jueves, 25 de julio de 2019

Nota rápidas.





Acabo de “descubrir” a Vernon Le, seudónimo de Violet Paget. Sorprendido por las descripciones que hace del universo romano y de los entornos vaticanos, esa ceremoniosa eclosión de colores y efigies sin fin rotando sobre veteranas auras. Me intriga el título de una de sus obras: Proteus o el futuro de la inteligencia. Digo que me sorprende su estilo en las múltiples piezas dedicadas a describir los fastos romanos porque su escritura integra las valoraciones negativas en un contraste que hace pululante y sólida su escritura. En tierra italiana es sensible tanto a la belleza que no para de brotar de los restos de tanta historia circundante como a la intencionalidad equívoca de alguna de las imágenes sacras de iglesias y panteones.

Me pregunto por qué una obra filosófica escrita o comenzada a escribir por Miguel Espinosa a finales de los cincuenta, no está publicada que yo sepa, todavía. De Espinosa, como de Borges, hay que leerlo todo. Si su epistolario ha tenido tanto éxito, seguro que sus seguidores celebrarían la edición de esos ensayos. No me refiero a sus reflexiones sobre Norteamérica, sino a un trabajo estrictamente filosófico y del que habla en sus cartas. Espinosa escribe desde unas trincheras semánticas tan especiales que el interés que despierta se mantiene vivo. Un caso parecido ocurre con Estanislao Sánchez Calvo, el famoso alcalde de Avilés – lo fue durante un día – cuyas especulaciones sobre milagros y espectros hemos disfrutado, pero cuya obra filosófica restante permanece ocluida en cajones o archivos.




Ayer vi de nuevo El hombre de la Mancha, la película musical que interpreta Peter O´Toole. Sensaciones curiosas al comprobar cómo se interpreta un clásico nacional y universal por mentalidades foráneas, aunque, claro, si es un clásico universal esas mentalidades foráneas no lo serán tanto pues también tendrán su derecho a versionar una entidad estética que será asunto e interés de todos. Lo que me resultó tedioso fue el tratamiento de la figura de Aldonza. Peter O´Toole a veces parece un robotito moviendo la cabeza, pero resulta conmovedor en los momentos musicales. Desde luego, la famosa canción Un sueño imposible no puede sonar aquí más emocionante, a propósito de ideales quijotescos y de la vida, dividida, engañosamente, entre poesía y realidad.




Hojeo el diario de viaje de Benedetto Croce durante su viaje por España y leo, también, la publicación en Renacimiento del conjunto de artículos que Vicente Blasco Ibáñez escribió sobre el orbe parisino durante su exilio francés.  Las crónicas, los libros de viajes convertidos en anecdotarios de los fugitivos confines del tiempo y de los espacios. Uno se da cuenta de que el mayor laberinto, el tramo más insólito es el que se configura a través del tiempo. En realidad no hay mayor itinerario de viaje que el tiempo. El espacio y la vivencia del espacio se modifican a través del baño del tiempo. Y, además, uno puede convertirse en un extranjero en su país propio.    



Leo El intercambio imposible de Jean Baudrillard. No creo, en absoluto, que el pensamiento de Baudrillard sea un bluf, después de tantos libros notables y de la fama que adquirió, pero esos análisis vertiginosos sobre la realidad, esa especialidad en lo definitivo y apocalíptico, corren el riesgo de quedar reducidos a lo espectacular, a la intensidad de una prosa efectista y brillante. A pocos filósofos contemporáneos he leído con tanta emoción y placer intelectivo, pues parecía que a Baudrillard se le había encomendado la misión de revelar la naturaleza profunda de la actualidad. Precisamente por ello, por centrarse en lo actual a través de balances relampagueantes y fatales, es que su figura ha quedado confinada a un discurso o a teorías ya recurridas socialmente y convenientemente deglutidas. Baudrillard pretendió definir la realidad, pero lo que la vida te puede dar es mucho más que ataques de elocuencia. No olvido sus escritos, las capas y grosores de realidad que descubre en sus obras, pero la experiencia de que te puede hacer partícipe la vida borra los límites que la inteligencia describe como definitivos. La vida es más que la actualización crítica de sus derivas. A pesar de la inevitable gravedad histórica de las grandes teorías,  uno puede atender a la marcha de la vida y sus sorpresas, ignorando convenientemente tales estatus o pronósticos.      

