martes, 11 de julio de 2023

EEEEL DEBATE




El debate
cara a cara de Sánchez y Feijoó me ha hecho reflexionar sobre el personaje que es el  presidente socialista y sobre su insólita… permeabilidad.

Toda tendencia política supone y presenta un ideario, un programa. Pero sabemos que la política, como ninguna otra actividad, está sometida a las circunstancias e imprevistos de naturaleza económica, ideológica, cultural, etc., que van a  convertirse en un obstáculo para que la integridad de  tales programas llegue a cumplirse. En este aspecto, la figura de Sánchez representa el grado extremo en cuanto a lo de sortear obstáculos, adaptarse a contextos y pactar con lo imposible, hasta llegar al cínico extremo de contradecir manifiestamente su propio programa con tal de que el gobierno se mantenga. Visto así, y ya conocemos la retahíla de críticas que pesan sobre sus espaldas, es normal que la figura de Sánchez se haya vuelto desesperante, no sólo para la oposición sino para sus propios socios de gobierno e incluso, para miembros del partido socialista. Esta, a veces, irritante por no decir, desquiciante capacidad de funambulista, ¿hasta cuando la van a permitir los españoles? Esa es la cuestión.

Y hablando de irritaciones: En el debate televisado, Sánchez no ha hecho otra cosa que intentar confundir los planteamientos de Feijoó interrumpiendo de modo continuo e intolerable. Feijoo se ha mostrado más respetuoso y serio.

Yo quisiera que gobernase la izquierda, pero no con un candidato tan convulsivamente tornadizo como este.


miércoles, 21 de junio de 2023



 

NONI BENEGAS

FRAGMENTOS DE UN DIARIO DESCONOCIDO

 

La metaliteratura se ha convertido, a veces, en un reboso difícilmente eludible en tanto que grandes pasajes de la literatura moderna han consistido en la adopción de una conciencia crítica del lenguaje utilizado en la expresión, lo que ha supuesto, a su vez, la reubicación de la creatividad del escritor ante los motivos que le estimulan a escribir y qué implica ello, éticamente,  ante las formas posibles de reflejar la circunstancia humana que le atañe representar.

Hasta qué punto somos soberanos dueños del lenguaje supone algo más que demorarse virtuosamente en los pliegues y laderas del verbo: casi diría que al contrario: nos obligaría a atemperar y a limitar con justicia, exhibicionismos y barroquismos subjetivos que puedan tornarse inagotables. 

Creo que el atractivo, diría la maestría, del poemario presente de Noni Benegas, Fragmentos de un diario desconocido, consiste, elementalmente, en atravesar pasajes semejantes a los descritos sin convertir lo que es una revelación en tornadiza emergencia verbal. Noni lo consigue: el difícil equilibrio entre lo que digo y cómo lo digo presentándolo como un proceso vital y emocionante, complejo. Y es en estos fulgentes lodazales de la palabra y del verbo que Noni resulta original, es decir, auténtica en lo que nos va transmitiendo.   

Podríamos decir que la poesía de Noni Benegas posee esa virtud antirretórica: la de ubicarnos con una difícil naturalidad en el centro del acontecimiento, presta a describir el proceso de cualquier percepción o desajuste que sean claves en el advenimiento de la poesía, de la propia vida vivida.  

Noni convierte el “producto”  poético en el resultado de una catarsis no escandalosa, casi implosiva, pero decididamente incisiva y desnuda. 

Prepararse para la aventura poética implica, paradójicamente, despojarse de todos los motivos y estereotipos que la literatura y la escritura  ofrecen como estrategia inicial. Señalando la vergüenza como motor propio de la autenticidad de uno a la hora de expresarse,  haríamos bien  en no potenciar lo oscuro de las palabras porque sí, en no sacralizar el dolor, en cuestionar las significaciones comunes ligadas al sufrimiento.   

Tampoco la potencia expresiva de la palabra debe depender de la alusión. No hay tiempo para alusiones en la posición de Noni: desconstruirse es investirse de la luz que nos queda.  Las formalidades  pretenden determinar el alcance de la palabra, cuando es al revés: es la palabra poética la que emerge o se construye súbitamente  entre los fragmentos de vida que vamos encarnando, superando o transitando.

Lo que permanece elíptico en el poema es elocuente parte integrante del mismo, pero no se busca como efecto o recurso.  

El juego de las identidades - quién es y cómo siente el que escribe y qué poesía, finalmente, se nos revela como representación final de esa sensibilidad,-  se nos muestra a través del calculado vaivén de  los textos en prosa y de los poemas.

