discusión pública parece la coartada extrema de esta masa de hablantes.


Enamorado de la propia apariencia, el hombre –masa no podrá sino complacerse en lo que parece verdadero, no podrá sino gozar de la imitación, es decir, de la parodia de lo que no es.

 
No se trata de la crítica de algún analista actual, ni tampoco de un texto, precisamente, muy reciente. Son fragmentos de ¿Dónde iremos a parar?, una de las Historias verdaderas escritas por Umberto Eco hace más de cincuenta años y que suenan sorprendentemente actuales e incisivas. A veces parece que lo olvidemos, pero todavía vivimos en una sociedad de masas. Y es a esa sociedad desclasada y dispersiva a quien Eco dirige su agudo visor contrastante.

Eco utiliza el ascenso del pueblo al poder en el mundo ateniense de tiempos de Platón como acerada metáfora de la dispersión del espíritu en el masificado espacio democrático.  La decadencia espiritual de Atenas tras la victoria de la democracia es un reflejo crítico de la sociedad actual, plenamente masificada.  

El hándicap de toda sociedad masificada y democrática es la pulverización de todo misterio, la obligación de hacerlo todo público, la ignorancia de todo sentido oculto.  
 
No sé si elitista quizás, pero sí muy  nietzscheano, Umberto Eco da la puntilla :
Al hombre libre no le queda sino refugiarse, si tiene fuerza, en el propio desdén y en el propio dolor. Incluso cuando, un día, la industria cultural, iniciando en las letras también a los esclavos, mine por su base este último fundamento de una aristocracia del espíritu.   

En los fragmentos precedentes observo una crítica a lo políticamente correcto, a la imposición final de un sentido uniforme y global de la cultura, reducida esta al mero juego lingüístico, se percibe el grito de quien ya no podrá ser diferente ante el imperio social de la masa arrollando lo delicado y lo esotérico.

Historias verdaderas se encuentra en el volumen Segundo diario mínimo publicado recientemente por Debolsillo, y en el que encontramos al Eco más  lúdicamente  combativo contra el acosador fenómeno  de la sociedad de masas.

 

ECLIPSAMIENTOS ORIOLANOS