martes, 23 de julio de 2019

27 poetas en conjunción verbal





De aquí a mediados de octubre, queda toda una eternidad de calores  y días de refriega solar como para esperar a la clausura probable del siguiente ciclo de poesía. Sería entonces cuando la publicación de las intervenciones del ciclo anterior gozase de su justa presentación. Como, además, hay dudas acerca de que tal presentación se produzca, me adelanto a toda alarmante virtualidad remitiendo al piélago internético esta nota sobre tal publicación que, materialmente, ya tiene vida efectiva.
Aitor Larrabide y José Luis Zerón, artífices del proyecto, en los prólogos del volumen ya comentan todo lo que oficialmente hay que comentar con respecto a las distintas circunstancias de llevar a cabo una publicación como esta.
Yo, simplemente, subrayo la estupenda oportunidad que no sólo para la memoria de Miguel Hernández sino para la poesía misma se ha dado con la serie de encuentros que tuvieron lugar en su casa natal durante el otoño, invierno y primavera pasados.  
Un poeta supone una obra poética consecuente, una biografía y una geografía real como itinerario de los accidentes y acontecimientos que hilaron la vida de tal poeta. En este sentido, con Miguel Hernández tenemos suerte, pues los lugares en los que moró y la propia estructura de lo que es hoy el casco antiguo de Orihuela, facilita esa ubicación precisa en las labores de la memoria que rastrea anécdotas y episodios.
Yo preferiría contemplar a Miguel Hernández, antes que motivo de uniformantes recordatorios, como pretexto para la invocación de la poesía y la actualidad de sus mensajes.
Y tales mensajes no pueden darse sino a través de la obra de los poetas que desde distintos registros escriban hoy.
27 poetas han sido los que “han cabido”, los que han entrado en la celebración del último ciclo de poesía en la casa donde nació nuestro querido vate.
Toda iniciativa sobre cualquier motivo puede producir cualquier cosa más o menos memorable. El hecho de reunir a más de veinte poetas tanto de la provincia como de comunidades vecinas en torno a un poeta tan vívido como Miguel Hernández y que las intervenciones ordenadas de todas estas personas se incluyan en un volumen colectivo, implica siempre un trabajo de resultados generalmente entrañables, aunque posteriormente tanto los distintos encuentros como el libro que reúne la suma de los textos leídos y el nombre de cada uno de los autores, se vayan borrando en el horizonte con el paso del tiempo. De todos modos, la publicación, hecho hermoso en sí, ahí está.  
Decía Octavio Paz que a veces sucede: no que la poesía se aleje de la sociedad sino que sea esta la que se distancie de la poesía. Con la tontuna tecnológica, y las exquisiteces humanísticas que nos faltan, creo que algo de esto es lo que pasa hoy. Desde luego, no es irremediable. Basta que haya medios y que los estímulos funcionen para que los devaneos lúdicos y los intereses conceptuales recuperen cierta línea saludable. Y cierto es que la poesía puede encontrarse en lugares distintos a la palabra, pero no sólo de cine o de móviles vive el hombre.
Hay que potenciar las oportunidades de la poesía y de lo poético. No se beneficia ninguna abstracción más o menos ideológica con ello sino el lenguaje por el que transmitimos nuestras creaciones y nuestros sueños. Es entonces cuando recordamos nuestra excelencia y nuestra memoria común.      