Los textos en cursiva son esa voz en off que nos cuentan cosas, tanto subjetivas como cotidianas, sobre la autora de los poemas, y estos son la expresión formal y literaria de esa autora llamada, presuntamente, Noni Benegas.

Representar el proceso de la originalidad escritora, nos obliga a sobrevolar  estos cauces sin disfrazarnos con alguno de sus papeles o roles.     

Parece un tema ya muy tratado por la crítica, pero Noni Benegas lo vuelve a hacer interesante: qué realidad personal se construye en la localización de los discursos que la poesía termina trascendiendo,  en qué consiste la autoría a la hora de definir una hermenéutica del sujeto que escribe.

  

sábado, 10 de junio de 2023

BREVE EPÍSTOLA SOBRE SUMA DE AURAS





Amigo, José María:

Después de finalizar las lecturas atrasadas, me he puesto con tu libro, de una gran hondura, ya sea reflexiva o iluminativa. En él pueden diferenciarse dos partes: la relacionada con el sueño y la concerniente al mundo poético, tal y como reza el título. Todo ello plasmado por medio de la palabra indagadora.

En tus textos exploras la comunicación, en confluencia o divergencia, del sueño con la palabra y otros signos. Ya que, como dices, el sueño es un territorio donde se funden diversos lenguajes. En tanto que exploración viajera por un ámbito, llega a articular efectivamente un sentido, distinto del de la vigilia. En el sueño se cruzan los tiempos, los narrativos y los ficcionales, dislocándose lo anterior y lo posterior, fundiéndose los periodos, abrazando la conciencia representaciones disímiles con la lógica del que se encuentra despierto.

El sueño nos índica, o al menos nos da indicios, de que existen realidades desconocidas o inexploradas, de que tienen virtualidad tanto lo visible como lo invisible, produciéndose en el mismo una suerte de convergencia o simultaneidad, pues mientras en la vigilia construimos una narrativa como suma de componentes que han sido o esperamos que sean, en el sueño todo se diluye y lo sucesivo y lo simultáneo se confunden y fusionan; las ya clásicas diacronía y sincronía de la lingüística saussuriana se imbrican (o lo que en Electrónica se denominan lógica combinacional y lógica secuencial).

Aunque no me haya interesado especialmente las teorías freudianas, eso de poder estudiar, catalogar e interpretar analíticamente el sueño (no digamos ya las demás teorías psicoanalíticas, refutadas en tanto que acientíficas por autores como Popper o Ricoeur), sí considero el del sueño un mundo paralelo al de la creación poética, pues se nutren de una pléyade de símbolos, imágenes, revelaciones, intuiciones, como apuntas, de múltiples maneras de gestionar la metaforización del sentido.

Y es cierto que el sueño es lo que no puede vivirse, ni siquiera vicariamente; ni tampoco poseerse (en su propia calidad de inasible). Es una evanescencia, en tanto que son fugaces y desaparecen al poco; pero también recurrentes, ya sea en su inagotable frecuencia o en la repetición de temas y representaciones. Y esa repetición, esa periodicidad, ese ser tan intuidos como fantaseados, origina lo que nombras como “arborescencia onírica”.  

Más de la mitad del grueso del libro lo constituye esa ya habitual en ti sección de aforismos, sentencias, reflexiones o textos ensayísticos, agrupados en epígrafes que confieren cierta unicidad. Como suele suceder, es lugar apropiado para la iluminación, el hallazgo, el encuentro, en suma, la captura intencional o azarosa de segmentos del sentido de la realidad y sus fronteras. Y, cómo no, por esas líneas deambula la sustancia poética en su más esencial estado de “confusión lúcida”. Aunque también se infiere una cierta conciencia “solipsista”: el vacío, la nada, el deseo, la desolación, la ausencia, lo fantasmagórico, lo fragmentario, referido repetidamente al yo.

En suma, esas máximas, esos apotegmas, esos pensamientos o fogonazos iluminadores,  aprehenden lo paradójico, lo sorprendente, lo turbador, lo inverosímil en el cuenco de un sintagma tan esclarecedor como enigmático. Y la renuncia, voluntaria o forzosa, a una alternativa de trascendencia te aboca a un devenir de dudas y tentativas donde la escritura se abre paso en un piélago de posibilidades.  