sábado, 20 de julio de 2019

MOROS Y CRISTIANOS. RECUERDOS DE LA FIESTA





El tiempo funciona como el agente mecánico del existir, el agente que modifica y metamorfosea el conjunto de las apariencias. En el tiempo, sobre esa cinta corrediza que transporta a los confines recuerdos e impresiones, van también los míos, mis estremecidos recuerdos de esta fiesta. Quizá esos recuerdos se han grabado de ese modo, emocionalmente intensos en la memoria por ser, ni más ni menos, que los primeros de una experiencia tan acorde y no haber sido desplazados por impresiones posteriores ya que no he tenido experiencia más crucial sobre la fiesta. Aquellos festejos de fines de los setenta y principios de los ochenta, inauguraban una era en la memoria del adolescente que se veía arrebatado por el entusiasmo y por mareas de sensualidad.
Algunos familiares míos desfilaban y ello hizo que no fuera un extraño total a estos días de agradable caos, porque la timidez y el temor al mundo funcionaban como cerrojo invencible a mis probables atrevimientos de rebeldía.
En Orihuela, las fiestas más representativas, son dos y que considero, en cierto sentido,  antagónicas e igualmente productoras de fervor: la Semana Santa y los Moros. La primera es una fiesta seria, valga la paradoja, se impone la formalidad sacra de la procesión y las correspondientes imágenes de cada paso. El fulgor estético es eminentemente visual y el tipo de emoción que vehicula se atiene al común lujo barroco que define históricamente un gusto y un espíritu. Los Moros es también fiesta, pero de otro orden. Es la fiesta báquica del pueblo, por excelencia, la fiesta de la explosión de música y jolgorio.
Cómo recuerdo aquellas fiestas de finales de los setenta, qué vaharada indescifrable de libertad sentía el cuerpo, que sensorialidad despertada, qué justo festejar porque éramos soberanos del tiempo y del espacio. Hablo en pasado, en primer lugar, por recordar unas sensaciones inaugurales en un espíritu, el mío, que no se atrevía a lanzarse a la vida por considerarla un laberinto imposible que, sin embargo, le otorgaba esta ocasión extraordinaria; y en segundo lugar, por hacer duelo, precisamente, de tal manojo de bienestares concentrados en unos días que ya no han sido igual de intensos ni significativos.
Hablando con un amigo, el otro día, y recordando los tiempos en que nuestros padres eran casi los dueños del mundo, fue él quien de pronto llegó a decir: era como el paraíso. Mi amigo estaba esa tarde algo melancólico y apenas iniciada las rememoraciones fue igual de consciente que yo del vertiginoso paso del tiempo.
Cierto es que todo esto parece demasiado derrotista, y además, es como si estuviéramos sublimizando ridículamente aquellos años. Pero es lo que decía al iniciar el artículo: es el tiempo lo que nos atraviesa y nos lleva, lo se acumula sobre nuestras ansiedades produciendo esplendorosas ruinas, edificando tramos y muros infranqueables.
La efectividad de la Fiesta radica en su unanimidad, en el funcionamiento pleno de lo que expresa o tácitamente se ha convenido. La Fiesta es manifestación de la voluntad de todos. En eso consiste su éxito, en que todo el mundo está de acuerdo en que ha llegado, en que ha retornado la Hora: la de un primer día de felicidad y estruendo.   

    


miércoles, 17 de julio de 2019

Poesía y prosa en los libros de viajes. Impresión/ narración. Lorca y Warton.




Podríamos decir que un conjunto seguido de impresiones crearía una narración, y que una narración consistirá en la descripción y análisis de impresiones. Según el interés de la descripción vaya del contexto de la impresión a las características de la impresión misma, obtendríamos un producto literario más próximo a la narrativa, según el primer caso, o a la poesía, en el segundo.  Por esto se hace posible diferenciar libros de viaje basándonos en dos modos elementales e idiosincrásicos de contar: por un lado, el que se centra en la  exposición de la impresión en sí, como si fuera un microcosmos de relaciones, enumerando imágenes de lo visto, y otra, que sin detenerse tanto en la poetización, nos hable de las singularidades vividas constituyendo sobre todo, un relato de lo vivido o experimentado. Una muestra de cada uno de los dos modos de contar encuentro en estas dos publicaciones, estupendas muestras del género, que son el libro de Edith Warton, Paisajes italianos, publicado por Desclasados, y la obra Impresiones y Recuerdos de F. G. Lorca que encontramos en   Biblioteca Nueva.
En algún diccionario internáutico he creído leer que lo contrario a la poesía es la narrativa y la novelística, conceptuando a estas últimas como representantes clásicas de la literatura, mientras que no recuerdo en qué límbico y numinoso puesto se ubicaba la poesía.
Si la poesía, por su mayor formalidad, guarda una relación más inmediata con la memoria, no hay duda de que el texto de Lorca es más descriptivo que el de Warton. Lo sucinto en Lorca consiste en la golosa precisión con que capta el detalle identificador de lo visto.  Warton describe lugares razonando sus ascendencias culturales, Lorca secuencia imágenes al borde de lo numinoso. El texto de Warton es una línea recurrente, el de Lorca se constituye de fragmentos autónomos. La relación que define el estilo de cada uno resulta clara: Warton es la prosa y Lorca la poesía.
La forma, como vemos, afecta a lo semántico (recordemos la aportación cuasi fugitiva de Barthes cuando insiste en que el significante no tiene referente, es decir, que significa por sí mismo sin vinculaciones de sentido externas). El texto de Lorca, susceptible como todo texto poético, de fragmentaciones de significado autónomo, recuerda la gravidez del verso por la definición graciosa de la imagen, por la condensación expresiva y esto se vincula a significaciones espacio temporales muy precisas y absolutas en cuanto al grado de acuse semántico. El tiempo no transcurre en el texto de Lorca porque su percepción es poética, porque describe espacios de significación pura y no se diluye en accidentes o estos no adquieren una extensión narrativa que llegue a alterar el diapasón, el nivel de valoración de mundo.
Warton, naturalmente, no es ajena a la impresión estética y la incluye en su descripción seria y pormenorizada del lugar que visita. Pero lo estético, es decir, la condensación poética en un detalle absoluto no es algo prioritario o determinante en su escritura. Warton se desplaza junto a su descripción por el espacio que explora y su numen no excluye aspectos sensoriales en tanto que privilegia otros o superlativiza uno en el que se especializa o detiene. Su finalidad es la de redactar un informe culto en el que la sensibilidad literaria no imponga especificidades sino que se amolde al carácter general de la impresión.  
En Lorca el adjetivo es casi un sustantivo en tanto que soporta, lleva y trasluce la esencia específica de algo. El nombre en poesía es numinoso, pero el adjetivo coloca la guinda final a la obra de arte que va configurando la escritura y sus brillantes tramos. En Warton, el adjetivo también es potente, pero se adosa al conjunto de las palabras que se traslada continuamente en un conjunto móvil. De hecho, la prosa es un continuum con principio y final creíbles y reales. El adjetivo pone aquí su calificación a la cosa, revela la intensidad de la percepción.
Warton ejerce el periodismo ilustrado, Lorca aprovecha la capacidad poética para convertir su viaje en una fuente de imágenes preñadas de tiempo fuera del tiempo. Warton, en tanto que tiene la misión de informar, compara, elogia y critica; Lorca tiene ante sí una serie de “cosas”, de cuyas texturas, formas, colores, atmósferas, en definitiva, realiza su redacción. Warton atraviesa la historia, Lorca, sustancias.      
En el texto de Lorca, la imagen es imantación de toda potencia expresiva, homocentro de mundos, confín vivo de relaciones. En el de Warton, la maestría escritural obedece al arte de una lectora selecta que dispone de tiempo para esbozar historias y articular perífrasis que la intención del artículo justifica.  
Lorca, como poeta tenía un trabajo por delante muy gustoso y fácil para él, ya que el viaje que realizaría con su profesor para reconocer lugares históricos, se comprimiría en densas y concretas imágenes que tan sólo tuvo que transcribir. El dato contextual, - el juicio histórico -  unido al perfil de la imagen despliega el rosario de percepciones que Lorca generosamente distribuye. Para Lorca, los conventos, los mesones, las criptas, los castillos, los jardines conforman un compacto conjunto de conexiones que sin necesidad de desglosar históricamente, analiza y describe con genio porque los percibe como heredad del tiempo y como imagen real, aunque añeja, del país. Para Lorca cada sitio visitado es “un lugar”, casi un lugar de poder, y toda la imantación histórico-cultural está ahí mismo, frente a nuestros ojos y sensibilidad. Para el genio de Lorca la condensación histórica equivale a la condensación metafórica de tales lugares.
Para Warton tal condensación histórica no es tan inmediata, o al menos, no funciona agotada en los límites exhibitorios de su imagen. Warton visita un lugar y, respetuosamente, y con todo el interés del mundo, decide recorrerlo a la búsqueda de la extrañeza repentina y estatuaria, atributos de la sensibilidad de una civilización mítica y de la historia, preñada de empresas y hallazgos.