Lo que no me convence demasiado: esa ocasional elaboración de textos oscuros, esos que dicen mucho para complicarlo, ese cúmulo de concepto tras concepto en el que nada se aclara y enreda la lectura. Me dirás que no todo es claridad meridiana, ya; la sugerencia, lo insinuado, lo indefinido, incluso lo informe, son elementos nutricios de la creación, ya sea poética o de otra índole, Pero a lo que me refiero es a esa retahíla tan intelectual como ilegible –e ininteligible– de la que ya se burlase Alan Sokal. Vamos, que si puedes abandonar lo barthesiano o foucaultiano, por ejemplo, mejor. Pero tampoco te pido que me hagas caso, claro.  

En fin, que enhorabuena por la publicación de tan espléndido libro. 

Un abrazo.

      Rafael González Serrano



miércoles, 7 de junio de 2023

MEMORIA SECRETA Y PULULANTE




Cuando la provocas, la memoria rezuma, llora, alude con elocuencia loca. Navegando azarosamente por la red, me he encontrado con la portada de este álbum de Bob Marley. Ha sido dar con la imagen y sumirme en recuerdos y añoranzas. En el año 79 escuchaba yo una y otra vez este disco durante nuestro veraneo en Torrevieja. No tenía, entonces, otra cosa que hacer que escuchar música, ver el mar que teníamos enfrente y soñar con chicas etéreas.

Una música tropical y sofisticada a la vez que en el recuerdo resuena como una correspondencia perfecta con el ambiente lánguido de aquel entonces y de aquellos meses de veraneo y a veces, de aburrimiento, plagados de sol. Aquellos  derroches de sensualidad en el abandono luminoso de la habitación en la que yo iba dejando poco a poco la señal de la mecedora en el suelo, renacen melancólicamente al volver a escuchar esta música. O ha pasado un tiempo infinito o el alma ya está al límite de sus posibilidades, pues entre la sorpresa y la fascinación, son las lágrimas las que se apresuran a brotar de una herida secreta.   

martes, 6 de junio de 2023

JAVIER PUIG. EN LA MIRADA




EL INTELECTO METICULOSO


Es posible que haya todavía alguien que dude de la funcionalidad o de la utilidad de la poesía, basándose en supuestos valores de referencia de la vida real que vienen a ser, a día de hoy, romos estereotipos.

Si encumbramos y elogiamos tanto el llamado progreso, apliquémoslo a todos los órdenes de la vida. Nos daremos cuenta pronto que sí, que la poesía sirve, o mejor dicho, no sirve, vehicula nuestras más preciosas confesiones y se convierte en el modo de expresión personal más suculento y secretamente eficaz.

Y si alguien merodea el ámbito de las letras puede muy bien darse cuenta de la sutil ventaja que uno lleva en sí al utilizar ese tipo de escritura tan especial que es la  poesía.

En el libro de Javier Puig se nota esta familiaridad con la palabra, no tanto por la historia de las publicaciones que haya llevado a cabo sino por su experiencia paciente y analítica como lector, tanto de literatura como de cine. Una experiencia singularmente cualitativa, pues en el caso de Puig la asiduidad lectora a través del tiempo ha potenciado la precisión y la hondura en la captación semántica, en la visión crítica del objeto artístico.

Todo poeta escribe, elementalmente, sobre lo que le ocurre. Puig también lo hace y por ello nos encontramos con refinados poemas dedicados tanto a  personajes fílmicos y literarios como a reales y  familiares.

Ya conocemos que Puig es autor de varios libros dedicados al cine y a la literatura. Se trata de obras en las que a modo de artículos o breves ensayos nos habla, por un lado, de los libros que han marcado su vida como lector apasionado, y por otro, de esas películas que por su altura han ido a constituir cierto itinerario interior.

 Es por todo ello que Puig dedica poemas a poetas, actrices o entes de ficción: Clarice Lispector, Marylin Monroe, Alejandra Pizarnik, el sacerdote de Diario de un cura rural, Claude Laydu; Dersu Uzala o Charlot…. Ante este notable elenco y actualizando culturas con respecto al último personaje que cito, uno se preguntaría si los jóvenes del nuevo milenio saben quién es Charlot. A veces las desmemorias que pululan afectan a nuestra mejor aventura: la cultura.

Podríamos observar: qué diferencia hay entre un comentario en prosa sobre una película y un poema sobre la misma materia: la diferencia radicaría no sólo en el tono sino en la, digamos, entrañabilidad, valga el neologismo, que se  experimente de la obra en cuestión. En un poema uno es más íntimo, habla directamente con la esencia del argumento, de los personajes, del film en general, de su representación.

 

La poesía ordena los sentimientos. Puig nos lo muestra con varios ejemplos que van marcando el tramo final del libro, utilizando un lenguaje preciso que direcciona densas abstracciones relativas al tema de cada poema.