miércoles, 10 de julio de 2019

KIOSCO DE VERANO



Incursiones en lo indecible.
Thomas Merton.

El volumen reúne una serie de ensayos breves que el monje norteamericano acabó de redactar hacia 1966. Esta edición en español es de 1973. En estos textos Merton nos ofrece su talante más comprometido y ecologista. Critica la enajenación y la insensibilidad de la sociedad moderna ante las bellezas y misterios que la naturaleza ofrece de modo gratuito a la contemplación. Merton reivindica el silencio sólo cuando este se convierte en sello de una experiencia real y gratificante y cuenta, en su visión crítica de la realidad, con la complicidad inteligente de los poetas, entre cuyo  casi clandestino gremio, se cuenta. Resulta gratificante constatar con qué material  argumenta Merton sus posiciones, teniendo en cuenta su pertenecía a una orden de clausura: el teatro de Ionesco, Julien Green, la obra del ermitaño Piloxenos, la obra del sufí Ibn Abbad, los beats, Rimbaud, Baudelaire, el periódico Times, la bomba atómica, etc.. Es decir, Merton no emite, meramente, un discurso místico desde la pureza de su aislamiento sino que construye una crítica lúcida a través de artistas, escritores y temas contemporáneos. En sus libros, Merton hace converger lo secular con lo sacro en una misma, densa y sola realidad temática. Uno de los artículos del libro habla de Eichman, el tétrico diseñador de la solución final de los judíos, quien le sirve de pretexto para denunciar que a veces, el mal, se encarna en individuos totalmente cuerdos.





Cuentos de un bebedor de éter.
Jean Lorrain

Jean Lorrain es un producto típico de la Belle Epoque, personaje de saturación y de exceso, emergido de un momento histórico en que el simbolismo y el decadentismo conviven, adensando percepciones e imaginaciones. Lorrain viene a ser con su obra teatral, poética y narrativa una suerte de informador del espíritu de tal momento, sin tratarse de un escritor de primera línea. Precisamente por ello, Lorrain es más un efecto sintomático que un signo del devenir que fue. Hijo de su época, pues, más que profeta de la misma, y hasta la médula: de una época enferma de estética y de vaticinios, de vislumbramientos suculentos y deleitosos hastíos.
Los cuentos, sin ser genialidades en su género, tratan de lo extraño, de lo fantástico y terrorífico y se leen con ligereza entretenida. Es el epígrafe bajo el que se reúnen estas ficciones el que realiza la confesión que justifica su temática alucinada.






La obra gráfica de Félix Vallotton

Estupenda iniciativa de la editorial valenciana El Nadir al crear una colección dedicada exclusivamente a la obra gráfica de pintores, ilustradores y dibujantes pioneros en el género de la estampa, la caricatura o el cómic.
En este caso se nos ofrece el peculiar trazo de Valloton, uno de los fundadores del grupo de los Nabis. El dibujo de Valloton es espeso, globoso, húmedo, pegajoso, de una densidad ambigua, pues nos podemos refugiar gratamente entre sus sombras o interpretarla como tímido signo de oclusivos devenires.  







Franz Grillparzer
Autobiografía, diarios y otros escritos.    

Recuerdo que conocí a este autor austríaco en una mención que Kafka hacía de él en sus diarios. Famoso en su tiempo por su obra poética y por sus dramas basados en piezas de Calderón y de Lope, lo que se nos ofrece aquí es un material que, probablemente, pueda interesar más al lector actual: su diario personal, la autobiografía, otros diarios de viaje y relatos. Interesante resulta la relación del autor con el emperador austríaco y los problemas que le surgieron con los poderes políticos a raíz de la publicación de un poema sobre el país y la monarquía entonces reinante. Los diarios nos ofrecen esas curiosidades que sólo la metamorfosis del tiempo hace surgir en la sensibilidad del hombre. Por ejemplo, cómo abandonó el teatro una noche de noviembre de 1810, en un ataque de irreprimible  repugnancia tras escuchar a un castrato, que visitó Viena y dio un concierto allí; o la sensación espantosa que le produjo la actuación de unos derviches en Estambul, que consistía, al parecer, una sucesión de gritos animalescos, bien distinto, con toda seguridad, a lo que actualmente se ofrece como espectáculo en dicha ciudad. También me han parecido curiosas las notas que en su diario registra sobre la situación política en España y el inicio de las guerras carlistas. Grillparzer celebra la libertad, mostrando sus simpatías isabelinas. La afición de Grillparzer a la literatura del siglo de Oro española, me ha hecho recordar aquellas palabras de Borges, un poco antipáticas, sobre “el autoengaño” a que se sometieron con placer los autores germanos románticos ante las obras teatrales hispanas. Si el ensalzamiento del teatro español clásico fue sólo una singularidad romántica de alemanes y austríacos, ¿a quién culpamos de ello: al poder de febril ensoñación de los germanos, o a la azarosa estrategia de las coordenadas espaciotemporales que la creatividad hispana accionó, sin saber, varios siglos antes? ¿Hasta qué punto la interpretación de Borges es exclusiva o cabe, también, la posibilidad de esa curiosa y episódica sincronización inspiratoria entre alemanes y españoles?





Hermes Trimegisto
Corpus Hermeticum

En español existen varias ediciones recientes del Corpus Hermeticum. Mi única duda ante unos textos, en principio, tan filosóficamente suculentos, es el tema de la traducción y la confirmación de que los textos traducidos correspondan, efectivamente, al tan famoso Corpus, teniendo en cuenta la cantidad de publicaciones sobre, presuntamente, los mismos textos y la libre floración de apócrifos de la época (cuando no, de la propia actualidad). En este caso, la confusión y el titubeo acerca de la originariedad de los textos herméticos, está servida porque la editorial Arca de la  Sabiduría,  ha tenido el detalle de confesar que su edición es la traducción de una prestigiosa versión aparecida en Londres en 1924, es decir, es la traducción de una traducción. De todos modos, aunque estos datos puedan descorazonarnos, si nos conformamos con el texto que tenemos delante, apenas leídas unas pocas páginas,  la satisfacción intelectual no parece que vaya a ser insatisfecha, pues el surtido temático que surge resulta fascinante: “si el alma del hombre no tiene ni hijos ni hijas, se ve obligada a entrar en un cuerpo que no es ni femenino ni masculino; la función de la naturaleza es la extinción y la renovación universales; el Bien es la Luz arquetípica; Dios es el hacedor tanto de las cosas que son como de las que no son: las primeras la ha hecho visibles y comunicables, mientras las otras las mantiene dentro de sí; sólo el pensamiento puede ver aquello que está oculto”, etc…
Teniendo en cuenta que a uno, le ilusionaría considerar este manojo de reflexiones como referentes del pensar por gustarle el pensamiento hermético y considerarse poeta de raigambre simbolista, me surge la duda hermenéutica de hasta qué punto  los que escribieron estas líneas eran pensadores libres de toda tendencia o pertenecían a escuelas neoplatónicas de la época. También, tengo otra dudilla: que si alguna que otra audacia expresiva pertenece a la invención del traductor anglosajón a través de la versión española, o pertenece al lenguaje originario de los seguidores de Hermes.        
  