Puig prefiere en la mayoría de los casos eludir la nota meramente realista, enfocar su objeto de un modo tan directo como quintaesenciado, dirigiendo su lenguaje al centro profundo de la experiencia, como es el brillante caso de Nosotros, en el que no resulta tan evidente, por dicha especiosidad del lenguaje, que el placer de un día veraniego de vacaciones se convierta en la instantánea plataforma de la felicidad; o bien, la fugacidad de la armonía, en el que se llama con melancolía a recuperar la comunicación humana y mantener viva la memoria de algunas cosas aunque hasta el momento solo hayan sido virtualidad.

En un poema como No es hoy, practica un reajuste abismático consigo mismo a través de la proyección de estadios de extrañeza.

En Los otros, Puig utiliza imágenes encomiables por lo precisas ante un motivo tan arduo como es el enfrentamiento cotidiano con ese que es nuestro prójimo y también un extraño. La vida se torna una extrañeza que hay que emprender para dilucidarla y sobrevivir.

En un poema como Epifanías el lenguaje utilizado sigue siendo muy elocuente a pesar de la oscilante brumosidad del motivo.

Ante lo que supone vivir y el pesaroso rosario de sus circunstancias, Puig es brillantemente sucinto: este bello secreto que no cansa. Vivir implica el sufrimiento pero también el reubicarnos en la pista de salida continuamente renovada desde la que saberlo hacer más o menos felizmente.

Los poemas referidos a familiares son más directos con respecto al tratamiento de la esperanza.

Destacaría los dedicados a sus nietas, en uno de los cuales leemos quizá el mejor consejo que el abuelo podría dirigirles a las hijas de sus hijas: De algún modo, sigue jugando, con la alegría de cada momento, en cada nueva estación.

Quizá eso sea el vivir con el auxilio de la poesía: el continuo renacer de una lúdica lucidez.

miércoles, 24 de mayo de 2023

LA ESCRITURA QUE SALVA. LA POESÍA DE PACO BLAS



 

Escribir no es sólo una pasión o una profesión, también podría conceptuarse como la más inteligente terapia, como la medida más eficaz para conjurar los propios fantasmas.

Y si esa escritura lo es de poesía, la elección añade belleza y harmonía a ese deseo de autorepresentarse en un texto.

Destaco este carácter específico de la escritura poética porque ante la figura de Francisco Blas, Paco Blas para los amigos, me veo en la necesidad de subrayar la idoneidad de tal elección y el papel especial que posee.

La circunstancia específica que el autor vive - una dolencia particular - halla en la expresión poética no sólo un lenitivo extraordinario  a tal circunstancia sino que rescata para nosotros su imaginario que se nos ofrece a través de poemas generalmente breves y absolutamente francos.

Todo poema viene a ser una confidencia, y, como todo autor, Paco Blas se confiesa en sus textos, pero su confesión es singularmente crucial para elevar su conocimiento de sí y distanciarse de la mortal indiferencia que supondría no reaccionar creativamente ante lo que uno sufre de modo especial. 

Observo la decisión inteligente de Paco de utilizar el lenguaje para “curar” su propia alma y pienso en amigos comunes que, ante lo irreductible de las circunstancias que tuvieron que vivir, hicieron lo mismo, elegir la poesía como medio máximo de expresión.  Me viene a la mente, por ejemplo,  el nombre de Jöel Busquets, un poeta francés que estuvo cuarenta años hemipléjico, sin salir apenas de su habitación y que creó una de las obras poéticas más singulares del siglo XX en el país vecino.

Todos estamos heridos de algo o por alguien. Escribir poesía, lo  repito, es el modo más brillante de conjurar tales males y también la forma de mostrar con contundencia una sensibilidad personal.   

 


Los tres últimos poemarios de Francisco Blas surgen de un concebir la escritura como ese método de dominar, describir y expresar la madeja de sueños, deseos y ansias que es uno en el existir. La libertad del alma, Tragicomedia y Mujer componen una tríada temáticamente distinta pero de tono y aspiraciones expresivas comunes. Es por esto que prefiero referirme a la poesía de Francisco Blas como eso mismo, como una sola, como una misma materia de invención que no esconde nada sino que vence todo pudor para exponer sobre la mesa lo que deseó, lo que desearía y lo que desea, a pesar de las limitaciones que supone considerar la realidad circundante y la realidad propia.

La cordialidad de la palabra lo permite y la intencionalidad del poeta viene a ser una, la de construir una conciencia de su historia anímica gracias a esa plasticidad maravillosa que presta la escritura poética.