jueves, 4 de julio de 2019





LA MONJA ILUMINADA

Nuestro barroco confesional es un abigarrado desfile de beatos, santos y santas, apariciones fantásticas, repentinos arrobos en laberintos monacales, éxtasis e iluminaciones que cursaron su variopinta pasión bajo los cánones aparentemente estrictos de una fe reconocible y común. He ahí la singularidad que describe toda una época  y que como tal puede visitarse histórica o estéticamente: una geografía tan simbólica como real habitada por personajes propios dotados de argumentos también propios.
Y si tal mundo de mundos puede visitarse, aquí la crítica no tendría otra función que la de  exponer por qué ese mundo fue como fue, revelándonos confines de la mentalidad, de la sociedad, de las razones de la gestualidad litúrgica sorpresivamente cercanos.   
La figura de Sor Úrsula Micaela es una integrante más de este desfile de personajes y fenómenos. Ha sido su persona o su personaje histórico lo que, casualmente, me ha hecho reflexionar sobre la singularidad cultural de ese período y la tendencia viciosa a estereotipar fragmentos complejos de historia.
No creo exagerar si recuerdo que, en nuestro caso, es decir, en el caso de España, el Barroco, es nuestra inmediata modernidad. Nuestros clásicos literarios, pictóricos y musicales son barrocos o se producen en distintos momentos de este período.  Que nuestro clasicismo sea barroco explica todavía tanto disparates políticos como las revueltas en el sentir de temperamentos e idiosincrasias.
Es otro tópico decir que en nosotros el romanticismo fue más liviano que en otros países, y que casi hemos pasado de las cuitas de un San Juan de la Cruz o de una santa Teresa, a las floraciones modernistas, siendo devotos a distancia de la revolución industrial y emergiendo con fuerza y brillo en la constelación de intelectuales, escritores y poetas de la Generación del 98 y del 27.
Sorteo con fruición estos datos con la intención de volver a ubicar a esta fundadora de las clarisas capuchinas de Alicante y el pintoresco itinerario tanto de su vida como de sus restos mortales convertidos en objeto de culto y extrañeza.



El proceso de beatificación de Sor  Úrsula Micaela se encuentra todavía no finiquitado. La monja, nacida en Cartagena, estuvo desde muy pequeña notablemente sensibilizada, sufriendo ataques y experimentando visiones extraordinarias a lo largo de toda su vida. Mantuvo correspondencia con Juan II de Austria y escribió una autobiografía que ansío encontrar publicada en Alicante o en Murcia. Su cuerpo incorrupto desde hace tres siglos ha sido sometido, recientemente,  a un minucioso estudio a la búsqueda de, la verdad,  no sé qué, en sus transcendidas fibras terrenales.
Y matizo este detalle porque el “gran atrevimiento” del cristianismo, el no va más del desasosiego teológico es la exhibición de los restos físicos de algún gran personaje de la fe, quien, se supone, debe estar habitando contornos mucho menos perecederos, desafiando toda hórrida apariencia de la putrescible materia con la "amenaza" santa de la fulgurante Resurrección. No olvidemos que la promesa extraordinaria del cristianismo es resucitar en la carne y en el espíritu al mismo tiempo, como si la sacra avidez por redimir al universo incluyera no olvidar la más mínima minucia de la creación. Claro, aquí hay una lógica primaria. Si sor Micaela vuelve a la vida eterna tendremos que verlo ejecutado desde donde fue su soporte inmediato, desde la materia, y por ello su cuerpo que reposa en una urna de cristal con un aspecto más o menos inquietante, se levantará de su reposo mortal,  regenerando en un fulgor vertiginoso la integridad de su conformación física; y nosotros tendremos que verlo para dar contundente fe de la realidad de semejante maravilla.

Independientemente de estos posibles sucesos fantásticos futuros,  lo que ha despertado mi interés  por esta religiosa no ha sido  tanto el conjunto de su sorpresiva biografía como el hecho de contextualizarla, es decir,  el deseo de  liberarla de las manías encasilladoras de psicólogos e historiadores y contemplar una vida de este talante como algo típico de un sentir y de unas convenciones. Es decir, cómo esas convenciones que actúan de limitación vital son capaces de producir en su seno experiencias arrebatadoras y transpersonales sin que sucumban a presuntos análisis realizados bajo el mirífico auspicio del progreso o semejantes. 
Es conocido que la psiquiatría pretende conocer las razones de  visiones y arrebatos místicos. Claro que la confusión está servida, pues qué cosa es consecuencia y qué otra, causa de.  Lo que yo digo es que tal pronóstico es producto de la actualidad cultural y que ello, a pesar de todos sus profusos análisis y diagramas,  no termina de “explicarme”, las singularidades de una experiencia de lo místico.
Cada época tiene un contacto específico con determinados símbolos y contenidos, cada época traza su propia asunción moral e imaginaria y lo que yo pueda presentar como pronóstico definitivo de la rareza de esas convivencias es mi distanciamiento crítico de esos mundos y mi incapacidad de sumirme en ellos como no sea literariamente y a través de documentos. En este punto, sí, yo puedo presentarme como el más lúcido intérprete del barroco con la condición de no haber vivido allí, de conocer unas coordenadas que conformaban el espíritu del momento pero que no han conformado el mío. Y esto es tan de Pero grullo, que me quedo igual que al principio, pues no puedo hacer otra cosa que manejar documentos de lo que fue vida vivida y real.
El estudio que hicieron del cuerpo no sé muy bien a qué motivos obedece: qué es lo creían que iban a encontrar en unos restos físicos, conociéndose todas las condiciones naturales que se tienen que dar para que una momificación se produzca.
Qué distancia encuentro entre el historial de los arrobos místicos, las bondades personales de Sor Úrsula Micaela y todo lo que ha suscitado su cuerpo momificado que ya no es sor Úrsula, sino el resultado final de la naturaleza, bien lejos del mundo de la voluntad y de los hechos humanos. Prefiero la imagen pintada de Sor Úrsula que aparece en la edición de su autobiografía, estimula mucho más y plácidamente mi imaginación sobre lo que fue la vida de esta religiosa, pendiente de convertirse en santa, que el oscuro muñeco que amenaza con escapar de su féretro de cristal y provocarnos alguna pesadilla.
Lo que justificaría la manipulación del cuerpo de Sor Úrsula sería que se llegara a comprobar que una vida de alta virtud tiene efectos post mortem sobre el estado del cuerpo. Pero la llamada ciencia, hasta el momento,  se muestra incapaz de confirmar nada sobre semejante cosa.   


UN CONFÍN DE CIELO PARA TUS PÁRPADOS

  Esta foto de Lee Friedlander se parece al tipo de fotografía que yo he ido haciendo en mis escapadas urbanitas los sábados por la tarde.....