Con respecto a las incidencias de esa historia interior que Paco Blas repasa en cada uno de sus poemas, en su poemario, La libertad del alma, nos hace varias confesiones: no quiero dejar de ser ese niño que fui, nos dice, sabiendo muy bien la bendición inocente en que vivíamos durante la infancia y recordándonos que es posible, a través de la memoria y el deseo puro, no perder tal tesoro. Y reincidiendo en lo dicho y como dándonos esperanzas, afirma: como eterno retorno: el cielo es del niño.

A través de la musa poética se desgranan los mejores sentimientos. Paco Blas afirma contundente, con vigorosa nobleza: Sólo sé que amar es más que un mandamiento.

En los poemas de Tragicomedia, Paco Blas repasa varias figuras, tanto reales como ficticias, - Ana Frank, Irene Villa, Serlock Holmes - y de nuevo aparece la salvífica alusión a la infancia, incluso a la adolescencia como objetivo del alma que se deshace de las miserias del presente: anclada en el pasado tengo una imagen de mí completamente feliz, allí quiero llegar desde este presente naufragado.  

Y quizá el poeta nos recuerda que esa es la íntima meta a conseguir por todos pues el presente se estanca en la desesperanza y la imaginación debe reaccionar: como herencia un descolonizado paraíso, nos dice, especificando los términos de la realidad en que se vive. 

En el trabajo poético Mujer, la actualización del alma deseante nos habla de los amores que fueron, de los posibles y de los imposibles, y además del melancólico recuerdo de lo que fue la adolescencia, nos brinda un deseo de recuperar lo que de bella locura supuso aquella época sentimental y vital en el emotivo poema Escapemos de la ciudad, que cierra el libro: pronto amanecerá y moriremos. Arde la ciudad en la noche… Creemos un hogar bohemio donde el amor es libertad volviendo a ser adolescentes.

Aunque las adversidades propias y ajenas supongan un límite al vivir y el tiempo parezca funcionar en contra, a través del canto del poeta la llama de la esperanza surge y nos interpela con precisión luminosa. En Amanece, dice: la vida te espera, puedes ofrecer mucho, eres un centinela: la muerte no existe.

La muerte no existe, nos dice, ni más ni menos, el poeta, pero es que en estos extraños tiempos de involuciones y de confusiones programadas, quizá sólo sea un poeta quien se atreva, bellamente, a decir tal cosa.

 


lunes, 22 de mayo de 2023


 

Imagen de 1914. Confirmando y sabiendo la antiguedad de la figura, esa combinación de mujer de pricipios del XX y presencia de fondosa vegetación, no es que me sugieran un ambiente determinado sino que lo representan de un modo especialmente denso. Advierto el simbolismo finisecular, el onirismo suave, un inicio de neoclasicismo. Todo estos aspectos que reflejará de modo tan fascinante el arte de la época. 





El escritor Leonidas Andreyev, se autorretrata en las aguas opacas de un río ruso. Se trata de una imagen de 1910, pero se me hace difícil imaginar el tiempo transcurrido arrojando su óxido sobre semejante imagen, tan pulida, tan formalmente bella. El detalle del color borra todavía más la inmundicia inercial del tiempo y actualiza de modo sorprendente la imagen. 





Esta foto de los años setenta me produce una fascinación difícil de explicar. Debo recurrir a la memoria, a días felices en Torrevieja en los años 77 ó 78, cuando mi familia veraneaba allí y durante los paseos de la tarde por el centro urbano me fijé en la puerta de algún comercio sobre la que caía un sol de justicia a esa hora. La foto me produce, también, cierto entusiasmo, la alegría que sentía por la gente que en tales instantes circulaba por la ciudad, jóvenes, brillantes, todos atractivos y exultantes de vida. 




Otra versión, esta vez francesa, de Ofelia flotante en las aguas pantanosas de un estanque. También resultaría difícil analizar el porqué de la brumosa fascinación de esa pintura, de este personaje, de este motivo icónico: fatalidad romántica, sádica caricia, masoquista abandono al abismo, delicadeza vulnerada...





Triste mingitorio en el centro de París, o dicho de modo más culto, Vespasiana urbanita.  Da frío, asquito y vértigo miccionar en semejante rincón semidescubierto. 

UN CONFÍN DE CIELO PARA TUS PÁRPADOS

  Esta foto de Lee Friedlander se parece al tipo de fotografía que yo he ido haciendo en mis escapadas urbanitas los sábados por la tarde.....